Ladrón Eterno - Capítulo 483
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Capítulo 483: ¡Un contratiempo en el camino
«¿Por qué están aquí? ¡¿Cómo es que se corrió la voz?!»
Inquieto, Gatlin se dirigió rápidamente hacia allí, y cuando vio la inmensa multitud fuera de la barrera, la mayoría eran de la asociación.
Ridge también apareció con otro demonio de aspecto consumido. ¡Era el antiguo patriarca del Clan Demonio de la Hoja Maligna y también el padre de Ridge, Melvin!
Melvin apareció poco después de que Ace robara el almacenamiento de Gatlin, y no tuvo más remedio que ayudar en todo lo posible, ya que el hurto había ocurrido en su territorio.
Aunque ahora todos sabían que fue ese ladrón quien secuestró al discípulo del Gran Maestro para atraerlo hasta aquí y poder robar su anillo de almacenamiento, ¡el problema era que una persona de su clan también estaba involucrada!
Como el propio Gatlin había visto su rostro, era natural que no fuera a dejar que el Clan Demonio de la Hoja Maligna se librara si el ladrón conseguía escapar.
Sin embargo, esta situación incomodaba tanto a Melvin como a Ridge, porque nadie había tenido tiempo de pedir refuerzos, ni querían que nadie se enterara, ya que su reputación estaba en juego.
Pero, de algún modo, estos miembros de la asociación aparecieron, y parecían saber lo que había sucedido aquí hacía un par de minutos. Era extraño.
—¡¿Por qué están aquí?! —Gatlin miró a tres ancianos demonios de rostro rígido, pero no les permitió abrir la barrera.
—Recibimos su orden, Gran Maestro, ¡y estamos aquí para capturar al Ladrón Malhechor! —respondió Samuel, el Maestro de Vida de Alquimia, con expresión grave.
Todos gritaron al unísono para mostrar su entusiasmo.
—¡No dejaremos que se escape esta vez!
—Puede dejárnoslo todo a nosotros, Gran Maestro. Ya he alertado también a los caballeros del dominio. Llegarán de un momento a otro.
A Ridge y a Melvin se les demudó el rostro mientras miraban a Gatlin.
Pero para su sorpresa, Gatlin tenía los ojos abiertos de par en par por el pavor.
—Yo… Yo-yo no di ninguna orden —tartamudeó Gatlin—. ¡¿Quién les dijo que abandonaran sus puestos?!
—Pero yo mismo realicé una búsqueda del alma y vi la escena… —respondió el Quinto Protector, desconcertado. Sin embargo, su expresión cambió en ese momento.
Es cierto que había oído la voz de Gatlin y visto la escena de la barrera manifestándose, pero nunca había visto a Gatlin pedir refuerzos, porque el demonio simplemente no pudo soportar la búsqueda del alma y su cabeza explotó.
Pero eso fue suficiente para que el Quinto Protector creyera que lo que decía el demonio era cierto y se apresurara a venir.
Sin embargo, ahora…
La expresión de Gatlin se tornó instantáneamente horrorizada, como si el corazón se le fuera a salir por la boca.
—Abran esta barrera, rápido —rugió—. La Pagoda del Tesoro está en peligro. ¡Ábranla, maldita sea!
¡Los presentes casi se olvidaron de respirar al oír a Gatlin!
El rostro de Kenny, el Maestro de Vida Rúnica, también se demudó y se dio la vuelta mientras aullaba: —¡Regresen rápido, rápido!
—¡Síganme! —el rostro de Melvin también se tornó ceniciento. Abrió rápidamente la barrera y se dirigió a toda velocidad hacia la Pagoda del Tesoro.
«Si realmente todo esto fue planeado, entonces el dominio de la hoja entero sufrirá la ira de la Asociación de Demonios de Vida, y el Rey podría incluso entregarles mi clan para eludir esta responsabilidad. ¡No puedo permitir que esto suceda, pase lo que pase!».
Diez minutos después, aquellos cultivadores del reino del alma ya estaban en la zona del mercado.
Pero pronto, todos se tambalearon de repente y sus rostros palidecieron al mirar la majestuosa pagoda en la distancia.
Había una enorme impronta de un búho, como si la hubieran grabado recientemente, y unas palabras que sumieron a casi todos en la desesperación. ¡Sabían que aquello que temían había ocurrido!
—Jajajajajaja… —Gatlin se echó a reír de repente de forma histérica, lo que resultó espeluznante para los presentes.
—Se acabó… todo está… acabado…
Esas fueron sus últimas palabras antes de que Gatlin vomitara una enorme cantidad de sangre y perdiera el equilibrio, cayendo hacia atrás.
—¡Gran Maestro!
¡Cundió el pánico entre todos!
¡Fue simplemente una conmoción para todo el dominio interno de la hoja!
—
En ese momento, Ace todavía se encontraba en el dominio exterior de la hoja y no estaba lejos de las puertas de salida que conducían a la cordillera de las sombras.
De repente, se detuvo en seco y el corazón casi se le salió del pecho al ver unas cuantas figuras a cincuenta metros de él.
Sin pensarlo dos veces, saltó dentro de un carruaje que pasaba.
—¿Quién? —resonó la voz sobresaltada de un demonio cuando la puerta de su carruaje se abrió de golpe, pero no vio a nadie hasta que sonó esta voz, cargada de frialdad.
