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Las aventuras de la elfa y el caballero oscuro - Capítulo 17

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  4. Capítulo 17 - 17 El Slime Glotón y el rastro del Caballero
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17: El Slime Glotón y el rastro del Caballero 17: El Slime Glotón y el rastro del Caballero Rury se acercó al mostrador, todavía limpiándose un poco de tierra de la mejilla, pero con una sonrisa que no le cabía en el rostro.

Emily, la recepcionista slime, ya tenía todo preparado sobre la madera pulida.

—Aquí tienes, aventurera —dijo Emily, deslizando dos objetos hacia ella.

El primero era una pequeña placa de metal opaco: Cobre.

Tenía grabado el símbolo del dragón y el pico, junto con el número de identificación de Rury.

El segundo era una tarjeta rectangular, hecha de un material rígido parecido al marfil, donde la tinta mágica brillaba fresca.

Rury la tomó con manos temblorosas y leyó: Gremio de Aventureros – Sede El Baluarte Nombre: Rury Rango: Cobre (Novato) Clase: Mago de Batalla (Híbrido) Afinidades Registradas: Fuego, Tierra, Agua, Magia Pura.

Estado: Activo.

Por un momento, el mundo se detuvo.

¡Es oficial!, pensó Rury, con un chillido interno de emoción.

¡Tengo un documento!

¡Hice un trámite burocrático yo sola y tengo una credencial!

¡Soy una adulta funcional que existe en el sistema!

Era una alegría extraña, nacida de años de estar oculta en su aldea o tratada como una estudiante problemática.

Por primera vez, tenía una identidad que ella misma se había ganado.

Sin embargo, la euforia se evaporó tan rápido como el vapor de las chimeneas de la ciudad.

Miró la placa de cobre en su mano.

No estaba aquí para coleccionar títulos.

Estaba aquí por una razón.

El Caballero.

Rury levantó la vista, su expresión cambiando de alegría infantil a una seriedad sombría.

—Emily…

tengo una pregunta.

Y es importante.

La chica slime notó el cambio de tono y dejó de ordenar papeles.

—¿Qué pasa?

—La razón por la que vine a esta ciudad no fue solo para registrarme —dijo Rury, bajando la voz—.

Estoy buscando a alguien.

Un hombre.

Rury se inclinó sobre el mostrador.

—Lleva una armadura de color negro azabache, completa.

Y su casco…

es muy específico.

Tiene un cuerno en la frente y otro que sobresale de su nuca.

¿Ha pasado por aquí?

Emily se quedó quieta un momento, su cuerpo azulado ondulando levemente mientras buscaba en su memoria.

—Negro azabache…

dos cuernos…

—murmuró.

Luego, sus ojos brillaron—.

Ah.

Él.

—¿Lo viste?

—preguntó Rury, su corazón saltando un latido.

—Sí —asintió Emily—.

Hace unos seis días.

Imposible de olvidar, aunque no dijo más de diez palabras.

Entró aquí, ignoró a todos los borrachos que intentaron meterse con él por su armadura extraña, y vino directo a este mostrador.

—¿Qué quería?

—preguntó Rury—.

¿Buscaba a alguien?

¿Vendió algo?

Emily negó con la cabeza, su expresión volviéndose preocupada.

—No.

Vino por trabajo.

Fue directo al Tablón de Misiones de Rango Alto.

Arrancó un cartel específico y me lo trajo.

—¿Qué misión?

—La caza de una bestia en las Minas Profundas, al oeste de la ciudad —dijo Emily—.

Una “Bestia de Magma”.

Es una criatura antigua que despertó hace poco y ha estado devorando a los equipos de excavación.

Rury frunció el ceño.

¿Una bestia poderosa?

Su mente trabajó rápido.

El demonio en el Puesto Fronterizo había estado “comiendo” poder para hacerse fuerte.

Throk había dicho que el Caballero tenía magia humana pero un comportamiento extraño.

¿Para qué querría cazar a una bestia así?

¿Es por dinero?

¿O él también…

se alimenta de ellas?

—Intenté detenerlo, por supuesto —continuó Emily, sacando a Rury de sus pensamientos—.

Esa misión ha estado en el tablón durante meses.

Es de Rango Oro, mínimo.

Le dije: “Oye, señor armadura, ir ahí solo es un suicidio.

Necesitas un grupo de asalto completo, sanadores, tanques…”.

Emily suspiró, haciendo una mueca.

—Él solo me miró.

No pude verle la cara, pero sentí…

frío.

Puso una bolsa de monedas de oro sobre la mesa como fianza, insistió en que tomaría la misión solo, y se fue.

Como tenía el dinero y la actitud…

tuve que acceder.

Pero Rury, sinceramente…

no creo que ese hombre siga vivo si entró en esas minas solo.

—Y esa es la situación —concluyó Emily, apoyando los codos en el mostrador—.

Han pasado seis días y no ha vuelto.

Sinceramente, Rury, no tengo la intención de enviar una misión de rescate.

No voy a arriesgar la vida de mis aventureros regulares por un suicida con tan poco carisma que ni siquiera quiso decirme su nombre.

