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La Venganza de la Ex-Esposa: El Surgimiento de la Verdadera Heredera - Capítulo 213

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Capítulo 213: Murió

—¿Qué estás haciendo? —le preguntó Elara a Carla, con expresión neutra.

—Estoy disculpándome. Por favor, perdóname por mis pecados pasados. Sé que probablemente me odias con todas tus fuerzas, pero… —A Carla le temblaron los labios al quedarse sin palabras.

Era curioso cómo tenía tantas cosas que decir cuando solía insultar a la gente y menospreciarla, pero cuando se trataba de disculparse, se quedaba sin palabras.

Todo lo que podía hacer era llorar, juntar las manos e inclinarse en señal de disculpa, y eso fue suficiente para que todos supieran que estaba desesperada.

La gente a su alrededor susurraba en voz baja.

«No puedo creer que sea la misma Carla».

«Sí, solía ser tan orgullosa».

«Esto es lo que cosechas cuando dejas que el dinero se te suba a la cabeza. Mira a dónde la ha llevado».

«Oí que vendieron todos sus bienes y que ha recurrido a cantar en clubes por cuatro duros».

Los susurros comenzaron a hacerse más fuertes.

—Elara, ¿por qué pierdes el tiempo con ella? No quiero que arruines tu gran celebración con recuerdos abrumadores del pasado trayendo a esta escoria aquí —oyó Elara decir a su amiga Candice desde el otro lado.

¿Pero su madre? No dejaba de mirar a su hija, reconociendo demasiado bien la expresión de sus ojos.

Elara no estaba actuando con frialdad. Se estaba imaginando a sí misma en la misma situación.

Recordaba todas las veces que su suegra la había hecho arrodillarse ante Carla porque necesitaba disculparse por ocupar demasiado espacio, por no esforzarse lo suficiente o por no haber preparado algo.

Y a pesar de eso, Elara sentía compasión por la chica de la familia que se había destruido con sus propias manos.

—¿Cómo puedo creerte? —preguntó Elara después de un rato.

—¿Mmm? —preguntó Carla, levantando la vista con los ojos llorosos.

—¿Cómo puedo creer que no estropearás mi evento y montarás una escena? —preguntó Elara.

Carla negó enérgicamente con la cabeza antes de levantarse y tomar la mano de Elara.

—Por favor, créeme, Elara. Sé que he sido una zorra en el pasado, pero confía en mí en esto, por favor. Cantaré con el corazón. Si quieres, cantaré toda la noche sin descanso. Puede que necesites más artistas, ¿verdad? Sabes que también sé bailar. Cantaré y bailaré toda la noche como lo hacía en aquellos conciertos. Sabes que puede que no cante muy bien, pero sé cómo animar al público —empezó Carla a parlotear sobre todo lo que podía hacer por ella.

¿Y Elara? Siguió mirando a la chica que una vez había mantenido la cabeza alta y orgullosa, declarando que nunca se disculparía con ella.

Vio cómo esta chica había cambiado después del incidente y lo que le había pasado a su familia y, a pesar de albergar un profundo odio por ellos, la humanidad que había en su interior ya no podía ser tan dura con ella.

—Tendrás la misma oportunidad que los demás —dijo Elara antes de marcharse.

Carla se quedó allí, paralizada en el sitio.

Estaba en shock. No porque Elara dijera que tendría que competir por el puesto, sino porque Elara le había permitido competir en primer lugar.

Cualquiera en su lugar la habría echado, tal y como dijo Candice, pero ella le dio una oportunidad, y eso lo significaba todo.

La chica se derrumbó, cubriéndose la cara con las manos, mientras lloraba y susurraba «perdón» repetidamente.

Elara, que había abandonado la zona y subido al primer piso, donde se celebrarían las audiciones, miró a la chica que lloraba desde la ventana, con el corazón apesadumbrado por emociones complejas.

¿Por qué su corazón era tan blando? Suspiró ante su propia estupidez antes de negar con la cabeza.

Daniel quería organizar una pequeña fiesta para celebrar su colaboración, pero su madre quería que fuera una grande, ya que mantenían su matrimonio en secreto.