—Si hablas, te mato. ¡Quédate en silencio!
Un demonio de piel rosa oscuro apareció de la nada y se sentó justo frente a él. Para su sorpresa, el demonio fue testigo de cómo el color de la túnica del recién llegado seguía cambiando.
El demonio de piel cobriza sintió un escalofrío al instante mientras miraba a este otro demonio, que tenía una sonrisa enigmática en el rostro, y asintió con la frente perlada de sudor. No tenía otra opción.
El demonio sacó una botella de vino y unas copas.
—Ten, bebe conmigo —dijo, en un tono que sonó más a una orden.
El demonio se debatía entre las lágrimas y la confusión.
Unas figuras pasaron de repente junto al carruaje, y dos de ellas lo miraron con cierta indecisión.
—¿Alguien ha notado una extraña ondulación de Qi? —preguntó Agujero Oscuro con los ojos entrecerrados.
—Yo sí. Pero se desvaneció de repente —respondió Asesino.
Los demás los miraron con confusión, pues no eran tan sensibles al peligro como ellos dos.
Agujero Oscuro liberó de repente su sentido marcial sobre el lujoso carruaje verde, ya que la extraña ondulación de Qi se había desvanecido cerca de él.
Solo sintió a dos demonios dentro. Uno era un cultivador del río de Qi, mientras que el otro estaba en el reino de unión de fundación Qi. El cochero, por su parte, era de nivel de puerta Qi.
—Probablemente fue mi imaginación. Vámonos. Tenemos que alertar a todos los de aquí —dijo Agujero Oscuro. No encontró nada, así que no insistió en el asunto, ya que tenían un tema más urgente que tratar.
—Los Ancianos pueden ir al consejo, mientras que nosotros nos desviaremos a la Pagoda de los Demonios de Vida. Necesito reponer mis píldoras del alma, o podemos ir todos juntos. Les prometo que no se andarán con rodeos con nosotros —propuso la demonia enmascarada.
A todos se les iluminaron los ojos, ya que sabían que esos apestosos excéntricos no se atreverían a ignorar una orden directa de esta persona.
—¡Entonces tenemos que darle las gracias a Su Alteza por adelantado!
Dentro del carruaje, Ace sintió que se marchaban y no pudo evitar suspirar con enorme alivio; por poco lo descubrían.
Había visto al Rey Demonio de la Tierra en aquel reino secreto ese día.
Por eso no se atrevió a permanecer oculto, o podrían haberlo encontrado. Tuvo una suerte increíble de que solo dos de ellos se dieran cuenta, o las cosas no habrían terminado nada bien para él.
«¿Lograron deshacerse de esa cosa? Pero está claro que parecían tener prisa y no estaban todos presentes. Esos tres demonios enmascarados eran aún más misteriosos. Era como si no existieran para mi sentido del alma, aunque no utilizaron ningún tipo de habilidad. Quizá tesoros poderosos. ¿Quiénes serán?».
«Bueno, ya no importa, puesto que he completado mi misión a tiempo; de lo contrario, esta vez sí que habría estado perdido si hubiera esperado la reacción de la asociación».
Aliviado, por fin miró al demonio, que lo observaba con el sudor corriéndole por toda la cara.
Ace sonrió bajo su disfraz. —Gracias por tu ayuda. Toma esta botella de vino como muestra de mi agradecimiento.
—N-No hay problema —el demonio forzó una sonrisa fea. Solo quería que ese tipo se largara de allí cuanto antes.
Ace asintió antes de salir del carruaje, y su rostro se transformó en el de otro demonio mientras se mezclaba con los que caminaban por el sendero lateral.
Esta vez no usó ninguna habilidad, por temor a que pronto pudieran llegar más Reyes Demonio.
Pero, por suerte, no apareció nadie y salió por la puerta sin ningún contratiempo.
De nuevo, cambió su rostro por el de otro demonio, se puso la capucha y se dirigió al lugar de encuentro donde le había dicho a Freya que lo esperara.
Media hora después,
Ace apareció finalmente en el bosque. No iba oculto, así que cualquiera podía verlo.
De repente, un pequeño pájaro pasó volando a su lado.
Él esbozó una sonrisa y siguió al pájaro. Tras caminar una milla dentro del bosque, vio una figura familiar envuelta en una capa.
—¡No deberías haber hecho el numerito del símbolo en ese edificio! —resonó la voz de Freya, descontenta pero a la vez complacida.
Como era de esperar, había estado vigilando la Pagoda del Tesoro desde que Ace fue allí, ¡pero se quedó de piedra cuando el infame símbolo del Ladrón del Cielo apareció en toda la pagoda!
No pudo evitar desear tener también su propio símbolo único tras presenciar la magnífica escena de los demonios contemplándolo con asombro y temor.
—Puedes quejarte de eso a la diosa —suspiró Ace con impotencia—. De todos modos, incluso sin mi símbolo de ladrón, no van a dejar el asunto así como así, ¿o sí?
—Bueno, ya que todo esto ha terminado, ¡dame mi recompensa! —rió Freya por lo bajo.
—Ya lo hice. Ahora, vámonos —dijo Ace. Puso la mano en el hombro de ella y, antes de llevarla a su espacio del ladrón, le advirtió con severidad—: Te lo advierto: no toques las cosas que hay en mi espacio y no te acerques a ese muro del centro, ¡o te echaré!
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