Rury asintió lentamente, procesando la información.

Seis días en una mina contra una bestia antigua.

Si el Caballero seguía vivo, era increíblemente fuerte…

o ya era parte de la dieta de la bestia.

—Entiendo —dijo Rury—.

Gracias por la información, Emily.

De verdad.

Justo en ese momento, un reloj de vapor en la pared soltó un silbido agudo.

Emily se iluminó y se quitó la banda del Gremio del brazo.

—¡Ah!

¡Música para mis oídos!

—exclamó la slime, estirándose—.

Es mi hora de descanso.

Y hablar de minas y bestias me ha dado un hambre voraz.

Miró a Rury con una sonrisa cómplice.

—Oye, acabas de llegar a la ciudad y supongo que no conoces nada más que la herrería y este lugar lleno de sudor.

¿Te gustaría ir a comer?

Conozco el mejor lugar de todo El Baluarte.

Rury sintió que su estómago rugía en respuesta.

No había comido nada desde el desayuno ligero con Brakk y Rhen antes de separarse.

—Te lo agradecería mucho —admitió Rury con una sonrisa—.

Muero de hambre.

—¡Genial!

¡Sígueme!

Salieron del Gremio y Emily la guio a través del laberinto de calles industriales.

Sin embargo, a medida que caminaban, el paisaje comenzó a cambiar.

El ruido ensordecedor de los martillos se desvaneció, y el humo gris que cubría el cielo pareció disiparse.

Llegaron a una sección apartada, pegada al inmenso muro exterior de la ciudad.

Rury abrió los ojos con sorpresa.

—Esto es…

verde.

Era una pequeña zona residencial donde, milagrosamente, crecían árboles reales y arbustos con flores, protegidos del hollín por algún tipo de sistema de filtración mágica.

Era un oasis de color en medio del desierto de metal.

Y justo allí, en una esquina acogedora bajo la sombra de un árbol frondoso, había un local pintoresco de madera barnizada y ventanas grandes.

Un letrero colorido con un dibujo caricaturesco colgaba sobre la puerta: “El Slime Glotón”.

—¡Bienvenida al negocio familiar!

—anunció Emily con orgullo—.

Es de mis padres.

Al entrar, una campanilla tintineó alegremente.

El lugar estaba a reventar.

El aroma a guiso casero, especias exóticas y pan recién horneado golpeó a Rury, haciéndole agua la boca.

Detrás de la barra, una mujer slime de un tono rosado brillante (claramente la madre de Emily) se movía a una velocidad vertiginosa, sirviendo bebidas y cobrando cuentas.

Al fondo, en una cocina abierta, se veía a un hombre slime de color verde oscuro, vestido con un inmaculado traje de chef y un gorro alto, picando verduras con sus propios brazos transformados en cuchillas a una velocidad que ningún humano podría igualar.

—¡Mamá!

¡Traje a una amiga!

—gritó Emily sobre el ruido de los comensales.

La madre slime le lanzó un beso volador sin dejar de servir cerveza a un grupo de enanos.

Emily divisó una de las pocas mesas vacías cerca de una ventana y arrastró a Rury hacia ella.

Apenas se sentaron, una sombra elegante se proyectó sobre la mesa.

—Lady Emily —dijo una voz suave y aterciopelada—.

Es un placer verla en su descanso.

Rury levantó la vista y parpadeó.

El mesero era un hombre alto, pálido como la luna, con ojos rojos hipnóticos y colmillos discretos que asomaban cuando sonreía.

Llevaba el uniforme del restaurante con una elegancia aristocrática.

Un vampiro.

Y uno muy apuesto.

—Hola, Caleb —saludó Emily con una sonrisa relajada—.

Hoy vengo acompañada.

Ella es Rury, una nueva aventurera y mi nueva amiga.

El vampiro, Caleb, hizo una reverencia perfecta hacia Rury.

—Encantado, mademoiselle.

Bienvenida al Slime Glotón.

—Queremos comer bien hoy, Caleb —dijo Emily—.

Tráenos el especial del chef.

Quiero que Rury pruebe lo mejor de la casa para celebrar su registro.

—Excelente elección —dijo Caleb, guiñando un ojo—.

Enseguida se lo traigo.

El vampiro se deslizó entre las mesas abarrotadas con una gracia sobrenatural.

Rury miró a su alrededor, viendo a gente de todas las razas comiendo y riendo, lejos de la dureza de la mina y el peligro.

Por primera vez en el día, Rury relajó los hombros y sonrió de verdad.

—Este lugar es increíble, Emily.

Caleb trajo dos cuencos humeantes de un estofado espeso de carne y verduras, acompañado de pan de centeno recién horneado.

Rury probó la primera cucharada y sus ojos se iluminaron.

—¡Esto está increíble!

—exclamó, tomando otro trozo de pan—.

De verdad, es mucho mejor que las raciones secas de viaje.

Emily sonrió, limpiándose la comisura de los labios con una servilleta.

—Te lo dije.

Mi papá hace magia en la cocina.

La chica slime miró a través de la ventana hacia el jardín verde.