Y así, decidieron invitar a muchas familias importantes y celebridades de todo el país. Después de todo, ella no era solo una actriz debutante o una cantante de mala fama. Era la Heredera de los Frost.

Las audiciones comenzaron poco después, y a Elara le gustó la actuación de un par de artistas que le aseguraban un buen coro.

No pasó mucho tiempo antes de que llegara el turno de Carla, y todos se sentaron erguidos, listos para criticarla; todos menos Elara, que simplemente permaneció relajada.

—Yo… ¿puedo cantar leyendo la letra? No estaba muy preparada para la audición, pero te aseguro que… —antes de que Carla pudiera explicarse, Elara le hizo una señal para que continuara, y la chica asintió agradecida.

Agarró el micrófono con manos temblorosas antes de respirar hondo.

Si conseguía este contrato, ganaría veinte veces más de lo que obtendría en un club normal, además de las propinas. Necesitaba ese dinero para ayudar a su familia.

Carla asintió para sí misma antes de respirar hondo y empezar a cantar.

Las cosas se desmoronan, y los tiempos te rompen el alma.

La vida tiene una forma peculiar de hundirte y mostrarte cuál es tu lugar.

Quiero llorar en tus hombros.

Dime que me amas; dime que puedes abrazarme

Que puedo soportarlo. Sé que lo harás.

Pero veo mi reflejo en el espejo, y sé que no puedo ser salvada, no de los demonios bajo mi cama.

Susurran naderías en mi cabeza. Trayendo la cruda realidad.

Ellos…

Carla cantó, y Elara no mentiría, pero nunca la había oído cantar tan maravillosamente, a pesar de haber sido una ídolo famosa durante tres largos años.

Candice, que quería criticar a la chica, frunció el ceño.

—Es buena. ¿Por qué sintió la necesidad de robar tus canciones? Digo, las tuyas están a otro nivel, pero podría haber sobrevivido por sí misma —dijo Candice.

Elara siguió mirando a la chica antes de suspirar.

—Porque a pesar de su orgullo, en realidad nunca creyó en sí misma —dijo ella.

Mientras Carla seguía cantando, su voz vaciló de repente y sus dedos temblaron.

—Eh, solo podía fingir ser una buena cantante por un rato. No me extraña que necesitara tu ayuda —comentó Candice, pero Elara solo miró a los ojos de Carla.

Algo andaba mal. No temblaba de miedo o nerviosismo, sino…

El micrófono se cayó de las manos de Carla, haciendo un fuerte ruido mientras ella miraba la notificación emergente de la aplicación de mensajería, y el color desaparecía de su rostro.

Levantó la vista hacia Elara mientras una lágrima rodaba por su mejilla.

—Yo… Mi abuelo ha fallecido —dijo Carla, y Elara, que había estado sentada relajadamente, se quedó helada en su sitio.

¿Qué dijo? ¿Quién había fallecido? Sus pupilas se dilataron y se puso de pie.

Al mismo tiempo, dentro de la sala de interrogatorios, los dos policías que habían estado estudiando de cerca el caso de Beatriz y tenían lista toda la información, miraron a la chica.

—No puedo creer que esta cara bonita esconda a un monstruo tan manipulador —dijo una de las mujeres policía, y Beatriz solo levantó la vista, con una suave sonrisa en los labios.

—Dicen que en el amor y en la guerra todo se vale —comentó ella.

—¡Tú! —La mujer quiso golpearla en la cabeza, pero se contuvo.

—No hay nada de qué hablar. Podemos presentar esto al tribunal y conseguir que la castiguen —dijo el oficial varón al entrar en la sala.

Beatriz frunció el ceño.

—Puede que no tenga muchos conocimientos sobre leyes y procedimientos legales, pero estoy segura de que no pueden hacerlo sin obtener mi confesión. No estoy de acuerdo con ninguna declaración. Me están incriminando. Necesito un abogado que defienda mi caso —dijo Beatriz.

El oficial varón miró a Beatriz con una sonrisa.

—No esperaba menos de una mente astuta como la tuya. Sabíamos que se te ocurriría algo así, pero esta es la verdad… —el oficial hizo una pausa.

