La Ultima Esperanza de Avocadolia - Capítulo 99
- Inicio
- Todas las novelas
- La Ultima Esperanza de Avocadolia
- Capítulo 99 - 99 El Verdadero Rostro de X
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
99: El Verdadero Rostro de X 99: El Verdadero Rostro de X “Si quieren confiar en alguien, pues bien, se lo han ganado.
Sobre todo, porque salvaron a mi amigo Chip y a Paris”, dijo ‘X’ con una mezcla de seriedad y gratitud en su voz.
“¡Oiga, señor!
No tiene por qué hacerlo”, protestaron Karpi y Ludra al unísono, tratando de detenerlo.
Sin embargo, sus palabras no lograron disuadirlo.
“Hoy voy a ver el rostro del señor ‘X’.
¡Qué emoción!” exclamó Paris con entusiasmo, compartiendo una mirada cómplice con Chip.
Ambos estaban expectantes, ansiosos por descubrir lo que durante tanto tiempo había permanecido oculto.
‘X’ tomó aire profundamente antes de quitarse los lentes con una mano y la máscara negra con la otra.
Por fin, reveló su verdadero rostro.
Este momento me parece como un deja vú”, murmuró Alita, recordando cuando Pax se quitó el casco y mostró que era Lukeandria.
Sin embargo, rápidamente sacudió la cabeza mientras observaba el rostro de ‘X’.
“Pero no…
Es diferente”, pensó en voz baja, aunque nadie más pareció notarlo.
El líder tenía la cara amarilla como la de cascara de un plátano madura.
Uno de sus ojos, el derecho, estaba completamente blanco, como si hubiera perdido la vista.
Marcas de quemaduras cubrían gran parte de su piel, dándole un aspecto desgarrador, pero también imponente.
Era evidente que cada cicatriz contaba una historia de lucha y sacrificio.
“¡Parece un…
un ser horripilante!”, pensó Paris en silencio, intercambiando una mirada con Chip, quien también parecía impactado.
Aunque ambos sentían lástima por su líder, sabían que detrás de ese rostro había una persona valiente que había dado todo por su causa.
“Y bien, ¿qué les parece?” preguntó ‘X’, rompiendo el silencio incómodo que se había apoderado de la sala.
“Pues verás…”, comenzó Alita, buscando cuidadosamente las palabras adecuadas.
Ron abrió la boca para decir algo, pero al instante sintió cómo Chiki levantaba una pata amenazadoramente, lista para golpearlo si decía alguna tontería.
Optó por cerrarla de inmediato.
El silencio dominó la sala durante un largo rato, hasta que Rodelos, con su humor característico, rompió la tensión.
Golpeando la mesa con los puños, exclamó: “¡Vaya, sí que eres un muchacho apuesto debajo de todo ese disfraz!” Todos disimularon lo que iban a decir, forzando sonrisas nerviosas.
‘X’ soltó una carcajada genuina al escuchar el comentario de Rodelos.
“¿Verdad que sí?”, respondió, mirando a todos con una sonrisa irónica mientras estos solo asentían tímidamente.
En ese momento, Kilibur, aprovechando la distracción, volvió a transformarse en una mujer zorro sin que Karpi y Ludra se dieran cuenta.
Con sigilo, se acercó a ‘X’ y colocó suavemente una mano sobre su rostro.
Una luz cálida y brillante emergió de su contacto, y poco a poco las marcas de quemaduras y el ojo blanco desaparecieron, dejando al descubierto un rostro completamente nuevo.
Todos se quedaron boquiabiertos ante la transformación.
El verdadero rostro de ‘X’ era angelical, casi irreal.
Tenía facciones perfectas, una piel suave y unos ojos azules que parecían reflejar el mar en calma.
Las mujeres de la sala apenas podían contener su admiración, mientras algunos hombres, como Ron, sentían una punzada de envidia.
“Bien, terminé”, anunció Kilibur con naturalidad, volviendo a su forma de niño zorro y regresando a su lugar.
“Muchas gracias”, dijo ‘X’, tocándose el rostro con incredulidad.
Su tono era sincero, cargado de gratitud.
“No hay de qué, pero recuerda que esto es solo una ilusión temporal.
Quizá Paltio, con el poder del Cetro, pueda curarte por completo”, explicó Kilibur antes de sentarse nuevamente.
Paris, impresionada, pensó para sí misma: “Cambio mucho…
Parece un adonis”.
Ron, por su parte, no pudo evitar sentirse inseguro.
“Está diferente…
Parece un modelo.
Este tal ‘X’ podría incluso quitarle a Alita”, pensó con envidia, aunque rápidamente trató de controlar sus emociones.
Alita notó el cambio en Ron y le dijo suavemente: “Sabes, igual ‘X’ se veía bien con la piel como la tenía antes.
Yo no juzgo”.
“Tienes razón”, respondió Ron, intentando calmarse.
Aunque seguía sintiéndose incómodo, comprendió que las apariencias no definían quién era realmente una persona.
“Está bien”, dijo Ban, mirando a Kilibur con una sonrisa ligera pero decidida.
“Bien, y ahora que solucioné eso…
¿puedes decirnos tu verdadero nombre?” preguntó Kilibur, inclinándose hacia adelante con curiosidad renovada.
“Es un secreto”, interrumpió Ludra rápidamente, cruzándose de brazos como si quisiera proteger la identidad de su líder.
“Vamos, estamos entre amigos, y dijiste que no habría secretos”, insistió Kilibur con su tono travieso pero firme.
Ban suspiró, resignado, y finalmente respondió: “Bien…
Mi verdadero nombre es Ban”.
