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Las aventuras de la elfa y el caballero oscuro - Capítulo 9

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9: Meteoro 9: Meteoro Al otro lado de la plaza, la batalla de Rury, Brakk y Rhen había terminado.

El último Grawler cayó con un golpe sordo del garrote del ogro.

—Se acabaron —jadeó Brakk.

—¡Miren!

—graznó Rhen, señalando hacia la plaza principal.

Los tres corrieron desde el callejón, justo a tiempo para ver la escena completa.

El demonio había renacido en una nueva forma aterradora.

Vieron a Cyra (herida), a Throk (con un solo brazo) y a Alya (en el aire) en una tensa espera.

Y entonces vieron a Reha.

Llegaron justo cuando el brujo gritaba: “¡Ahora, prueba el final!

¡AGUJERO NEGRO!” Vieron con horror cómo el ataque de oscuridad pura se estrellaba contra el demonio…

y se desintegraba en cenizas.

El silencio que siguió fue peor que cualquier grito.

—¡Fracasó!

—susurró Rury, su corazón hundiéndose—.

¡El ataque de Reha fracasó!

—Débil —retumbó la voz del demonio, ahora clara y fluida—.

Brujo inútil.

El demonio rompió la parálisis de Reha y dio un paso adelante.

La desesperación era palpable.

Throk y Cyra se prepararon para un ataque suicida, sabiendo que era inútil.

Pero Rury estaba mirando las runas.

Las runas púrpuras de la “Maldición del Umbral” que Reha había lanzado seguían brillando intensamente bajo la piel negra del demonio.

¡La maldición no falló!, pensó Rury.

¡Sigue ahí!

Tomó una decisión.

—¡Brakk, Rhen, cúbranme!

Ignorando el peligro, Rury corrió a través del campo de batalla, esquivando los escombros en llamas, y se deslizó junto a Reha, que estaba pálido y temblando de shock.

—¡Reha!

¡La maldición!

—gritó Rury.

—¡No funcionó, niña!

¡Mi poder es inferior!

¡Estamos muertos!

—¡No!

—insistió Rury—.

¡La maldición sigue ahí!

¡Vi las runas!

¿Significa que el Umbral está activo?

Reha la miró, dándose cuenta.

—Sí…

sí, la maldición se ató.

Solo falló mi ataque.

El Umbral sigue…

¡espera!

¡Tú!

¡Tu maná!

¡El que anuló mi teletransporte!

¡Tu poder mágico es caótico!

¡Es enorme!

El demonio estaba ocupado avanzando hacia Throk, listo para acabar con el Minotauro lisiado.

—¡Rury!

—dijo Reha, su voz llena de una esperanza desesperada—.

¡Lánzale algo!

¡Un hechizo de prueba!

¡Cualquier cosa!

¡Rápido!

Rury no lo dudó.

Levantó su báculo.

No tenía tiempo para un cántico complejo.

Canalizó su maná, una sensación familiar y poderosa, y gritó la palabra de un hechizo básico.

—¡Flecha de Agua!

Un chorro de agua del tamaño de una lanza, imbuido con el poder puro de Rury, salió disparado del báculo.

El demonio, sintiendo la amenaza, intentó desviar la flecha con uno de sus brazos libres.

¡ZAS!

No hubo resistencia.

La “Flecha de Agua”, un hechizo que normalmente rebotaría en una armadura de cuero, atravesó el brazo del demonio y le perforó limpiamente el pecho, saliendo por la espalda en un géiser de vapor y sangre negra.

El demonio rugió.

Un rugido no de ira, sino de dolor genuino.

Se detuvo.

Se miró el agujero humeante en el pecho.

Y entonces, todos lo vieron.

La carne alrededor de la herida comenzó a retorcerse y a regenerarse.

El agujero se estaba cerrando, lenta pero visiblemente.

El demonio levantó la cabeza.

Lentamente, giró su cráneo cornudo y sus ojos rojos se clavaron directamente en Rury.

Lo había entendido.

Ella era la única allí que podía hacerle daño permanente.

Ella era la única amenaza real.

Su regeneración podía curar la herida, pero era más lenta que un ataque repetido.

Con un rugido que hizo temblar el suelo, el demonio se olvidó de Throk, se olvidó de Cyra, y se lanzó a toda velocidad hacia Rury.

Estaba desesperado por eliminarla.

—¡Oh, no…

—murmuró Reha.

—¡NIÑA, CORRE!

—gritó Cyra.

Pero los demás entendieron el plan al instante.

—¡NO LA TOCARÁS!

—rugió Throk.

El Minotauro herido interceptó la carga.

No usó su arma rota, usó su cuerpo.

Se lanzó contra las piernas del demonio como un ariete, un choque de titanes que hizo temblar la plaza.

El demonio tropezó, pero Throk era implacable.

Se aferró a él, usando su único brazo y su peso masivo para empujarlo.

