La Venganza del Soberano Supremo Renacido - Capítulo 371
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Capítulo 371: Capítulo 361: ¡El descarado Ejército Alianza de las Cinco Naciones! (3)
Li Qiuze y sus amigos se dieron cuenta de que estaban completamente de más.
Solo Qin Fan era suficiente para hacer que los cinco jugadores del equipo contrario dudaran hasta de su propia existencia.
Y en cuanto a ellos, ¿cómo decirlo? Cada punto que anotaban parecía una limosna.
Solo estaban perdiendo el tiempo. Al fin y al cabo, Qin Fan podía encestar con un simple lanzamiento, acertando siempre. En el momento en que tiraba, el triple estaba asegurado.
Al presenciar las habilidades casi divinas de Qin Fan para el baloncesto, Li Qiuze y sus amigos sintieron, con toda sinceridad, que se les subían los colores a la cara por la vergüenza.
¡Maldita sea! ¡Somos un auténtico lastre!
—Bien. Dejad que les enseñe cómo se juega de verdad al baloncesto —declaró Qin Fan, riendo mientras botaba el balón.
—¡Trato hecho! Ve y reviéntalos. Nosotros iremos a por agua. Un uno contra cinco no será un problema para ti, ¿o sí? —replicó Li Qiuze con una sonora carcajada.
Tras el gruñido de aprobación de Qin Fan, Li Qiuze y los demás salieron de la cancha con la cabeza bien alta y el pecho erguido, sin el más mínimo jadeo.
¡PIIII!
Justo entonces, sonó el silbato del árbitro.
—¡Esperen, no! ¿C-cómo se supone que funcione esto? No me importa que te enfrentes a cinco, pero ¿quién va a hacer el saque? ¡¿Yo?! ¡Así no se juega! —exclamó el árbitro del consejo estudiantil, al borde de las lágrimas.
Ser árbitro nunca le había parecido tan ingrato. Ante las habilidades inhumanas y monstruosas de Qin Fan, se sentía completamente invisible. Si Li Qiuze y los demás no hubieran abandonado la cancha, ni siquiera habría tenido ocasión de pitar.
—No pasa nada. Ya lo has visto. Desde que he pisado la cancha, ¿acaso nuestro bando ha necesitado hacer un saque alguna vez? —replicó Qin Fan con una sonrisa arrogante.
El árbitro se quedó sin palabras.
Parece… ¡que es verdad! ¡Pero sigue yendo contra las reglas! Si van a seguir así, ¿de qué sirve que haya un árbitro? ¡Más le valdría jugar solo!
—¿Dices que quieres enfrentarte a nosotros cinco tú solo? —preguntó el estudiante de intercambio indio, que se acercó durante la pausa.
—¿Tienen miedo? —los miró Qin Fan con desprecio.
—¡T-tú nos estás insultando! —exclamó el estudiante tailandés.
—¿Acaso tienen alguna oportunidad en un cinco contra cinco? Comparado con eso, ¿qué es más insultante? —replicó Qin Fan.
—¡No puedes hacer ningún tiro de larga distancia! —Solo al coreano se le podía ocurrir una exigencia tan descarada.
—De acuerdo —asintió Qin Fan con una risa cargada de desdén.
—¡No puedes robar el balón antes de que crucemos la media cancha! —gruñó entre dientes el estadounidense de nariz aguileña, traumatizado por haber sido despojado del balón repetidamente.
—De acuerdo.
—¡Y no puedes robar cuando estamos sacando! —añadió el estudiante japonés.
—Mi respuesta es la misma. No se preocupen, no robaré. ¡Venga, empiecen a jugar!
Al escuchar este intercambio, el árbitro se quedó estupefacto.
¡Pero qué demonios! ¿Un uno contra cinco y el equipo con más gente pone unas condiciones tan descaradas? ¡La hostia…! ¡No, joder! ¡¿Qué sentido tiene que yo siga aquí de árbitro?!
—Miren, ¡jueguen ustedes solos! ¡Yo lo dejo! —dijo el árbitro del consejo estudiantil, con cara de ofendido. Acto seguido, se dio la vuelta y abandonó la cancha.
Fuera de la cancha, todo el mundo estaba atónito. ¿Qué diablos estaba pasando? ¿Qué se había dicho para que hasta el árbitro abandonara?
Antes de que pudieran entender qué pasaba, el estudiante japonés puso el balón en juego. Una vez más, el estadounidense lo recibió y corrió hacia delante, cruzando la línea de medio campo en un abrir y cerrar de ojos.
En ese instante, tres jugadores se abalanzaron de repente sobre Qin Fan y lo encerraron formando un triángulo compacto.
—¡Joder, ¿cómo va a jugar así?!
—¡El Ejército Alianza no tiene la más mínima vergüenza!
—¿Usar esas tácticas en un uno contra cinco? ¡Jajaja! ¡Es para morirse de risa! ¡El Ejército Alianza ha perdido la vergüenza por completo!
—¿Y qué si ganan por cien puntos? ¿Acaso se atreverían a presumir de ello por ahí? ¡Ja, ja!
