Las aventuras de la elfa y el caballero oscuro - Capítulo 8
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- Capítulo 8 - 8 El Precio de la furia
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8: El Precio de la furia 8: El Precio de la furia —¡Esa elfa idiota!
La voz de Brakk sonó como un trueno, incluso por encima del rugido de las llamas.
El ogro y Rhen, el hombre-alce, estaban espalda con espalda, rodeados por una docena de Grawlers que se habían separado de la batalla principal.
—¡No debimos dejar la línea, Brakk!
—gritó Rhen, su lanza temblando—.
¡Vamos a morir aquí por una niña tonta!
¿En qué estaba pensando?
¡Cargar así contra un demonio!
—¡Cállate y lucha!
—gruñó Brakk, rompiendo el cráneo de un Grawler con su garrote—.
¡Está enterrada allí!
¡No podemos dejar que las bestias la devoren mientras está indefensa!
¡Ahora, empuja!
Brakk rugió y giró su garrote en un círculo, creando una apertura.
Ambos guardias se lanzaron a través de ella, corriendo hacia la pila de ladrillos y madera donde Rury había desaparecido.
Mientras Rhen vigilaba la entrada del callejón, Brakk comenzó a arrojar escombros.
Con su fuerza de ogro, las vigas de madera y los bloques de ladrillo volaban como si fueran de cartón.
—¡La tengo!
—gruñó, metiendo la mano y sacando a Rury, inconsciente.
Estaba cubierta de polvo, con un feo corte en la frente, pero respiraba.
Brakk se la echó al hombro como si fuera un saco de patatas.
—¡Vámonos!
Mientras corrían de vuelta hacia la plaza, el movimiento y los gritos sacaron a Rury de la oscuridad.
Abrió los ojos.
Todo daba vueltas.
Vio el suelo borroso pasando a toda velocidad.
—¿Dónde…
qué…?
—¡Despertó!
—graznó Rhen, apuñalando a un Grawler que se acercó demasiado—.
¡Rápido, elfa, despierta!
¡Nos están masacrando!
Brakk la bajó al suelo, pero las piernas de Rury cedieron.
Sentía un peso terrible en todo el cuerpo, como si cada hueso estuviera lleno de plomo.
El golpe del demonio la había dejado vacía y rota.
—¡Su báculo!
—gritó Brakk, viendo su baculo brillar entre las manos de Rhen.
Corrió, lo agarró y se lo lanzó a Rury—.
¡Haz algo!
¡Haz magia!
Rury se apoyó en el báculo, intentando ponerse de pie.
Apenas podía respirar.
—¡Estamos rodeados!
—gritó Brakk.
Y era verdad.
Los Grawlers, al verlos detenidos, habían formado un círculo completo a su alrededor, cortándolos de la batalla principal.
Mientras tanto, en la plaza, el demonio de cuatro brazos se limpiaba la sangre de Throk de su puño, sonriendo.
Un chillido agudo cortó el aire.
Alya, la semi-humana águila, descendió en picada.
No atacó.
Sus garras se clavaron en la armadura de cuero de Cyra, y con un batir de alas desesperado, la arrastró por el suelo y la sacó de la línea de fuego, dejándola en el techo de una posada cercana.
El demonio rugió, molesto por la interrupción.
Se giró…
solo para ver a Throk, el Minotauro, saliendo de los escombros.
El Minotauro Avanzado se dirigió a su martillo de herrería, que yacía en el suelo.
Lo recogió.
El demonio se puso en guardia, sus cuatro brazos listos.
Pero Throk no atacó.
Rugió, y el pelaje negro de su cuerpo pareció vibrar con una energía roja.
Levantó el martillo…
y lo golpeó contra el suelo de piedra.
¡CLANG!
Lo levantó de nuevo.
¡CLANG!
No estaba golpeando al azar.
Estaba forjando.
Agarró el mango del martillo con una mano y la cabeza de metal con la otra.
Con un sonido de metal gritando, Throk retorció el arma.
El metal obedeció a su furia y a su fuerza sobrehumana.
La cabeza del martillo se aplanó, se estiró y se curvó.
En segundos, su herramienta de trabajo se había convertido en un hacha de guerra gigante, una hoja brutal y pesada.