—Nadie está dispuesto a tomar tu caso. Tu tío te echó la culpa de todos y cada uno de los crímenes que ocurrieron bajo tu nombre de soltera. ¿Quieres ver lo que hay en las noticias? —preguntó el oficial antes de sacar su teléfono y mostrarle los artículos que contenían todo su sucio pasado y sus chanchullos.

Los artículos sobre con cuántos hombres se acostó, cómo usaba su seducción para conseguir lo que quería y cómo acosaba a sus compañeros de trabajo se difundieron por internet. Ya se había demostrado que era la asesina en el caso de Sean. El asesinato de su padre también se le atribuyó a ella, ya que tenía el mejor motivo.

Incluso circulaban muchos artículos sobre su madre, y la gente decía que lo de acostarse con maridos ajenos lo llevaban en la sangre. La gente la maldecía por haberse casado con Andrew. También corrían, a la par, muchos videos de gente lanzando huevos a sus carteles.

Beatriz miró las noticias y los videos en estado de shock. Su cabeza se convirtió en un caos.

Su tío dijo que se encargaría de todo si algo salía mal. ¿Dónde estaba ahora?

—¿Y mi tío? —preguntó Beatriz.

—Está libre de todos los cargos. Todos los negocios ilegales estaban a tu nombre. Dijo que no tenía ni idea de lo que hacías —dijo el oficial.

Beatriz se quedó sentada procesando la noticia, con la cabeza zumbándole con toda la información.

¿Estaba todo sobre ella? ¿Por qué? ¿Cómo pudo hacerle esto? ¿No se suponía que debía protegerla? ¿A la hija de su hermana? Los labios de Beatriz temblaron.

—¿En qué lugar me deja eso? —preguntó con voz temblorosa.

—En la cárcel. Probablemente por el resto de tu vida —dijo la mujer policía, y Beatriz negó con la cabeza.

—No. No. No quiero estar en la cárcel para siempre. Tiene que haber una forma de que demuestre mi inocencia —finalmente Beatriz empezó a entrar en pánico, y los oficiales se rieron y negaron con la cabeza.

—¿Inocencia? Creo que necesitaremos consultar a un psiquiatra para este caso —conversaron los dos mientras salían de la sala, dejando a Beatriz con sus propias y complicadas emociones.

Elara corrió al hospital para ver a William por última vez antes de que se llevaran su cuerpo para la ceremonia fúnebre, con el corazón latiéndole deprisa, llena de culpa, ya que una parte de ella pensaba que todo era por su culpa.

¿Y acaso no lo era?

El anciano, a pesar de ser astuto y egoísta cuando la vinculó a su nieto porque quería proteger a su familia de una zorra como Beatriz, fue el único que alguna vez se preocupó de verdad por ella y la trató bien.

No le importaba lo que él solía pensar; en lo único que podía pensar era en la forma en que la trataba, como a su propia nieta.

Había veces en las que pasaban horas jugando al parchís y al ajedrez en su salón de té, compartiendo nada más que banalidades.

Por muy ocupado que estuviera, siempre sacaba tiempo para ella, nunca la olvidaba en las ocasiones importantes y siempre le traía pequeños regalos de sus viajes lejanos.

La idea de que un alma tan buena y de corazón cálido hubiera dejado esta Tierra por culpa de su venganza hizo que le doliera el corazón y se le oprimiera el pecho con dolor.

Cuando llegó al hospital, estaban sacando su cuerpo de la UCI tras haber sido declarado muerto. Las lágrimas asomaron a sus ojos antes de rodar por sus mejillas.

Vio a Carla arrodillada a los pies de su abuelo, pidiéndole que se despertara y se encargara de todo como solía hacer. Sophia estaba allí de pie como un cadáver, y el hombre que amaba a este anciano más que a su propio padre no aparecía por ninguna parte.

Elara se escondió detrás del pilar, pues no quería que la familia la viera. No creía que pudiera soportar oír nada con la culpa que sentía.

—Estás aquí —oyó una voz suave y triste a sus espaldas y se giró para mirar a Jason, que de repente parecía haber envejecido diez años desde la última vez que lo vio.