“Así que…
¿‘Ban’?”, repitieron todos al unísono, probando el nombre en sus labios como si fuera algo nuevo y extraño.
“Sí, pero no lo digan mucho, no lo gasten”, bromeó Ban mientras se miraba en la mesa que reflejaba su rostro restaurado.
Sonrió coquetamente, disfrutando del efecto que su nueva apariencia tenía en los demás.
“También es bueno”, comentó Rodelos entre risas, rompiendo aún más el hielo con su humor característico.
Una vez que el momento extraño paso, Ban adoptó una postura más seria.
“Bien, pero debo seguir como emblema.
Así que me llamarán ‘X’ como siempre, fuera de esta sala, hasta que logremos el objetivo de vencer a las Sombras.
¿Queda claro?” Su voz era efusiva pero autoritaria, dejando claro que no había espacio para discusiones.
“Pues por mí está bien”, indicó Rodelos, asintiendo con respeto.
Los demás también asintieron, mostrando su acuerdo.
“Ahora, continuemos con lo nuestro.
¿Cómo vamos a ayudar a Paltio y liberarnos de las Sombras de una vez por todas?” preguntó Ban, retomando el tema principal.
“Como ven, tenemos un pequeño contingente de soldados y personas que fueron sacadas de sus hogares: niños, mujeres y adultos.
Esos malditos de las ‘Sombras’ no se volverán a reír de nosotros.
Acabaremos con todas sus hordas de una vez por todas”.
“Oigan, quizá podamos pedir ayuda a muchas otras personas que estarán gustosas de atender el llamado”, interrumpió Alita, levantando la mano como si acabara de tener una idea brillante.
“¿Quiénes?” preguntó Ban, interesado.
“¡Sí!
¿Quiénes?” añadió Ron, inclinándose hacia adelante con curiosidad.
“Bien, podríamos pedirle ayuda a Romeo y su equipo, al igual que a Galatea y su gente.
Y también al profesor, ¿recuerdan las caracolas que nos dieron?
Podríamos usarlas para contactarlo”, explicó Alita con entusiasmo.
“¡Excelente!
Pues convóquenlos aquí”, ordenó Ban con decisión.
“Oye, Alita, pero ¿cómo contactamos con el profesor?
Recuerda que la radio estaba en el carruaje”, señaló Ron, rascándose la cabeza con preocupación.
“No hay problema.
Creé una caracola réplica para contactarnos con él”, respondió Alita, orgullosa de su ingenio.
“¡Eso es genial!”, exclamó Ron, aunque rápidamente su expresión cambió a una mueca divertida.
“Lo malo es que no hiciste lo mismo con el carruaje para contactarnos con Paltio”.
“¡Ups!
Se me pasó eso”, admitió Alita, rascándose la nuca con timidez mientras todos reían ligeramente.
“Bien, entonces que todos estén listos.
Con la ayuda de estas personas, quizá tengamos una oportunidad para vencer de una vez por todas a las Sombras.
Y, como nos dijeron, el Alba Marina está próxima a ocurrir, y ese será el momento de nuestro ataque”, declaró Ban con determinación.
“¡Bien!”, respondieron todos al unísono, poniéndose de pie y preparándose para la acción.
Antes de salir, Kilibur se acercó a Ban y, levantando una ceja con seriedad, le dijo: “Pero no te olvides que yo no soy un objeto”.
“Claro, como diga, señorita zorra…
Digo, Kilibur”, respondió Ban con una sonrisa irónica, provocando una pequeña risa entre los presentes.
Kilibur rodó los ojos, aunque no pudo evitar sonreír ligeramente antes de unirse al grupo.
“Pero…
¿podrás echarnos una mano?
Con tu ayuda, quizá podamos hacer algo en la guerra por venir”, preguntó ‘X’, mirando a Kilibur con seriedad, pero también con un tono esperanzador.
Kilibur se tomó unos segundos para pensarlo, su rostro reflejando duda y determinación al mismo tiempo.
Finalmente, respondió con firmeza: “Bien…
Lo haré”.
Y, como si quisiera dejar clara su decisión, volvió a transformarse en la mujer zorra, dejando a todos impresionados una vez más.
‘X’, aunque trató de disimularlo, sintió un leve sonrojo en su interior.
Afortunadamente, su máscara y lentes ocultaban cualquier rastro visible de esa reacción inesperada.
“Bien, entonces está decidido.
Todos, manos a la obra.
No hay tiempo que perder.
Recuerden que ya sabemos cuándo debemos atacar”, declaró ‘X’ con voz firme y autoritaria antes de salir de la sala, seguido por el grupo.
Alita se puso rápidamente en contacto con las personas a quienes habían ayudado anteriormente.
Romeo, Galatea y el profesor respondieron al llamado sin vacilar, demostrando su compromiso con la causa.
Una vez que los arreglos estuvieron listos, Alita y Ron decidieron regresar a sus respectivos planos de entrenamiento junto con sus maestros.
Sabían que no podían permitirse descansar mientras Paltio estaba allá afuera enfrentándose a las Sombras.
“No podemos dejar que Paltio se lleve toda la gloria”, comentó Ron con una sonrisa competitiva mientras ajustaba su armadura.
“Además, el plazo del Alba Marina está cerca.
Tenemos que estar preparados para cuando llegue el momento”, añadió Alita, su voz cargada de determinación mientras lanzaba pequeñas bolas de fuego al aire para practicar su control sobre el elemento.
Ambos sabían que el tiempo corría en su contra, pero también entendían que cada segundo contaba.
El entrenamiento no solo era físico, sino mental y emocional.
Necesitaban estar en su mejor versión para enfrentar lo que venía.
El Alba Marina estaba próxima, y con esta, el destino de todos pendía de un hilo.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com