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Las cenizas de Liria - Capítulo 21

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  3. Capítulo 21 - 21 Capítulo 21 — Piedra y pluma
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21: Capítulo 21 — Piedra y pluma 21: Capítulo 21 — Piedra y pluma La puerta del archivo no terminó de cerrarse.

Algo la detuvo desde el otro lado.

Un golpe seco.

No pesado.

Rápido.

Las garras rasgaron la piedra con un sonido agudo que vibró en los dientes.

Grek retrocedió un paso.

—No es grande —murmuró.

—No necesita serlo —respondió Dorian.

La hendidura vertical volvió a abrirse, apenas lo suficiente.

Primero entró el ojo.

Amarillo.

Vertical.

Inmóvil.

Luego el pico.

Curvo, manchado de polvo gris.

La criatura inclinó la cabeza en un ángulo antinatural antes de deslizarse por la abertura con una fluidez inquietante.

Era más pequeña de lo que Dorian esperaba.

Del tamaño de un perro grande.

Cuerpo cubierto de plumas rígidas que parecían escamas superpuestas.

Patas terminadas en garras finas, adaptadas para aferrarse a superficies verticales.

No avanzó hacia ellos.

Saltó.

Directo a una de las paredes.

Se aferró como si la gravedad no aplicara.

—No la miren demasiado tiempo —dijo Kael, bajando apenas la vista.

La cockatrice emitió un sonido bajo.

No un chillido.

Un murmullo vibrante que parecía deslizarse bajo la piel.

Y atacó.

No frontal.

Se lanzó desde la pared hacia Dorian con una velocidad imposible de anticipar.

Dorian giró sobre el eje del talón, desviando la primera garra con el antebrazo y redirigiendo el impulso de la criatura con la palma abierta.

El impacto cambió apenas su trayectoria.

Pero el segundo ataque fue más rápido.

Una garra rozó su antebrazo antes de que pudiera retirarlo.

No dolió.

Eso fue lo inquietante.

La criatura ya estaba en otra pared antes de que Dorian pudiera responder.

—¿Estás herido?

—preguntó Elarith.

Dorian apretó la mandíbula.

—Solo un rasguño.

Intentó flexionar los dedos.

El movimiento fue torpe.

La piel alrededor del corte comenzaba a endurecerse, adquiriendo un tono grisáceo.

Grek levantó una chispa en la palma, iluminando la sala con destellos inestables.

La cockatrice evitó la luz directa.

Se desplazó hacia una zona en sombra.

—Busca ángulos muertos —dijo Kael—.

No va a enfrentarnos de frente.

Elarith levantó la mano marcada.

El ojo se abrió.

Demasiado.

Durante un segundo, vio dos criaturas.

Una en la pared izquierda.

Otra en el techo.

Parpadeó.

Solo había una.

Pero ya no estaba donde creía.

La cockatrice descendió en picado hacia ella.

Dorian se interpuso, usando el hombro para desviar el impacto y empujando a Elarith fuera de la trayectoria.

La criatura rebotó contra su torso y cayó rodando antes de impulsarse de nuevo con un batir de sus alas.

El antebrazo de Dorian ya no respondía con la misma rapidez.

—Se está extendiendo —gruñó.

La rigidez avanzaba desde la herida hacia el codo.

Elarith intentó canalizar energía curativa.

El ojo le mostró un punto vital en el pecho de Dorian.

Luego otro en el cuello.

Dos trayectorias distintas.

Dos soluciones contradictorias.

El suelo se inclinó bajo sus pies.

El vértigo la golpeó con violencia.

La energía se dispersó antes de tomar forma.

—No… —susurró.

Las venas de su mano comenzaron a oscurecerse.

No azuladas.

Negras.

Una línea subió por su muñeca como tinta bajo la piel.

Kael la sostuvo por el hombro.

—Cierra la mano.

Ella intentó.

El ojo no obedeció de inmediato.

La pupila se dilató más allá de lo normal.

Por un instante, múltiples iris se superpusieron dentro del mismo globo.

La cockatrice aprovechó la distracción.

Saltó hacia Grek.

Demasiado rápido.

Grek no miró el ojo de la criatura.

Miró el suelo.

Vio el reflejo distorsionado en la piedra pulida.

Eso fue suficiente.