Alya descendió en picada, no para atacar, sino para distraer, rastrillando con sus garras los ojos del demonio.

Cyra, con su hombro herido, usó el lado plano de su claymore como palanca, clavándola en el suelo y usándola para hacer tropezar a la bestia.

Comenzó una danza desesperada.

Throk y Cyra no estaban luchando, estaban pastoreando.

Esquivaban los cuatro brazos del demonio, que se agitaban salvajemente tratando de matarlos y seguir hacia Rury.

Recibían golpes que los lanzaban contra las paredes, pero se levantaban y volvían a empujar, bloquear y esquivar.

No podían herirlo.

Pero podían moverlo.

Pulgada a pulgada, empujaron a la bestia enfurecida y regenerándose de vuelta hacia la muralla rota, alejándolo del centro de la ciudad y dándole espacio a su maga.

Reha agarró los hombros de Rury.

—¡FUNCIONÓ!

¡La maldición está activa y tu poder mágico es MÁS GRANDE que el suyo!

¡El Umbral está de tu lado, Rury!

¡No puede anular tu magia!

—¡Entendido!

—dijo Rury, su mente acelerada.

—¡Necesitamos un hechizo de destrucción!

¡Un hechizo de nivel de catástrofe!

¡AHORA, mientras lo contienen!

Rury apretó el báculo.

—Yo…

¡no sé muchos!

¡Estuve aislada!

¡El único que leí en los textos prohibidos…

es ‘Caída de la Estrella’!

—¿Un meteoro?

—Los ojos de Reha se abrieron con alegría—.

¡Con tu poder, dejaras en cenizas a ese demonio!

—¡Los están alejando!

—dijo Rury, viendo cómo la batalla se movía hacia las afueras.

—¡Hazlo!

—gritó Reha—.

¡Con eso es suficiente!

¡PREPÁRATE!

Rury asintió.

Plantó su báculo en el suelo.

El Susurro Lunar brilló con una luz púpura tan intensa que agrietó la piedra.

Cerró los ojos y comenzó el cántico.

El aire sobre el Puesto Fronterizo comenzó a vibrar.

Las nubes se arremolinaron, y muy por encima de ellas, un punto de luz roja comenzó a nacer.

El demonio sintió la acumulación de poder.

Rugió y se quitó a Throk de encima con una patada brutal.

Estaba a punto de cargar de nuevo hacia Rury.

—¡AHORA NO!

—gritó Reha, usando sus últimas reservas—.

¡ATADURA DE PARÁLISIS!

El demonio se congeló en el lugar, sus músculos tensos por el hechizo de Reha.

Throk vio su oportunidad.

Con su único brazo, corrió hacia el demonio paralizado.

—¡TE REGRESO AL INFIERNO, BASTARDO!

Con un rugido que sacudió los cimientos, el Minotauro no golpeó al demonio.

Se posicionó debajo de él y, con una hazaña de fuerza imposible, levantó a la bestia paralizada sobre su cabeza y, con un giro, la arrojó con toda su fuerza hacia el cielo, lejos del asentamiento.

Rury terminó el cántico.

Abrió los ojos, que brillaban con un poder púrpura tan intenso que sus lágrimas parecían arder.

El cielo sobre ellos era de un rojo hirviente.

Gritó las últimas palabras del hechizo, su voz resonando con una autoridad arcana que hizo temblar el aire.

—¡Por el brillo de las estrellas fugaces, otórgame el poder de la destrucción…!

¡¡CAÍDA DE LA ESTRELLA, METEORO!!

Apuntó su báculo directamente al demonio que volaba por el aire.

En lo alto, el punto rojo que había nacido en las nubes se desgarró.

Dejó de ser un punto y se convirtió en una montaña.

Una roca colosal, envuelta en llamas púrpuras y rojas, más grande que la aldea de Rolf entera, se desprendió del cielo como un dios vengativo.

El demonio, en el ápice de su vuelo, giró su cabeza.

Sus ojos rojos, que habían estado llenos de furia y arrogancia, se abrieron con genuino terror.

Abajo, en el suelo, Throk, Cyra, Reha, Brakk y Rhen, todos miraron hacia arriba, sus rostros iluminados por la luz infernal que crecía segundo a segundo.

Incluso los Grawlers menores restantes en los callejones dejaron de luchar, paralizados por la aniquilación que se acercaba.

El meteoro cayó.

Impactó al demonio en pleno vuelo, a un kilómetro de distancia del Puesto Fronterizo.

No hubo un simple choque.

Hubo un estruendo ensordecedor que borró todos los demás sonidos, un rugido que pareció romper el amanecer.

Una luz blanca cegadora lo llenó todo por un instante, seguida de una ola de choque que lanzó a todos, sin excepción, de bruces contra el suelo.

La tierra tembló violentamente, como si el mundo mismo se estuviera partiendo.

Y luego, por un largo, largo segundo, todo fue silencio.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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