Las Cartas de Eldrim - Capítulo 157
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157: Imbécil arrogante 157: Imbécil arrogante —¿Cómo lo descubriste?
—preguntó Vanessa mientras retrocedía—.
Incluso ahora, mantenía su disfraz.
No era solo su pelo lo que era diferente, su piel era más clara, era más alta y sus ojos eran más brillantes.
Nero sonrió con aire de suficiencia mientras la miraba.
No había descubierto su disfraz, aunque sentía mucha curiosidad por saber cómo se las había arreglado exactamente para engañar al ejército.
La cantidad de controles que tenían antes de dejar entrar a alguien en Lumina no eran pocos.
No creía que ella pudiera engañarlos con su nivel.
—¿Te atreverías a adivinar?
—preguntó Nero, divertido por su irritación.
Venessa soltó el escudo, sacó otra daga negra e intentó atacar a Nero una vez más.
Técnicamente, las dagas eran una mala combinación contra una lanza, ya que él podía usar fácilmente la longitud de la lanza para mantenerla a distancia, sin que ella pudiera golpearlo.
Por el contrario, si ella lograba abrirse paso y acercarse, a él le resultaría difícil bloquear sus dos dagas.
Pero nada de eso importaba ante el simple hecho de que Nero era mucho más rápido que ella.
Jugaba con ella dejándola acercarse, pero cada vez que intentaba atacar, él le agarraba la mano y la apartaba, haciendo que pareciera que estaban bailando.
—¿Y cómo has entrado en la ciudad?
—preguntó finalmente, después de tomarle el pelo un poco—.
Habría sido mucho más divertido si no llevara un disfraz.
—Eres un capullo arrogante, ¿lo sabías?
—preguntó ella, frustrándose.
El problema era que ella de verdad estaba intentando golpearlo, pero él la esquivaba con suma facilidad.
En este entorno de baja visibilidad, se suponía que ella tenía la ventaja.
Incluso había logrado esconderse de los berserkers, que era como había sobrevivido, pero Nero no solo había descubierto su disfraz, sino que también había bloqueado su ataque por sorpresa.
El problema era…
que no podía dejarlo marchar ahora que conocía su identidad.
Sabía que él era muy patriota, así que era imposible que hiciera caso omiso de una espía extranjera.
¿O sí?
—Estás hiriendo mis sentimientos —dijo Nero mientras fingía una expresión de tristeza.
Pero verlo así enfureció a Vanessa aún más.
Casi sintió el impulso de tirar las dagas al suelo y simplemente marcharse.
Pero en lugar de eso, se calmó y estudió a Nero.
No había hecho nada amenazador…
todavía.
Quizá existía la posibilidad de que esto pudiera resolverse amistosamente.
Todavía no quería recurrir a medidas más drásticas.
—¿Cómo me descubriste?
—volvió a preguntar, esta vez con calma y sin atacarlo.
—Tsk, qué aburrido —dijo Nero, al ver que había dejado de atacar—.
Te lo diré si me dices cómo te las apañaste para entrar en la ciudad sin ser detectada.
—Trato hecho.
—Hubo algunas pistas —admitió Nero—.
No estaba exactamente seguro de que fueras tú, pero las probabilidades eran altas.
En primer lugar, aunque tu disfraz es bueno, tenía un fallo importante.
Todo el mundo en Kolar empieza el entrenamiento de combate a una edad muy temprana, en la escuela secundaria.
Mucho antes de que podamos elegir qué armas nos van mejor, pasamos por un entrenamiento básico con varias armas diferentes.
—En resumen, sin importar qué arma use alguien, puedo reconocer su postura si ha recibido entrenamiento de Kolar.
Tu disfraz era bueno, pero para tu altura y peso, la forma en que te parabas con la espada y el escudo, la forma en que los movías, la forma en que los sujetabas, todo ello resultaba…
raro.
No sé cómo describirlo de otra manera.
La mayoría de la gente no le prestaría demasiada atención, pero inherentemente da la sensación de que no encaja.
—¿Eso es todo?
¿Cómo sabes que no recibí un tipo de entrenamiento diferente?
Eso no es suficiente para determinar que algo va mal.
—Sí que lo es.
Estás subestimando lo significativo que es ese pequeño fallo.
Pero bueno, eso fue solo una de las muchas cosas.
Otra cosa es tu forma de andar.
Es muy silenciosa.
Aunque esta vez tus pasos se oían, teniendo en cuenta el peso de tus armas, armadura, equipo y cuerpo, seguían siendo demasiado ligeros.
Luego están las dagas.
—Con ropa normal, podría estar bien esconder dagas debajo, ¿pero cómo vas a acceder a ellas bajo la armadura?
Por no mencionar que, teniendo en cuenta lo ajustada que se supone que es tu armadura, no deberías poder meter dagas debajo.
