La vida después de la muerte en el infierno - Capítulo 98
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Capítulo 98: Capítulo 97: Las luchas del poder, los mares se mueven.
Los pecados del universo parecieran que salieron de los humanos, pero en realidad siempre estuvieron ahí esperando para apoderarse de alguien o algo; canalizados por las fuerzas negativas, un individuo cualquiera con suficiente poder puede despertarlos; eso es ley en este multiverso.
Continuando con los eventos, vemos cómo MALEKIN despertó “ira” y la sangre de su padre está más fuerte que nunca en él. Ahora vemos un MALEKIN más delgado y fornido, con pelo largo, con la corona en llamas de su padre en la cabeza y unas alas de color negro; esto deja sorprendido a AZAZEL, que incrédulo lo mira.
AZAZEL: (sorprendido) Imposible, no puede ser, ¡NO, NO, ¿POR QUÉ TÚ?! Maldición, ¿cómo es esto posible?
MALEKIN: (Suspiro) Me siento muy bien. Esto, esto se acabó, demonio.
RENJIT: Hermano ¿Eres tú?
MALEKIN: (sin dejar de ver a Azazel) No te preocupes, me encargaré de él, señor Hércules, ayude a los demás, por favor.
HERCULES: (sudando) Claro, muchacho, tú concéntrate en él.
MALEKIN: (serio) Gracias…
Rápidamente, MALEKIN sale a gran velocidad golpeando en la cara a AZAZEL, que sale disparado. En el camino está JASON, que al ver que el demonio venía en su dirección, usa su capa, que es el vellocino, y repele el cuerpo de AZAZEL, mandándolo al suelo de golpe. El demonio malherido se levanta lentamente y furioso ve a MALEKIN; en su mente piensa que debió matar a toda su familia en el pasado y se arrepiente de dejarlos vivos.
AZAZEL: (furioso y herido) Maldita sea, eres muy fuerte. Me dejaré de bromas contigo, ¡MORIRÁS!
AZAZEL y MALEKIN rápidamente arremeten el uno contra el otro; un fuerte estallido de poder resuena en todos lados con cada golpe bloqueado y la gente grita de júbilo al ver tan buenas peleas. La plataforma donde estaban ya no tenía barrera y los dos tenían cuidado de no caer. Mientras el combate se da lugar, vemos cómo JASON se acerca donde está ARTEMISA y quiere aprovechar para atacarla, pero antes de que alce su espada contra ella, es detenido por RENJIT.
RENJIT: ¿Qué te pasa, idiota? ¿No ves que no puede pelear?
ARTEMISA: (sonrojada) Gracias por protegerme, joven, pero soy una diosa y puedo cuidarme sola.
JASON: Ya la oíste, lárgate, greñudo.
RENJIT: (furioso) ¿Crees que dejaré que alguien muera delante de mí?
En la cabeza de RENJIT, recuerdos de Bacon matando a los humanos que quiso proteger llegan a su cabeza (capítulo 17).
RENJIT: (molesto) Jamás permitiré que alguien muera delante de mí otra vez… Este lugar es para gente mala, pero no siempre hay gente así y yo soy la sección… Protegeré a todos los que necesiten mi ayuda, así como lo hizo mi hermano Heracles en el pasado.
HÉRCULES, al escuchar eso, se sintió agradecido de que en otras versiones siempre ayudó a alguien. ARTEMISA, al escuchar esto, pensó que RENJIT era muy noble y sintió más atracción hacia él.
ARTEMISA: (en su mente) Qué hombre, por Zeus, yo… no, no, no, no, no, no… Si Athenea se entera, me matará y ni se diga de Hestia, pero… umm, haaaaa, no sé qué hacer, que alguien me ilumine, waaaa.
Siguiendo con el enfrentamiento, vemos cómo JASON hace una mueca de asco al escuchar a RENJIT y solo tiende a reírse.
JASON: Jajaja, amigo, estamos en el infierno; aquí prácticamente todos somos iguales. ¿Me quieres hablar de valores en este mundo? Por favor. Ahora tú y ella morirán; prepárense.
RENJIT: Hércules, toma a Artemisa y espérenme; yo solo acabaré con este payaso.
HERCULES: (feliz) De acuerdo, él es todo tuyo, no pierdas.
RENJIT: (levanta el pulgar) No te preocupes, un idiota como él no me ganará, jeje.
Vemos cómo JASON con su espada se lanza contra RENJIT y hay un choque de espadas. Ahora nos dirigimos al otro escenario, donde está REX con MELINOE; ellos están muy juntos viendo cómo las luchas se dan en su plataforma. MELINOE, un poco nerviosa, solo tiende a cubrirse los ojos por el miedo. En eso REX le habla.
