La venganza de la exesposa multimillonaria - Capítulo 41
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- Capítulo 41 - 41 Capítulo 41 Ella era la columna vertebral desde el principio
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41: Capítulo 41: Ella era la columna vertebral desde el principio 41: Capítulo 41: Ella era la columna vertebral desde el principio A primera hora de la mañana siguiente, Kieran entró por las puertas principales de la Corporación Ellsworth.
La gente corría de un lado para otro, ocupada en sus asuntos; ni un alma le dedicó una mirada.
Carraspeó un par de veces, con la esperanza de que alguien se diera cuenta.
Pero nada.
¿En serio todo el mundo está tan saturado?
Desconcertado, salió del ascensor, justo a tiempo para ver a una mujer con blusa y pantalones de vestir que venía hacia él.
Ella le dedicó una sonrisa educada.
—Señor Ellsworth, ya está aquí.
Kieran asintió con la cabeza, examinando su atuendo.
—¿No se supone que la empresa tiene uniforme?
—La señorita Caldwell dijo que los empleados pueden elegir entre falda o pantalón.
Todo el mundo tiene las mismas opciones.
—Mmm —aprobó vagamente—.
¿Y usted es?
—Soy Wendy, la secretaria de la señorita Caldwell.
Ya he…
—
—Bien, puede quedarse conmigo por ahora.
A Wendy la interrumpió a media frase, pero ella asintió y lo siguió a la oficina.
Al entrar en el familiar despacho, Kieran se encontró con una montaña de expedientes sobre el escritorio.
—Son de la junta directiva —explicó Wendy—.
Quieren que termine de leerlos en cinco días.
Cubre los últimos dos años.
Él frunció el ceño.
—Astrid ya no está.
Ahora mismo nuestra máxima prioridad es incorporar al Grupo Bennett.
Ve a preparar los expedientes; iré a verlos en persona.
—Ese proyecto no se beneficiará de la participación de Bennett.
La junta ya votó a favor del Grupo Dean.
—Bennett es una pieza clave.
¿Cómo no iba a ayudarnos que se unieran?
Wendy hizo una pausa.
—Señor…, cuando lea esos documentos, lo entenderá.
Él bufó.
—¿Y se supone que debo asimilar todo eso en cinco días?
¿Qué soy, una máquina?
Ella le dedicó una sonrisa ensayada.
—La señorita Caldwell podía terminar el doble en dos días.
—¿Ahora me está comparando con ella?
—Disculpe, señor.
Es que…
la señorita Caldwell era extraordinaria.
Resolvió crisis internas mientras todavía estaba aprendiendo cómo funcionaba la empresa.
Sinceramente, no es el tipo de cosa que la mayoría de la gente podría ni siquiera intentar, y mucho menos conseguir.
¡Pum!
—¡Fuera de aquí!
—Sí, señor.
Wendy se dio la vuelta y se fue sin dudar.
Menos mal que ya había presentado su renuncia.
Una vez terminado el traspaso, se marcharía para siempre.
Con la puerta cerrada, Kieran se sentó y agarró un expediente, con el rostro sombrío.
Diez minutos después, se frotaba las sienes y encendía su ordenador para repasar viejos apuntes de la carrera, empezando de nuevo por los términos más básicos.
Pasó una hora.
Se levantó con un grueso fajo de papeles en la mano y se acercó a la ventana.
A estas alturas, todas aquellas cifras eran un revoltijo en su cabeza.
Por fin llegó la hora de salir.
Libertad, al fin.
Se levantó, recogió sus cosas y se dirigió a la puerta.
Wendy ya lo estaba esperando.
—¿Señor Ellsworth, se dirige a la cafetería?
—No.
Es el final de la jornada, me voy a casa.
—Pero la junta le dio un horario.
Si se ciñe a él, podrá salir a su hora.
Lo había visto sobre su escritorio.
—Si todos ustedes quieren matarse a trabajar, es su problema.
Ahora, apártese.
Wendy retrocedió un paso.
—Que lo sepa, la señorita Caldwell tenía más del doble de su carga de trabajo en aquel entonces.
Y aun así lo sacaba adelante.
En aquel entonces, a Astrid la arrojaron a los leones, sin conocimientos previos, y le endosaron todos los trabajos difíciles habidos y por haber.
Prácticamente vivía en la oficina, dormía unas cinco horas por noche, y aun así lo bordaba.
Todo el mundo estaba maravillado.
Incluida Wendy.
Kieran soltó una risita despectiva.
—¿Cuánto le pagó Astrid para que le haga la pelota de esa manera?
—No he hablado con la señorita Caldwell desde que se fue.
—Cobra de los Ellsworth, pero su corazón está con los Caldwells —se rio con frialdad—.
¿Cree que ella sabe lo leal que es usted?
La sonrisa de Wendy por fin flaqueó.
—Presenté mi dimisión hace más de un mes.
La junta me pidió que me quedara un poco más para el traspaso.
—Bueno, si el traspaso ha terminado, no necesita quedarse.
Ya puede irse.
—Los zapatos de cuero de Kieran repiquetearon con fuerza contra el suelo de mármol; cada paso era como una bofetada en la cara.
A Wendy no hubo que decírselo dos veces.
