Leer Novelas
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

Las 12 Leyes Del Silencio - Capítulo 16

  1. Inicio
  2. Todas las novelas
  3. Las 12 Leyes Del Silencio
  4. Capítulo 16 - 16 15
Anterior
Siguiente
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo

16: 15 16: 15 CAPÍTULO 15 — EL PESO DE VER [Tres días después — Oficina de Alistair, 02:33 AM] Alistair no había dormido más de dos horas seguidas desde el caso Neumann.

Su oficina parecía la guarida de un conspiranoico: paredes cubiertas con fotografías, hilos de colores conectando elementos, diagramas geométricos, cronologías sobrepuestas.

Pero no era locura.

Era el único método que conocía para visualizar un sistema que existía principalmente en la mente de otra persona.

En el centro de todo, había escrito en letras grandes: 12 LEYES = 12 TIPOS DE RUIDO HUMANO El asesino no odia a las personas.

Odia la disonancia que producen.

Debajo, había intentado predecir las siguientes Leyes: Ley 5: ¿Rigidez?

¿Resistencia al cambio?

Ley 6: ¿Dependencia?

¿Necesidad de validación?

Ley 7: ¿???

No podía ver más allá.

Necesitaba más datos.

Su teléfono vibró.

Mensaje de texto del inspector Vargas: “Necesitas dormir.

Tu equipo está preocupado.

Yo estoy preocupado.” Alistair miró el mensaje durante cinco segundos y no respondió.

¿Cómo explicarle a Vargas que cada hora de sueño perdido era una vida potencialmente salvada?

¿Que el asesino estaba construyendo su obra maestra y él era el único que podía decodificarla a tiempo?

Volvió al diagrama.

Los ángulos: 45°, 60°, 30°, 15°.

No formaban una progresión aritmética simple.

Pero tampoco eran aleatorios.

Escribió todas las operaciones posibles: 60 – 45 = 15 60 – 30 = 30 45 – 30 = 15 15 era el número clave.

El quantum mínimo del sistema.

Todo se movía en incrementos o decrementos de 15°.

¿Pero por qué?

¿Qué tenían de especial 15 grados?

Pensó en geometría básica.

Un círculo completo: 360°.

360 ÷ 15 = 24.

¿24 pasos?

No.

El asesino había sido claro: el sistema tenía una completitud inherente en doce.

360 ÷ 12 = 30°.

Cada Ley ocupaba un sector de 30° en un círculo conceptual completo.

Pero los ángulos específicos de los objetos no seguían esa división exacta.

Eran variaciones internas dentro de cada sector.

Alistair se levantó bruscamente, casi volcando el café frío.

—No son ángulos absolutos.

Son desviaciones respecto a un centro.

Corrió hacia su pizarra y dibujó un círculo grande.

Lo dividió en 12 sectores iguales de 30° cada uno.

Marcó los cuatro primeros: • Sector 1 (0-30°): Warren → objeto a 45° (desviación de +15° del centro del sector) • Sector 2 (30-60°): Leland → objeto a 60° (en el límite exacto del sector) • Sector 3 (60-90°): Mikkelsen → objeto a 30° (en el límite inferior) • Sector 4 (90-120°): Neumann → objeto a 15° (desviación de -15° del centro del sector) Cada ángulo era una posición específica dentro de su sector correspondiente.

No repetía posiciones.

Exploraba sistemáticamente el espacio angular.

—Hijo de puta —susurró Alistair con algo cercano a la admiración—.

No solo tienes doce Leyes.

Cada una tiene su propio subtema geométrico.

Estaba mapeando no solo conceptos filosóficos, sino variaciones espaciales de cada concepto.

Era de una complejidad casi hermosa.

Alistair fotografió su pizarra y envió la imagen a su computadora personal.

Luego la borró rápidamente.

Este nivel de comprensión del asesino no podía compartirse con el departamento todavía.

Lo considerarían obsesionado, comprometido.

Tal vez tenían razón.

Se sentó de nuevo, sintiendo el peso de la soledad intelectual.

Era el único que veía el sistema completo.

El único que entendía que cada muerte era una palabra en un idioma que solo dos personas en el mundo hablaban.

Y una de esas personas estaba cometiendo asesinatos para escribir su tesis doctoral en sangre y geometría.

Miró la fotografía de Clara Neumann en la pared.

41 años.

Psicóloga respetada.

Probablemente había ayudado a decenas de personas.

Y había muerto porque su propia vida interna era una contradicción que el asesino no podía tolerar.

¿Merecía morir por eso?

La pregunta lo golpeó con fuerza inesperada.

Por supuesto que no.

Nadie merecía morir por tener conflictos internos.

Eso era ser humano.

Pero…

Una parte pequeña y oscura de su mente completó el pensamiento: …pero el asesino tiene razón en que la contradicción existía.

En que era real.

En que Clara vivía fragmentada entre la terapeuta perfecta y la persona rota que no podía ayudarse a sí misma.

Alistair apretó los puños hasta que los nudillos se pusieron blancos.

—No —dijo en voz alta a la oficina vacía—.

Ver la contradicción no justifica eliminarla.

Entender el sistema no significa estar de acuerdo con él.

Pero el pensamiento ya había entrado.

Y no podía sacarlo completamente.

Porque él también veía las contradicciones humanas todo el tiempo.

También sentía esa fricción cuando las personas decían una cosa y hacían otra.

También experimentaba ese impulso de corregir el desorden.

Solo que él lo canalizaba resolviendo crímenes.

¿Y si no hubiera tenido ese canal?

¿Si hubiera nacido en circunstancias diferentes?

—Para —se ordenó a sí mismo—.

Esto es exactamente lo que quiere.

Que empieces a pensar como él.

Se levantó y caminó hacia la ventana.

La ciudad seguía despierta incluso a las 03:00 AM.

Luces en ventanas.

Autos ocasionales.

Vidas continuando en su caos habitual.

Y en algún lugar ahí afuera, Aurelian estaba diseñando la Quinta Ley.

Preparando la siguiente lección.

Alistair apoyó la frente contra el vidrio frío.

—Ocho más —susurró—.

Tengo que detenerlo antes de las ocho restantes.

Pero otra voz, más honesta, agregó: O tengo que entenderlo completamente antes de que termine.

Porque algo me dice que el final de este sistema va a cambiar todo.

No sabía si ese pensamiento lo hacía un buen detective…

…o el estudiante perfecto del asesino más brillante que había conocido.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo