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Las Aventuras de un Caballero Sobrepoderoso en Otro Mundo - Capítulo 603

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Capítulo 603: Capítulo 603- Reavivamiento del Árbol del Mundo y Aurelian (2)

Durante este tiempo, nadie más intentaría acapararlo o molestarlo.

Hoy era el día en que a Melissa le tocaba tenerlo para ella sola. Y no fue fácil. Como era uno de esos días especiales en los que toda la ciudad estaba de fiesta, todas las chicas querían formar parte de la noche de celebración.

Sin embargo, Melissa las combatió con razones irrefutables.

—¿Ah, sí? —Aunque Reinhardt no sabía nada sobre el acuerdo de ellas, se lo podía imaginar.

Aunque era verdad que le gustaba tenerlas a todas a la vez, las noches tranquilas como esta, en las que podía dormir con una sola mujer cada noche, tampoco estaban mal.

Un rato después, los sonidos húmedos y rítmicos de su acoplamiento comenzaron a reverberar por toda la habitación.

Fue entonces…

Toc… Toc…

Llamaron a la puerta. Reinhardt y Melissa, que estaban enredados sobre la cama, se quedaron inmóviles.

Reinhardt miró hacia la puerta con el ceño fruncido, con la polla aún enterrada en el ardor de Melissa. Ella, por su parte, se tensó bajo él.

¿Quién podría estar llamando a su puerta a estas horas?

A diferencia de Melissa, Reinahrdt no se inmutó; se limitó a mirar hacia la puerta. Ya sabía quién era.

Solo que no esperaba que vinieran a estas horas.

Volvieron a llamar a la puerta de su habitación y, desde el otro lado, se oyó una voz.

—Lord Reinhardt, soy Elina. Lamento molestarlo a estas horas, pero hay algo que debo informarle.

La persona al otro lado no era otra que Elina, una experta tiradora elfa.

—Paremos por ahora —dijo Reinhardt, retirándose lentamente de su coño y vistiéndose despacio.

Luego, tras apurar una copa de vino, se puso una bata y abrió la puerta.

Tal como la voz había anunciado, era Elina. Estaba sola.

—Entra —dijo, y sin esperar respuesta, se dio la vuelta directamente.

Elina tenía la cara sonrojada. Como Reinhardt y Melissa no se habían molestado en bajar la voz, ella lo había oído todo desde fuera.

Al entrar en la habitación, el rostro de Elina se tiñó de un intenso carmesí.

El denso aroma en el aire, el desorden del dormitorio y el tono lascivo de la luz de la vela…, todo delataba la pasión que había tenido lugar en la habitación.

La mirada de Elina se desvió de la habitación hacia la cama. Allí, tumbada sobre las revueltas sábanas de seda, estaba Melissa. Su cuerpo, semidesnudo, brillaba por el sudor.

El calor de la habitación parecía condensarse en el denso e inconfundible olor a sexo que la golpeó como una ola.

A Reinhardt no le importó hacia dónde se dirigía la mirada de Elina. Se sentó con indiferencia en el borde de la cama y la observó.

—¿Qué ocurre, Elina? ¿Cuál es ese asunto tan importante del que hablabas que no podía esperar a la mañana?

Elina reprimió su vergüenza y habló con voz seria.

—Es sobre Cecilia. He hablado con ella. No se la sabe, la canción legada por la familia real.

Reinhardt frunció el ceño, sin comprender la gravedad de la situación. Al fin y al cabo, no era un elfo y desconocía la importancia que las canciones tenían para su raza.

—¿Qué quieres decir? —Aunque su expresión no cambió, el ambiente a su alrededor sí lo hizo.

Elina continuó: —Cuando hablé con Cecilia sobre lo que necesitaría para el ritual de mañana, me dijo que… su madre nunca le enseñó ninguna canción. Ni una sola.

—¿De verdad son tan importantes las canciones?

Elina no respondió de inmediato. En su lugar, le sostuvo la mirada y dijo con un tono de absoluta seriedad:

—Las canciones de los elfos… no son solo canciones. Son nuestra identidad. Nos dicen quiénes somos… de dónde venimos. Portan las voces de nuestros ancestros. Son… nuestra historia, inmortalizada.

Su voz portaba una serena gravedad. Reinahrdt entrecerró ligeramente los ojos. Aunque le costaba entender su obsesión por las canciones, sabía lo suficiente como para comprender que cada raza tenía algo que le importaba profundamente.

Y para los elfos, eran sus canciones.

Pero ese no era el problema. El verdadero problema era…

—Cecilia necesita las canciones de sus ancestros para revivir el Árbol del Mundo.

Elina aclaró: —Para despertar el Árbol del Mundo… la Alta Elfa debe cantar. Es la forma en que la Sacerdotisa se conecta con el árbol. Aunque no sé mucho, las canciones de mi clan hablan de la antigua sacerdotisa elfa que le cantaba al Árbol del Mundo.

—¿Qué?

Esto era un asunto serio, sin duda. Con razón Elina había llamado a su puerta a estas horas.

Resulta que, aunque había conseguido todo el material y a la persona necesaria para revivir el Árbol del Mundo, a dicha persona le faltaban algunos de los requisitos.

—¿Y si plantamos la semilla sin más? ¿No se puede revivir el Árbol del Mundo sin una canción?

—¿Sin más? —Elina bajó la mirada—. Las probabilidades… son extremadamente bajas.

No era imposible, pero casi.

—Ya veo…

Por un momento, nadie en la habitación habló. Incluso Melissa escuchaba en silencio la conversación desde la cama, sin moverse.

Puesto que el método estándar no iba a funcionar, tendrían que encontrar otra manera.

—Ya que es una canción, ¿qué tal si le enseñas las canciones de tu tribu? —preguntó Reinhardt, mirando a Elina.

—Yo… —Ella se tensó ligeramente y luego negó con la cabeza.

—No es tan simple. Hay diferencias entre los linajes. La canción real es… única. Porta autoridad…, resonancia…, algo más profundo.

Dicho esto, se señaló a sí misma.

—Las canciones legadas en mi familia… no son las mismas. Puede que no basten. Y lo que es más importante: las canciones de la familia real contienen los nombres de sus ancestros que ya han establecido una conexión con el Árbol del Mundo.

«Así que es eso, ¿eh?», reflexionó Reinhardt para sí mismo.

No descartó la idea por completo, ni admitió la derrota. Había llegado muy lejos y hecho todos los preparativos necesarios. De ninguna manera iba a echarse atrás ahora.

Elina lo miró. Por un momento, la incertidumbre titiló en sus ojos. Tras dudar un instante, volvió a hablar.

—Aun así… lo intentaré.

Reinhardt asintió. —Con eso basta.

No quiso presionarla demasiado y simplemente dejó que el destino siguiera su curso.

Por supuesto, si fuera necesario, él intervendría.

Aunque era un asunto serio, Reinhardt no estaba demasiado preocupado.

Asterius, el Rey Espiritual, le había asegurado que el Árbol del Mundo de su mundo podía ser revivido. Este último no lo habría hecho embarcarse en una misión inútil.

El Rey Espiritual también debía de ser consciente de este problema. Y, a pesar de ello, le había dado su palabra a Reinhardt. Eso tenía que significar que había una solución.

—No te preocupes, se solucionará de una forma u otra.

La confianza de Reinhardt hizo que la expresión de Elina se suavizara. El renacimiento del Árbol del Mundo era un acontecimiento trascendental para los elfos.

No era solo su deidad, sino también la fuente de su poder.

Una vez terminada la discusión, un silencio incómodo envolvió el lugar. Reinhardt se dio cuenta de que Elina había estado inquieta todo el tiempo, retorciendo los muslos con nerviosismo y lanzando miradas sutiles a Melissa, que seguía en su cama.

Antes, se había apresurado demasiado a informar a Reinhardt y no había considerado nada más.

Sin embargo, ahora que la conversación había terminado, por fin se dio cuenta del espacio íntimo que había invadido.

Reinhardt miró a Elina y una sonrisa pícara se dibujó en su rostro.

—Bueno, el asunto está zanjado, entonces. Pero sigues aquí. Y pareces… inquieta.

Sobresaltada, Elina se sonrojó profundamente. —N-no lo estoy.

—Sí que lo estás —la interrumpió Reinhardt con tono juguetón.

—Esta noche es la celebración de mi título. Las formalidades ya han terminado, y estábamos en mitad de la verdadera celebración. Puesto que ya estás aquí y parece que tienes algo en mente, ¿por qué no te quedas y te unes a nosotros?

La pregunta quedó en el aire como una invitación impactante y audaz.

A Melissa, en la cama, la pilló por sorpresa. Hoy era su día para tener a Reinhardt para ella sola. Para conseguirlo, incluso había combatido a sus rivales.

Aun así, no le importó. De todos modos, también se estaba cansando un poco. Quizás Elina podría tomar el relevo durante un rato.

Fuera como fuese, su mirada no dejaba de alternar entre Elina y Reinhardt con una profunda y oculta curiosidad.

Melissa creía que conocía a todas las mujeres íntimas de Reinhardt. Sin embargo, hoy había aparecido otra contendiente.

Y, por la forma en que Elina miraba a Reinhardt, su instinto femenino le decía que aquello era algo más que un lío de una noche.

«¿Unirme a vosotros para celebrar como es debido?». Elina se quedó paralizada, con una expresión indescifrable.

—Solo estoy brom… —Reinhardt estaba a punto de decir que bromeaba. Sin embargo, ni él mismo esperaba que Elina fuera a aceptar su oferta.

La vergüenza no desapareció de su rostro, sino que se transformó, mezclándose con una audaz determinación. Dio un paso al frente y habló con voz suave pero firme.

—Sí.

Los labios de Melissa se entreabrieron con sorpresa y luego se curvaron en una sonrisa socarrona. Dejó que la sábana resbalara un poco, revelando más de su cuello y su escote.

—Ponte cómoda.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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