Te cortarían la piel.
Pero lo hiciste de todos modos, que es lo que me hizo pensar que quizá tu habilidad tiene algo que ver con las dagas.
Vanessa frunció los labios, como si tomara nota mental de todo lo que Nero decía, aunque no creyera que fuera nada importante.
—¿Eso es todo?
Nero sonrió con aire de suficiencia.
—También te pusiste visiblemente nerviosa cuando nos viste en el nivel 3 —dijo—.
Tus músculos se tensaron y apretaste la mandíbula.
Teniendo en cuenta que se suponía que no nos habíamos visto nunca, el hecho de que verme te pusiera nerviosa era extraño.
Vanessa apretó los puños.
No podía negar que no le había hecho precisamente gracia verlo.
¿Qué probabilidades había de que acabaran en la misma misión en esta vasta ciudad?
Teniendo en cuenta la asombrosa capacidad de observación de Nero, se había puesto nerviosa pensando que podría reconocerla.
Al final se convenció a sí misma de que era imposible que él descubriera su disfraz perfecto.
Técnicamente, tenía razón.
El problema no había sido el disfraz en sí, sino otras cosas.
—Eso es todo.
Ahora es tu turno.
¿Cómo superaste todos los controles de seguridad sin que te detectaran?
Vanessa tenía una expresión reacia, pero se lo dijo de todos modos.
—No pasé los controles de seguridad sin ser detectada.
De hecho, me detectaron.
Mi presencia aquí forma parte de…
ciertos esfuerzos de cooperación entre nuestros dos países que es mejor mantener en secreto por el momento.
—¿Estás aquí por los artefactos?
—preguntó Nero, yendo a lo que de verdad le importaba.
Tenía mucho más sentido que el ejército le hubiera permitido entrar a propósito, aunque no le sorprendería que lo hubiera hecho una facción específica del ejército, manteniéndolo en secreto para las demás.
Ahora lo que necesitaba saber era si competía con él, aunque en realidad no importaba.
No renunciaría a los artefactos, ni siquiera por ella.
Pero sería mejor que tuviera un objetivo diferente.
—No, pero no puedo decirte para qué estoy aquí, así que no te molestes en preguntar.
¿Estaba mintiendo?
Nero creía que no, pero existía la posibilidad.
Una parte de él estaba decepcionada de que ella hubiera entrado en razón tan rápido.
Por razones que no podía comprender, a Nero le estaba gustando mucho tomarle el pelo.
Fuera como fuese, ahora que tenía su respuesta, podía volver a centrarse en su misión.
Sin embargo, se quedó allí de pie, mirándola.
—¿Qué pasa?
—preguntó ella finalmente, incapaz de adivinar en qué pensaba.
Nero se dio la vuelta y miró la urna de cristal.
La criatura parecida a una pantera seguía mirándolos, observándolos.
—¿Sabes qué es eso?
Lleva un rato mirándonos.
—No puedo decirlo —respondió ella de forma sucinta.
Tras un momento, al no haber nada más que decir, Nero se dio la vuelta.
—Ten cuidado de ahora en adelante.
Si alguien más te descubre, dudo que te libres de rositas.
Vanessa abrió la boca para responder, pero no supo qué decir.
—Esa actitud de sabelotodo que tienes es realmente molesta —murmuró.
—Aunque no sepas la respuesta a algo, no puedes dejar que los demás se enteren —respondió Nero con una risita.
La presencia de Vanessa aquí era muy interesante.
Había varias cosas que se cocían bajo la superficie en Lumina, y eso no se refería a los sótanos donde todos los Neófitos estaban luchando.
A Nero todavía le quedaban dos misiones más por hacer después de esta, de las cuales solo conocía los detalles de una.
El nivel de secretismo era absurdo, pero, por otro lado, teniendo en cuenta lo que estaba en juego, tenía sentido.
Nero apartó todos los demás pensamientos aleatorios mientras volvía a la lucha.
Vio a Leonard y a Harold en medio de una intensa pelea.
La habilidad de Harold era especialmente potente contra los que les gustaba usar escudos, así que eran una mala combinación el uno para el otro.
Nero se abalanzó hacia delante y, en lugar de atacar a Leonard, usó la contera de su lanza para barrerle la pierna, haciendo que Leonard tropezara.
El cambio repentino pilló a Leonard completamente por sorpresa, y la abertura que reveló fue toda la oportunidad que Harold necesitaba.
Finalmente rompió su defensa y le asestó un buen golpe en la mandíbula a Leonard, dejándolo inconsciente.
Harold y Nero cruzaron una mirada y, con un entendimiento tácito, avanzaron para eliminar a los otros soldados, uno por uno.
Harold conocía a Nero desde hacía mucho tiempo, incluso más que a Gabriel, por lo que su trabajo en equipo era impecable, para gran pesar de sus enemigos.
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