—Sabes…

mucha gente se queja del Baluarte.

El ruido constante de las máquinas, el humo que a veces tapa el sol, el olor a aceite…

pero es un lugar cómodo para vivir.

Especialmente aquí.

Esta zona es una de las más puras de la ciudad, gracias a los filtros de aire que instaló el gremio de magos.

Es nuestro pequeño refugio.

Rury asintió, masticando pensativa.

—Eso me recuerda algo que quería preguntarte.

Antes de venir, mis amigos del Puesto Fronterizo me describieron este lugar como un “Pueblo Minero”.

Me imaginaba casas de madera y caminos de tierra.

¿Cómo cambió tanto en tan pocos años?

Emily dejó su cuchara y adoptó una expresión más seria, aunque con un brillo de admiración.

—Ah, eso.

Fue por el cambio de administración.

—¿Cambio de administración?

—Sí.

Hace unos cinco años, el antiguo jefe de la aldea era…

bueno, digamos que era muy “tradicional”.

No quería comercio, no quería máquinas.

La gente se moría de hambre y las minas apenas producían.

Emily se inclinó hacia adelante.

—Así que el consejo decidió quitarlo de su cargo.

Fue un altercado bastante sonado, pero necesario.

Entonces metieron al Líder actual.

—¿Y él construyó todo esto?

—preguntó Rury, señalando hacia los muros de la ciudad.

—Él trajo la visión —afirmó Emily—.

Fue la mejor decisión que tomaron.

Abrió las puertas al comercio, trajo ingenieros, firmó tratados.

Convirtió un agujero en la tierra en “El Baluarte del Crisol”.

Ahora, gente de todo el continente viene aquí buscando nuevas oportunidades.

Es una ciudad de progreso.

Rury absorbió la historia.

Progreso.

Era una palabra poderosa.

Emily cambió de tema repentinamente, sus ojos líquidos brillando con curiosidad.

—Por cierto, Rury…

tengo que confesarte algo.

Eres la primera elfa que conozco y veo en persona.

—¿De verdad?

—Rury se sorprendió—.

Pensé que en una ciudad tan grande habría más.

—Hay semi-elfos, claro.

Pero una elfa pura…

es raro.

Emily apoyó la barbilla en sus manos, mirándola con fascinación.

—Siempre me encantaron las leyendas sobre tu gente.

Especialmente las de la Gran Guerra.

¿Conoces la historia de los 10 Guardianes del Rey Demonio?

Rury asintió.

—Claro.

Son los héroes que protegieron nuestro continente de la invasión de los humanos hace siglos.

—¡Exacto!

—chilló Emily bajito—.

Una de ellas en especial…

fue la que salvó a mi difunta abuela cuando era solo una niña pequeña.

Mi abuela siempre me contaba sus hazañas heroicas.

Decía que esa guardiana y sus compañeros eran imparables.

Emily sonrió con nostalgia.

—La llamaban La Doncella de la Luna, era una elfa.

Mi abuela decía que siempre aparecía en la noche, con una figura hermosa y plateada, y que su magia era tan suave como la luz de la luna, pero tan mortal como la marea.

Rury sintió un escalofrío recorrerle la espalda.

Dejó el pan sobre la mesa.

—La Doncella de la Luna…

—susurró—.

Mi madre también me contaba historias sobre ella.

Decía que era la maga más elegante que jamás existió.

Que su báculo cantaba cuando lanzaba hechizos.

—¡Sí!

¡Esa misma!

—Emily estaba encantada—.

¡Entonces las historias son ciertas!

Nos pasamos tanto tiempo temiendo a los humanos que a veces olvidamos a los héroes que nos defendieron.

Las dos chicas se quedaron allí, perdidas en la conversación.

Rury habló de las versiones de la historia que los elfos guardaban en sus bibliotecas, y Emily compartió los cuentos orales de su familia slime.

Pasaron treinta minutos hablando y riendo,.

De repente, el reloj de vapor del restaurante silbó.

—¡Ay, no!

—exclamó Emily, poniéndose de pie de un salto—.

¡Se acabó mi descanso!

¡Gourang me va a matar si llego tarde, odia la impuntualidad!

Rury se levantó también, terminando su último trago de agua.

—Tranquila, vamos.

Yo también tengo que volver.

Se despidieron de Caleb y de los padres de Emily, y salieron a paso ligero de vuelta a las calles industriales.

Mientras caminaban de regreso al centro, Rury miró su nueva placa de cobre.

—Emily —dijo Rury mientras divisaban el edificio del Gremio—.

Ahora que soy aventurera…

necesito trabajar.

Pero no quiero ir sola a mi primera misión real.

—Es lo más inteligente —coincidió Emily, recuperando su aliento—.

Los lobos solitarios suelen terminar mal…

como tu amigo de la armadura negra.

—Exacto.

Así que…

voy a buscar un equipo.

Necesito encontrar compañeros para empezar a hacer misiones y ganar dinero.

—El Gremio es el lugar perfecto para eso —dijo Emily, abriendo las puertas dobles—.

Vamos a ver quién está disponible.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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