REX: Oye, chica, no cierres los ojos; esto te ayudará a poder pelear. Entiende las peleas y mira a tu alrededor atenta; en una pelea, cerrar los ojos es malo.
MELINOE: Señor Rex, pero nadie quiere pelear con nosotros.
REX: Jeje, eso es por mi nueva habilidad “intimidación”; parece que pelear contra Bell me dio mucho más poder, jeje.
MELINOE: Gracias, señor Rex, por ayudarme a buscar a mi padre.
REX: No te preocupes, con este poder será fácil pasar este lugar; ahora solo esperemos que se maten entre ellos.
Vemos cómo un ser reptiliano corre con intención de golpear a REX, pero él solo lo mira y el sujeto sale corriendo asustado.
REX: Vez, con esto sí podremos ganar, jajaja.
MELINOE: (nerviosa) Jeje, sí creo que sí, buen trabajo, señor Rex.
REX: Solo dime Rex, Melinoe, no hay que ser tan formal; total, soy un animal, jeje.
Mientras REX se ríe, no se da cuenta de que otro ser parecido a una cabra se acercaba atrás de MELINOE con una espada. Justo antes de atacar, REX se da cuenta y grita: “¡Cuidado!”. MELINOE, asustada, voltea y da un grito y golpea por reflejo a su atacante. El sujeto cabra no le da tiempo de esquivar y bloquea con su espada, pero al recibir el golpe, su espada se rompe y el golpe le cae de lleno en el pecho y vemos cómo ese golpe le rompió todos los huesos y órganos internos y lo mandó a volar al pobre sujeto cabra, estrellándolo contra la barrera. El poder fue tanto que la barrera se agrietó con el cuerpo del sujeto cabra. REX se percata de esto y, sudando, le habla.
REX: (sudando) Niña, creo que mejor me proteges tú a mí.
MELINOE: (dudosa) He… yo…
REX: (Avergonzado) Jeje, descuida, solo es una broma, pero dime, en serio, ¿quién es tu padre? ¿Recuerdas su nombre?
MELINOE: Bueno, verás, la chica que estaba conmigo me dijo…
Justo cuando está por seguir hablando, aparece una persona que estaba corriendo y, atrás de él, un ser muy grande; es un cíclope. El hombre corre y se pone atrás de REX, que muy intrigado le habla.
REX: Oye, ¿qué te pasa? Aléjate de nosotros.
HOMBRE MISTERIOSO: Tranquilo, perro, ese sujeto me tiene en la mira.
REX: Esa cosa mide cerca de 4 metros. No seas así, no nos metas en problemas. Umm, perdón, a todo esto, ¿cómo te llamas?
HOMBRE MISTERIOSO: Oh, es verdad, jeje, me llamo Odiseo, un gusto.
Un hombre con barba y cabello marrón y una armadura desgastada ha aparecido; lo más curioso era su arco, un gran arco en su espalda y una aljaba llena de flechas. También destacaba el adorno que sujetaba su capa; es de un búho, y lo más importante, un tatuaje en la mano derecha de una ola y una brújula.
REX: Interesante, creo que he oído de ti, pero no me acuerdo bien, jeje.
MELINOE: Rex, este sujeto nos traerá problemas.
REX: Melínoe, confío en ti; dale un buen golpe a esa cosa, que ya está cerca. Camina lento el condenado.
ODISEO: ¿Estás seguro, perro? Esa cosa es muy grande.
REX: Descuida, esa niña es de temer.
Odiseo mira incrédulo al ver caminar a la niña temblando con dirección hacia el cíclope.
ODISEO: Bien, si estás seguro, te apoyaré desde atrás.
ODISEO saca su arco y prepara una flecha; vemos que el cíclope está ya a unos metros de ellos y les habla.
CÍCLOPE: Deja de correr, aquí nadie te salvará, Odiseo, o quizás debería llamarte “nadie”. Maldito, por tu culpa sufrí mucho en vida; hoy lo pagarás.
De la nada se escuchan las palabras “Bien dicho, hijo”. De la polvareda que había armado el cíclope, una silueta humanoide sale y es el mismísimo dios de los mares, POSEIDÓN, un sujeto de pelo completamente celeste con puntas negras, con una barba larga que llegaba a su ombligo de color celeste, unos ojos claros de color azul y una túnica griega cubría sus piernas, ya que tenía el torso libre con un tatuaje de un tridente en su pecho, y de imponentes músculos y en cada mano un brazalete dorado. Lo curioso era que no tenía calzado. El dios mira indiferentemente a los demás y, al ver a REX, solo hace una mueca de risa y les habla.
POSEIDÓN: Ustedes, muchachos estúpidos, ríndanse y entréguenme a Odiseo.
REX: Oye, viejo, no seas malvado, ¿qué problema traes con este señor?