El demonio, por primera vez, pareció sorprendido.
Throk notó algo.
El brazo superior izquierdo del demonio—el que Cyra había cortado con su “Destello del Fénix”—colgaba inútil a su costado.
Tres brazos contra mí, pensó Throk, una sonrisa sedienta de sangre en su rostro de toro.
Me gusta.
—¡Ahora…
bailemos!
—rugió Throk, y cargó.
El demonio era rápido, pero Throk era una avalancha.
El demonio usó dos brazos para bloquear la trayectoria del hacha y el tercero para intentar apuñalar al Minotauro en el pecho.
Pero Throk, en su estado Avanzado, era un bruto.
No esquivó.
Dejó que la garra del demonio le arañara el costado, abriendo una profunda herida, solo para poder acercarse.
El hacha bajó.
El demonio bloqueó con dos brazos, pero la fuerza pura detrás del golpe hizo que sus huesos crujieran.
El demonio fue enviado deslizándose hacia atrás por el impacto.
Throk era implacable.
Se convirtió en un torbellino de pelaje negro y acero.
El demonio usaba sus tres brazos funcionales en una defensa desesperada, pero Throk solo estaba midiendo su objetivo.
El demonio apuñaló de nuevo, apuntando al ojo de Throk.
Throk giró la cabeza en el último segundo.
¡Ahora!
Era una finta.
El demonio levantó sus dos brazos buenos para bloquear el golpe mortal a su cabeza.
Pero Throk bajó su hacha en el último segundo.
Con un arco ascendente y salvaje, la hoja masiva golpeó los dos brazos derechos del demonio.
Hubo un sonido húmedo de carne y hueso partiéndose.
El demonio soltó un chillido que heló la sangre, un sonido de verdadero terror.
Tropezó hacia atrás, mirando con incredulidad sus muñones sangrantes.
Un brazo colgaba inútil (el de Cyra).
Dos brazos estaban ahora en el suelo.
Solo le quedaba un brazo.
Throk se rio, un sonido grave y aterrador que vibró en el pecho de cyra a pesar de la distancia.
—¡Se acabó, escoria!
¡Este es tu fin!
El Minotauro levantó su hacha gigante para el golpe final.
Apuntó al cuello del demonio lisiado.
Cargó a toda velocidad, un borrón negro de furia imparable, listo para rematar a la bestia.
Thud.
Throk se detuvo en seco, a solo dos metros del demonio.
Miró hacia abajo, confundido.
El hacha se sentía…
mal.
Su brazo izquierdo—el que sostenía el peso imposible del hacha recién forjada—ya no estaba unido a su hombro.
Había caído limpiamente al suelo, todavía agarrando el mango del hacha.
El Minotauro Avanzado miró su hombro ahora vacío.
Luego miró al demonio herido.
Throk, el Minotauro Avanzado, estaba de pie, jadeando, con un solo brazo.
Frente a él, el demonio lo imitaba, lisiado, con un brazo funcional colgando y otros dos destrozados en el suelo.
Al otro lado de la plaza, Rury, Brakk y Rhen, que seguían rodeados por Grawlers menores, también se detuvieron.
Las bestias menores dejaron de atacar, como si esperaran una orden.
Entonces, el demonio hizo algo peor que atacar.
Se rio.
Era un sonido seco, rasposo, como el de una tumba abriéndose.
Y entonces habló, no con un gruñido, sino con palabras.
—Gra…
cias…
minotauro.
La voz era profunda, gutural, y resonaba con un poder antinatural.
Hablaba el idioma universal, la lengua que todos los humanoides y razas civilizadas usaban, la misma que Rury estaba pensando.
Las bestias como los Grawlers no debían saberla; solo seguían su instinto de destruir y cazar.
—El…
dolor…
—dijo el demonio, mirando sus propios muñones—.
La…
furia…
es un buen catalizador.
El grupo observó horrorizado cómo el demonio líder comenzaba a retorcerse.
—Ustedes…
me hicieron…
más fuerte.
Su cuerpo, ya de un rojo profundo, comenzó a oscurecerse, volviéndose de un color negro obsidiana, similar al pelaje de la transformación de Throk.
Sus heridas se cerraron con un vapor siseante.