Se dirigió de inmediato a la junta directiva para informar, ignorando por completo sus intentos de detenerla.
Recogió sus cosas y se marchó sin mirar atrás.
El teléfono de Gannon volvió a sonar: otra llamada de la junta directiva.
—Ni siquiera se molesta en entender los proyectos en curso y, aun así, dice tan campante que el Grupo Bennett puede sustituir los acuerdos de los Caldwell —dijo una voz, furiosa.
—Ya ha cancelado varias colaboraciones.
Todos los demás están haciendo horas extras para arreglar las cosas, mientras que él ficha su salida a las cinco en punto, sin que le importe lo más mínimo.
El Presidente Lee estaba tan furioso que golpeó la mesa repetidamente, con la cara roja como un tomate.
—Pagamos una fortuna para traer a Wendy del extranjero para que ayudara a Astrid.
Cuando Kieran se divorció de ella y la obligó a marcharse, no dijimos nada.
Incluso cuando Wendy quiso dimitir, la convencimos para que se quedara un mes más para ayudar a formarlo.
¿Y ahora?
¡Le ha dicho que se largue!
—Si no fuera su nieto, de ninguna manera seguiría siendo candidato para heredar la empresa.
Gannon era orgulloso y nunca toleraba que otros menospreciaran el apellido Ellsworth.
Pero esta vez, no tuvo réplica.
Se limitó a tragarse su rabia.
—Mañana iré yo mismo a la empresa.
Lo supervisaré personalmente.
Si no puede cumplir con los estándares de la junta, dejaré de presionarlos para que sea el sucesor.
Lee, al oír eso, se calmó un poco.
Incluso intentó limar asperezas ofreciendo algunos cumplidos poco entusiastas a Kieran antes de terminar la llamada.
Durante una semana entera, Kieran se quemó las pestañas bajo la atenta mirada de su abuelo, devorando todos los documentos que la junta había recopilado para él.
La falta de sueño le pasó factura.
Parecía que había envejecido diez años de la noche a la mañana: rostro demacrado, ojos hundidos.
—Abuelo —dijo con amargura—, a Astrid no la presionabas así.
¿Por qué eres tan duro conmigo?
El rostro de Gannon se endureció.
—Porque ella tenía el cerebro y las agallas.
¿Crees que acepté ese matrimonio por sentimentalismo?
Esa chica tenía potencial.
Desde el momento en que tomó el mando, arregló el desastre de la empresa y aseguró alianzas clave…
la junta no tardó en respaldarla por completo.
Si no hubieras estado tan obsesionado con esa chica Bennett, yo no tendría que estar aquí limpiando tu desastre.
Kieran se quedó helado, frunciendo el ceño.
—Espera, ¿Astrid de verdad sacó a la empresa de apuros?
Pensé que la junta solo la toleraba porque era tu nieta política.
—¿De verdad crees que a esos viejos estirados les importan los títulos?
—bufó Gannon—.
Ni siquiera te ven a ti como el heredero legítimo.
Ni locos respetarían a alguien solo porque se casó contigo.
El talento de Astrid era innegable, incluso Gannon tenía que admitirlo, aunque siempre había recelado de su naturaleza orgullosa y testaruda.
No podía soportar que su marido tuviera otra mujer y eso, a sus ojos, la convertía en alguien imperfecto.
Sin decir más, Gannon arrojó un pesado libro sobre el escritorio, delante de Kieran.
—Este era de Astrid.
Kieran lo abrió bruscamente y parpadeó.
—¿Está todo en el idioma de Evania?
Efectivamente, el libro estaba lleno de anotaciones, todas con una caligrafía fluida.
En la lengua materna de Evania.
Recordaba la caligrafía de su certificado de matrimonio: desordenada, pero reconocible.
—Abuelo, yo pensaba que Astrid no había terminado sus estudios.
Gannon lo miró como si le estuviera hablando a una pared de ladrillos.
—¿De verdad crees que alguien sin estudios podría leer este tipo de galimatías técnico?
¿Y dirigir una empresa?
—Esa chica es cosa seria.
Astrid siempre había sido difícil de manejar, razón por la cual Gannon le había hecho firmar un acuerdo prenupcial.
Ahora que las cosas se habían torcido entre ellos, presionar a Kieran podría ser lo único bueno que saliera de todo aquello.
—Si ella pudo hacerlo, tú también puedes.
Y no te atrevas a volver a avergonzarme delante de la junta.
Cuando Gannon se fue, Kieran fue directo al antiguo despacho de Astrid.
Dentro, encontró otro libro, también de Evania, cubierto de anotaciones suyas.
¿De verdad era capaz de leer eso?
La revelación lo golpeó con fuerza.
Astrid era mucho más capaz de lo que él jamás le había reconocido.
*****
Después de que varios miembros clave del personal dimitieran, Gannon convocó rápidamente una junta de accionistas.
—Astrid todavía posee acciones de la empresa —declaró—.
Notifíquenle que debe asistir.
Astrid recibió la llamada y, poco después, un mensaje del subdirector general:
[Presidenta Caldwell, desde que se fue, un montón de empleados siguieron su ejemplo.
El Presidente Ellsworth sospecha que usted está detrás de todo.
Ha convocado una reunión de emergencia y quiere que asista.
Solo es un aviso, tenga cuidado.]
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