POSEIDÓN: (ofuscado) ¿Viejo? Parece que hay que educar a este perro sarnoso. (Dirigiéndose al cíclope) Polifemo… mátalos.
POLIFEMO: Sí, padre.
El cíclope comienza a avanzar, y ODÍSEO está nervioso; rápidamente voltea a ver al perro que está tranquilo, y vemos cómo POSEIDÓN se voltea y se comienza a ir.
REX: No te preocupes, amigo, ve, Melinoe, dale un buen golpe a esa cosa.
MELINOE: Si confías en mí… lo haré, Rex.
El cíclope acelera el paso y con el mazo que tenía intenta golpearlos. Rápidamente, MELINOE se pone un poco seria y de un golpe destruye el gigantesco mazo, dejando a todos sorprendidos. POSEIDÓN siente la presencia de otro dios y voltea para ver a su hijo, pero justo ve cuando MELINOE le propina un golpe fuerte al cíclope en el rostro, mandándolo a volar y rompiéndole el cráneo junto con la barrera. Esto deja sorprendidos a todos; los espectadores también están sorprendidos, y especialmente a CALIGULA, que vota su vaso con licor que estaba tomando de la impresión. Solo REX sonríe porque ya lo esperaba.
POSEIDÓN: (Sudando) No puede ser esta niña, es uno de nosotros.
POSEIDÓN, intrigado, se pregunta de dónde salió esa niña, pero sus pensamientos son interrumpidos por otra persona que se acerca a él, una mujer de vestido verde claro con adornos marinos, un cabello verde intenso y unos ojos lujuriosos que enamoran hacen acto de presencia.
MUJER: Poseidón, veo que mi muchacho te está poniendo en aprietos.
POSEIDÓN voltea y la mira con ojos de desprecio.
POSEIDÓN: Así que tú también estás aquí, hija de Atlas… Calipso, diría que es un placer, pero estaría mintiendo.
CALIPSO: (burlona) ¿Novedad? Si ustedes, los dioses, siempre mienten, jeje, tú y tu hermano casi se podría decir que compiten para ver quién se acuesta con más mujeres; el único más o menos decente es el otro tipo, ¿cómo se llamaba? Así, Hades, él es el único que se salva de las marranadas de ustedes dos.
POSEIDÓN: Me ofendes, mujer; cuida tu boca o la perderás.
CALIPSO: Contigo tengo miedo de perder otra cosa, jaja.
POSEIDÓN, furioso, alza la mano y del suelo sale agua a alta presión e intenta cortar a CALIPSO, pero ella lo esquiva y se pone al lado de ODISEO.
CALIPSO: Hola, bombón, cuánto tiempo…
ODISEO: Calipso… todavía no me has olvidado, ¿verdad?
CALIPSO: Ya eres agua pasada, solo te quiero ayudar por los viejos tiempos.
ODISEO: Jeje, como digas, mujer.
Rápidamente, POSEIDÓN, furioso, alza las manos para atacar, pero en eso atrás de él se escucha otra persona que dice: “Padre, detente”, y REX, ya molesto, suelta unas palabras.
REX: Hooooooo, vamos, ¿esto es reunión familiar o qué?
MELINOE: Pues… parece que sí, Rex.
La persona que llega mira molesta al perro y le ordena que se calle. POSEIDON mira a la persona que vino y solo lo mira una vez y regresa la mirada a sus enemigos y habla.
POSEIDÓN ¿A qué has venido, Teseo?
Un luchador con una armadura maltratada, de pelo corto de color celeste claro, y lo más llamativo, una espada larga con la figura de un minotauro en la empuñadura.
TESEO: Padre, permíteme pelear a tu lado.
POSEIDÓN: (Suspira) Bien, si no hay de otra, pero ten cuidado con la mocosa de ahí (señala a Melinoe); esa mujer es muy fuerte.
TESEO: Muy bien, lo tendré en cuenta.
REX: Ya era hora, prepárense, malditos, voy a barrer el piso con ustedes. (En su mente) Bueno, lo hará la niña, pero mejor así, jeje.
REX decidido se prepara para la pelea, pero de repente a su nariz le llega un olor muy familiar y que le trae malos recuerdos. REX, asustado, mira a todos lados y a lo lejos ve una figura familiar, un hombre peleando por su vida con una armadura improvisada y una espada larga maltrecha; este sujeto es nada menos que MARTÍN GUILLEN (capítulo 2), el antiguo dueño de REX.
REX, desconcertado, lo queda mirando, recordando todo lo malo que pasó, mientras que MELINOE lo mira preocupado. ¿Qué pasará más adelante? ¿Quién es el padre de MELINOE? ¿POSEIDÓN podrá con todos? ¿REX se vengará de nuevo? Muy pronto lo sabremos.
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