Se lanzó hacia un lado antes del impacto.

La garra golpeó el suelo y dejó una marca que comenzó a endurecerse al instante.

Piedra sobre piedra.

—Usa reflejos —gritó—.

No la miren directo.

Kael tomó una placa metálica caída y la levantó como espejo improvisado.

El reflejo capturó la silueta de la criatura mientras trepaba por una columna.

Dorian inhaló profundo.

Ignoró el brazo rígido.

Esperó.

La cockatrice descendió en diagonal, apuntando a su garganta.

En el último instante, Dorian giró, atrapó una de las patas con la mano sana y usó el propio impulso de la criatura para proyectarla contra el suelo.

El impacto resonó.

Pero no fue suficiente.

La criatura se retorció, picoteando hacia su rostro.

Kael golpeó la placa contra la pared, creando un sonido agudo que resonó en la sala.

La cockatrice titubeó.

Un segundo.

Fue suficiente.

Grek liberó una llamarada controlada hacia el techo, no para quemarla, sino para inundar la sala de luz.

Elarith, todavía mareada, vio por fin una única trayectoria coherente.

Concentró lo que quedaba de claridad en un rayo preciso.

Impactó el ala derecha.

Plumas rígidas se quebraron.

La cockatrice chilló —esta vez sí— y cayó al suelo, desorientada.

Dorian no dudó.

Se lanzó encima antes de que pudiera recuperar equilibrio.

Con la rodilla inmovilizó el torso.

La mano sana se cerró en un golpe descendente directo al cráneo.

Uno.

La criatura se retorció.

Dos.

La piedra bajo su cabeza comenzó a agrietarse.

Tres.

El cuello cedió con un crujido seco.

El cuerpo se sacudió una vez.

Luego quedó inmóvil.

Silencio.

Dorian respiraba con dificultad.

Miró su antebrazo.

La rigidez se había detenido a medio camino del codo, pero la piel seguía gris.

No completamente petrificada.

Pero marcada.

Elarith cayó de rodillas.

Las venas negras no retrocedían.

Se habían detenido a mitad de su antebrazo, como raíces bajo la piel.

El ojo finalmente parpadeó.

Una vez.

Lento.

Grek observó el cadáver de la cockatrice.

No sintió triunfo.

Solo agotamiento.

Y algo más.

Un eco.

No externo.

Interno.

Como si una voz olvidada susurrara desde el fondo de su memoria: Inestable.

Sacudió la cabeza.

Kael notó el gesto.

—¿Qué escuchaste?

Grek tardó en responder.

—Nada.

Pero no sonó convencido.

Dorian se incorporó con esfuerzo, flexionando el brazo rígido como si estuviera probando sus límites.

Miró la criatura.

Luego el archivo detrás de ellos.

—No fue casualidad.

No era una pregunta.

Elarith se puso en pie lentamente.

El ojo ya no ardía.

Eso era peor.

La puerta del archivo estaba completamente abierta ahora.

Como si la sala los invitara a regresar.

A terminar lo que habían empezado.

Grek miró las inscripciones al fondo.

G-1.

G-2.

Autonomía reducida.

Por primera vez desde que entraron al castillo, no sintió que el lugar los estuviera observando.

Sintió que estaba esperando.

Y no sabía si eso era mejor.

Capítulo 22 — El nombre en la placa La cockatrice yacía inmóvil, pero nadie bajó la guardia.

El castillo nunca reaccionaba de inmediato.

Siempre esperaba.

Siempre cobraba después.

Dorian apoyó la espalda contra la pared, respirando hondo.

El gris de su antebrazo no avanzaba, pero tampoco retrocedía.

Era como una cicatriz recién nacida.

—No se extendió —murmuró Kael.

—No —respondió Dorian—.

Se quedó.

Elarith observó su propia mano.

Las venas negras habían dejado de ascender, detenidas justo antes del codo.

La piel no estaba fría.

Tampoco caliente.

Solo… ajena.

El ojo parpadeó.

No mostró imágenes esta vez.

Mostró silencio.

Grek ya no miraba a la criatura.

Miraba el archivo.

Las estanterías seguían alineadas con precisión quirúrgica.

Las placas metálicas, organizadas por series.

Ni nombres.

Ni historias.

Designaciones.

—Terminemos —dijo, y fue el primero en entrar.