Le había crecido la barba, tenía profundas ojeras y su tez estaba más pálida que antes, como si tampoco hubiera estado comiendo bien.

Apretó los puños a los costados. Por fin estaba asimilando las consecuencias de sus actos.

En el proceso de vengar lo que había sufrido, no solo había herido a la familia, sino también a toda la gente buena que los rodeaba.

—Yo… —Elara abrió la boca para justificar su presencia, pero el hombre que tenía delante negó con la cabeza.

—No te culpes por ello —dijo Jason.

—¿Mmm? —preguntó Elara, confundida.

Jason sonrió con tristeza.

—Las lágrimas en tus ojos no son solo por la muerte del señor Williams. Crees que tienes la culpa de su muerte, pero no es verdad. Su salud se había estado deteriorando desde que se enteró de que el señor Andrew se acostó con Beatriz. Recientemente sufrió un infarto masivo cuando descubrió que Beatriz era la hija ilegítima del señor Heather y que su nieto se había casado con su propia hermana —explicó Jason.

Elara bajó la mirada hacia sus pies.

La sabiduría en los ojos de Jason le dijo que él prácticamente sabía que era ella quien estaba detrás de todo, y no supo qué decir.

—Gracias por venir. Sin embargo, nuestro jefe no está en condiciones de ver a nadie —susurró Jason antes de darse la vuelta y marcharse.

Elara miró la espalda encorvada del hombre que se iba y frunció los labios.

Su mirada se desvió entonces hacia el cuerpo de Williams por última vez antes de marcharse.

Hizo una llamada y le pidió a su hermano que cerrara el trato para que Carla hiciera la actuación de canto. No estaba siendo indulgente; simplemente quería considerarlo un acto de caridad.

Sabía que quedarse en el hospital solo traería especulaciones si alguien de los medios la veía, y eso solo heriría aún más a la familia.

Por mucho que quisiera vengarse, tampoco era tan inhumana como para interrumpir su tiempo de duelo.