Los muñones de sus brazos explotaron en una masa de carne nueva.
Los brazos se reconstruyeron, pero esta vez, eran diferentes.
Cuatro brazos en total, dos en cada lado, perfectamente formados, con garras afiladas.
Un solo cuerno, grueso y retorcido, brotó del centro de su cráneo.
Y sus pies, sus pezuñas de obsidiana, se partieron y se reformaron, alargándose hasta convertirse en una especie de manos prensiles, como las de un chimpancé, que se aferraron al suelo de piedra agrietándolo.
El poder que irradiaba era asfixiante.
Rury, incluso rodeada de enemigos, sintió que su maná se encogía ante la presencia de esa cosa.
Todos quedaron atónitos, paralizados ante esta evolución imposible.
—¡Maldición!
—gritó una voz desde el tejado.
Cyra saltó desde el edificio donde Alya la había dejado.
Aterrizó pesadamente, agarrando su hombro herido, pero recogió su claymore con la mano buena.
Throk, con un solo brazo, levantó el mango roto de su hacha, preparándose para usarlo como un garrote.
El demonio, en su nueva forma, los observó, saboreando su terror.
Justo cuando iba a dar su primer paso, una nueva voz gritó desde el callejón.
—¡¡ABOMINACIÓN, QUÉDATE QUIETA!!
Era Reha, el brujo teletransportador.
Vio la escena—el demonio transformado, sus amigos heridos—y actuó por instinto.
Con un grito agudo, lanzó un hechizo de atadura.
Olas de energía azul salieron de sus manos e inmovilizaron al demonio en el lugar.
—¡CYRA, ATRÁS!
—gritó Reha, corriendo hacia la plaza—.
¡Es demasiado fuerte para el combate físico!
¡Pero no para un brujo!
Reha levantó sus manos, sus ojos brillando con un poder púrpura.
—¡Te maldigo!
¡Con la Maldición del Umbral Mágico!
Una esfera de energía oscura, crepitante, se formó entre sus manos.
Le gritó al grupo: —¡Esta maldición anula la resistencia mágica!
¡Si su poder es superado por la persona que le lance un hechizo, este lo recibirá de lleno y no podrá ser anulado!
Reha lanzó la esfera oscura.
El hechizo golpeó al demonio inmovilizado en el pecho.
A diferencia de un ataque, la energía no explotó.
En lugar de eso, se hundió en la piel negra del demonio, brillando bajo su superficie como runas púrpuras.
La maldición se había atado.
—¡Funcionó!
—gritó Reha, triunfante—.
¡Estás marcado, demonio!
¡Esa es la maldición del Umbral!
¡Anula tu resistencia, pero solo si el poder del lanzador supera el tuyo!
¡Y mi poder es absoluto!
¡Ahora, prueba el final!
¡AGUJERO NEGRO!
Reha juntó sus manos, y una esfera de oscuridad pura, un vacío que absorbía la luz de las llamas a su alrededor, se formó.
La lanzó.
El orbe de oscuridad se estrelló contra el pecho del demonio maldito.
Hubo un segundo de silencio…
y entonces, el agujero negro…
se hizo polvo.
Se desintegró.
Se convirtió en ceniza inofensiva que cayó a los pies del demonio.
La sangre desapareció del rostro de Reha.
—No…
no…
imposible.
El demonio seguía atado por la maldición (las runas púrpuras seguían allí, brillando), pero el ataque no le había hecho nada.
Reha tartamudeó, su confianza rota.
—La maldición…
la maldición se ató…
pero el ataque…
¡Significa que el Umbral está activo, pero mi poder…
mi poder mágico…
es inferior al suyo!
¡Oh, no…!
El hechizo de inmovilización (el primero) se rompió con un sonido de cristal que se quiebra.
El demonio sonrió, las runas púrpuras de la maldición brillando burlonamente en su pecho.
—Débil —dijo, su voz ahora perfectamente clara y fluida—.
Brujo inútil.
Me has dado un…
cosquilleo.
Dio su primer paso, sus nuevas manos-pies agarrándose a la piedra con una fuerza aterradora.
El plan de Reha, la última esperanza mágica, había fracasado de la peor manera posible.
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