Al ver el espectáculo en la cancha, los estudiantes de fuera empezaron a comentar; algunos, indignados, y otros, riéndose de lo absurdo de la situación.
Sin embargo, el murmullo no duró mucho y pronto se extinguió.
Justo cuando el estadounidense iba a hacer una bandeja, Qin Fan, aún rodeado por los tres jugadores, se elevó de repente por los aires y taponó el balón con un manotazo limpio.
Acto seguido, rompió el cerco a toda velocidad y se hizo con el balón cerca de la línea de medio campo.
—¡No puede tirar de lejos, no le dejen ni una oportunidad para una bandeja! ¡Rápido, a defender en zona! —gritó alarmado el estadounidense, ya insensibilizado de tantos tapones que le habían puesto.
Los cinco miembros del Ejército Alianza se replegaron a toda prisa a su lado de la cancha, formando un formidable muro defensivo de tres capas. Mientras tanto, Qin Fan apenas acababa de cruzar la línea de medio campo con toda la calma del mundo.
—¡Mate! ¡Qin Fan, un mate!
En ese momento crucial, alguien entre la multitud empezó a gritar de repente a pleno pulmón.
Al instante, los innumerables estudiantes y profesores que habían sido testigos de la capacidad de salto de Qin Fan, la cual desafiaba a la física, se dejaron llevar por el cántico.
—¡Qin Fan, un mate!
—¡Qin Fan, un mate!
—¡Qin Fan, un mate!
Los gritos, en oleadas cada vez más fuertes, retumbaron por toda la cancha, haciendo temblar el mismísimo cielo.
Al oír los gritos pidiendo un mate que les llegaban desde todas direcciones, los cinco jugadores internacionales sintieron una repentina e inexplicable oleada de pánico.
¿Un mate? Qin Fan aún no lo había intentado. Pero con su capacidad de salto, ¿sería siquiera difícil para él? ¡¡¡No!!!
—¡Mantengan la posición! ¡No podemos permitir que haga un mate, cueste lo que cueste! ¡Nuestra dignidad está en juego! —rugió el estadounidense.
—¡No tiene la más mínima posibilidad! Si se atreve a intentar un mate, je, je… —se mofó el coreano con malicia.
Pero justo cuando esas palabras salían de su boca, Qin Fan, que estaba cerca de la línea de medio campo, sonrió de repente. —¡Por aclamación popular! Muy bien, haré un mate.
—¡¿Qué?! ¡Ese cabrón, no podemos dejar que salte! —rugió furioso el estudiante japonés, que estaba en Jinling para estudiar chino.
En un instante, los rostros de los miembros del Ejército Alianza se contrajeron en muecas salvajes.
Y entonces, Qin Fan se lanzó a la carrera. Corrió desde la línea de medio campo hasta la línea de triple, y entonces se impulsó hacia el cielo, volando hacia la canasta. Parecía un dios alado.
—¡Derríbenlo!
El estadounidense y el estudiante japonés saltaron muy alto, apuntando disimuladamente a Qin Fan con los codos.
Pero justo cuando sus codos estaban a punto de impactar, Qin Fan levantó de repente las rodillas, apuntando con una precisión milimétrica a sus mandíbulas.
¡CRAC!
Un sonido sordo y espantoso, el de una dislocación, resonó en las mandíbulas del estadounidense y del estudiante japonés.
Al instante siguiente, de sus bocas brotaron unos chillidos similares a los de un cerdo. Golpeados por las rodillas de Qin Fan, sus cuerpos salieron despedidos hacia atrás por los aires.
Al mismo tiempo, el coreano y el estudiante indio que estaban detrás saltaron también de forma inexplicable, con la intención de formar una segunda línea de defensa. Jamás esperaron que, en el mismo instante en que sus pies dejaban el suelo, chocarían con los cuerpos del estadounidense y del japonés, que volaban hacia ellos.
El impacto a gran velocidad también los mandó a volar. Unos gritos desgarradores rasgaron el aire.
Qin Fan, el artífice de aquel caos, ni siquiera les dedicó una mirada; una mueca fría y sombría se dibujó fugazmente en su rostro.
En un abrir y cerrar de ojos, ya estaba junto al aro. Sin la menor vacilación, agarró el balón con ambas manos y lo hundió en la canasta con una fuerza descomunal.
¡¡¡BOOM!!!
Del aro surgió un estruendo similar a un cañonazo.
En el momento en que Qin Fan aterrizó, el aro se arrancó de cuajo.
¡CRASH!
El tablero, incapaz de soportar la fuerza, se hizo añicos en incontables pedazos que llovieron sobre la cancha.
Incluso el poste que sujetaba el tablero a la base se dobló hasta formar un ángulo imposible.
Con aquella escena de destrucción total como telón de fondo, el mundo entero volvió a sumirse en el silencio.
La multitud de estudiantes y profesores que los rodeaba se quedó como si los hubiera fulminado un rayo, petrificados en su sitio.
En la cancha, el único superviviente ileso, el estudiante de Tailandia, empezó a temblar violentamente. De repente, como si estuviera poseído, salió disparado de la cancha, gritando con absoluto terror: —¡Un alienígena! ¡Un alienígena! ¡El alienígena está aquí!
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