Así, tras unos segundos más, se dio la vuelta y abandonó el hospital con el corazón encogido.

~~~~

Se celebró un pequeño funeral por Williams.

Después de que se extendieran las noticias del colapso de su negocio y de sus ruines acciones hacia Elara, la gente ya se había distanciado de la familia.

Solo unos pocos con conciencia y que se compadecían de ellos acudieron al funeral.

Trevor era uno de ellos.

Se acercó al lugar donde estaba la foto de Williams antes de inclinarse ante ella en señal de respeto.

Luego se irguió y se volvió hacia Andrew, que estaba sentado allí como un cadáver. Sus ojos no tenían luz, solo un dolor infinito y un extraño vacío.

—Andrew —lo llamó Trevor, y el hombre finalmente levantó la vista.

Como es costumbre, le devolvió la inclinación a Trevor para agradecerle por haber venido al funeral de su abuelo antes de volver a su posición original.

Su estado le rompió el corazón a Trevor, que suspiró.

—Ven conmigo. —Agarró la mano de Andrew y tiró de él para sacarlo de la sala a tomar un poco de aire fresco, donde pudiera liberar sus emociones, porque reprimirlas lo estaba destruyendo claramente por dentro.

Andrew no se resistió. Dejó que su amigo, el único que le quedaba hasta ahora, lo arrastrara por el pasillo, moviéndose como una marioneta sin propósito en la vida.

Carla y Sophia se sentaron fuera de la sala del funeral, atendiendo e inclinándose ante los invitados que venían a ofrecer sus condolencias.

Algunos sentían auténtica lástima, otros eran neutrales, mientras que algunos solo estaban allí para fingir.

La realidad de que nadie está a tu lado cuando tocas fondo les dio de bruces cuando ninguno de sus amigos del círculo social en el que solían pasar tanto tiempo apareció en el funeral.

No era como si le estuvieran pidiendo dinero a nadie. Debería haber sido una cuestión de decencia básica presentarse, ¿verdad? Pero nadie lo hizo, y se dieron cuenta de la vida tan falsa que habían estado viviendo hasta ahora.

«Zorras hipócritas. Todas lo eran. Siempre fingieron ser mis amigas, aprovechándose de los beneficios de estar en mi círculo y disfrutando del lujo, pero ahora que ha llegado el momento de demostrar su amistad, ninguna ha aparecido», pensó Carla con desdén sobre aquellas chicas que solían revolotear a su alrededor como abejas.

Sophia no dijo nada. No hizo ningún comentario, tal y como había estado haciendo durante los últimos días después de enterarse de la verdad.

¿Qué había que comentar? Su orgullo estaba destrozado, su pequeña familia destruida, y probablemente ella había tenido algo que ver.

—Gracias por venir… —empezó a decir Carla mientras se inclinaba, deteniéndose al ver de quién se trataba.

Elara estaba de pie ante ellas, vestida de luto, con dos pinzas blancas sujetándole su voluptuoso cabello y sin maquillaje en su rostro naturalmente bello.

Asintió y se inclinó ante ellas.

Sophia estaba sorprendida. Nunca esperó que la chica a la que acosaban y despreciaban viniera cuando nadie más lo había hecho.

Por un segundo, se preguntó si esta chica estaba aquí para burlarse de ellos. Después de todo, estaban en su peor momento.

Sin embargo, cuando vio una tristeza genuina en sus ojos, todos esos pensamientos se disiparon en un segundo.

Elara no se detuvo junto a ellas. Entró en la sala y miró la foto del anciano.

—Siento cómo han salido las cosas —susurró Elara antes de arrodillarse e inclinarse ante la foto del hombre, deseándole una vida pacífica en el más allá en sus oraciones.

—Elara —la interrumpió la voz de Sophia, y ella se puso de pie antes de inclinarse por última vez.

Luego se giró para encarar a la mujer que había convertido su vida de casada en un infierno.

—No estoy aquí para discutir sobre algo o…

—No. No. No me malinterpretes. No estoy aquí para criticarte. Es solo que… Gracias por venir. Mi suegro te apreciaba mucho. Su alma debe de haberse alegrado al verte aquí —dijo Sophia.

Elara asintió y luego, sin decir una palabra, se marchó.

Sophia se quedó en su sitio antes de darse cuenta de que no había podido disculparse con ella.

Sophia corrió hacia la salida, solo para ver a Elara subiendo a un coche de lujo de edición limitada, y no pudo evitar detenerse.

No tenía ningún derecho. No tiene derecho a interferir o interactuar con una chica a la que nunca trataron bien. Quizá lo que les estaba pasando era, en efecto, el karma. Solían burlarse de ella por ser pobre; ahora mira dónde están ellos.

Andrew, que vio a Elara subir al coche y marcharse desde el segundo piso, miró la escena con los ojos muy abiertos.

—¡Elara! —gritó Andrew con todas sus fuerzas. Intentó alcanzarla, corriendo en esa dirección. Sin embargo, el coche ya había acelerado para cuando llegó fuera.

—¡Elara! —gritó Andrew con pura agonía.

Sophia observó a su hijo gritar el nombre de la mujer, y su corazón se rompió aún más. Si no hubiera intervenido y le hubiera puesto las cosas tan difíciles a la chica, quizá todavía estaría casada con su hijo. Andrew no se habría casado con su propia hermanastra. Había tantos «y si»…

Sophia se preguntó, con el corazón derrotado.

—¿Has presentado tus condolencias? —preguntó Daniel al cabo de un rato, mientras miraba a la chica, que estaba terriblemente callada en el coche.

Elara se volvió hacia él y asintió con una sonrisa.

—Es solo que… ver la foto y el funeral me ha hecho darme cuenta de que la vida es muy impredecible y corta. Y la destruimos con nuestras propias manos haciendo cosas que ni siquiera son importantes —dijo Elara.

Daniel emitió un murmullo antes de atraerla a su regazo.

—Siempre podemos hacer cosas que son importantes —le susurró al oído antes de subir el separador del coche para tener algo de privacidad con su futura esposa.

—¿De verdad? —preguntó Elara con una sonrisa, intentando aligerar su ánimo apesadumbrado.

—De verdad —dijo Daniel antes de besarle las mejillas y dejar que apoyara la cabeza en su pecho para relajarse.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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