La sala del laboratorio no era grande.

Era meticulosa.

Mesas de piedra con surcos de drenaje.

Estructuras de sujeción empotradas en el suelo.

Tubos de cristal opaco que ahora estaban vacíos, pero alguna vez contuvieron algo.

Alguien.

Dorian se detuvo frente a uno de los cilindros.

La altura coincidía.

La forma.

El diámetro.

No dijo nada.

Elarith avanzó hacia un panel incrustado en la pared.

No era mágico.

Era mecánico.

Palancas.

Engranajes.

Placas numeradas.

—Archivo central —leyó Kael en voz baja.

Grek ya estaba buscando.

Sus dedos se movían con rapidez tensa, como si temiera encontrar lo que buscaba y, al mismo tiempo, necesitara hacerlo.

Serie G.

G-0 G-1 G-2 G-3 (fallido) G-4 (no viable) Se detuvo.

Tomó la placa de G-2.

Pesaba más de lo que parecía.

No tenía polvo.

La retiró con cuidado.

Detrás había un compartimento oculto.

Dentro, un único documento encuadernado en cuero oscuro.

Nadie habló mientras lo abría.

Las primeras páginas eran diagramas anatómicos.

Correcciones.

Ajustes.

Comparaciones entre “Original” y “Réplicas”.

Luego, una página con anotaciones más claras.

Proyecto: Continuidad de Arquitecto Objetivo: Preservación funcional del conocimiento estructural.

Resultado G-1: Excesiva voluntad propia.

Tendencia a desviación ideológica.

Resultado G-2: Reducción de autonomía.

Supresión de impulsos disruptivos.

Mayor docilidad.

Estabilidad emocional incrementada.

Capacidad técnica conservada al 87%.

El mundo no se rompió.

No hubo un sonido dramático.

Solo el papel moviéndose entre los dedos de Grek.

Más abajo, una línea final: Designación activa: G-2 Nombre asignado: Grek Kael fue el primero en respirar.

—Está claro —dijo, sin suavizarlo.

Dorian no apartó la vista de Grek.

—¿Lo sabías?

Silencio.

Demasiado largo.

—Lo sospechaba —respondió al fin—.

Desde la sala anterior.

Desde que vi los planos del castillo.

Pasó la página.

Había una imagen.

Un retrato dibujado con tinta antigua.

El Original.

La semejanza era innegable.

Pero no era igual.

El hombre del dibujo tenía los ojos más duros.

La mandíbula más marcada.

La expresión no era duda.

Era decisión.

Había algo severo en él.

Algo inflexible.

—No soy él —dijo Grek, casi en un susurro.

—No —confirmó Dorian.

Pero la palabra no fue consuelo.

Grek continuó leyendo.

Notas adicionales: G-2 presenta menor inclinación al conflicto.

Mayor cooperación.

Reducción significativa de cuestionamientos éticos.

La frase se clavó.

Menor inclinación al conflicto.

Cooperación.

Reducción.

Cerró el documento de golpe.

—Me suavizaron —dijo.

No era rabia.

Era comprensión.

Y eso dolía más.

Elarith se acercó despacio.

—Eso es lo que escribieron ellos.

Grek levantó la vista.

—Es lo que soy.

—Es lo que intentaron hacer —corrigió ella.

Dorian dio un paso al frente.

—Te diseñaron para ser más manejable.

Eso no significa que lo seas.

Grek negó con la cabeza.

—Si comparas ese retrato conmigo… él habría tomado decisiones que yo no tomaría.

—¿Como cuáles?

—preguntó Kael.

Grek dudó.

Y eso fue la respuesta.

Un crujido atravesó la sala.

No provenía de la puerta.

Provenía de las paredes.

Las inscripciones grabadas en la piedra comenzaron a brillar débilmente.

Elarith sintió el ojo arder otra vez.

Pero esta vez no mostró múltiples caminos.

Mostró una sola frase, repetida en la pared opuesta.

EL CASTILLO CONSERVA.

El suelo vibró apenas.

Dorian llevó la mano a su antebrazo gris.

No estaba empeorando.

Pero sentía menos sensibilidad en los dedos.

—Está tomando algo —murmuró.

Kael miró alrededor.

—Siempre lo hace.

Elarith bajó la vista hacia su propia mano.

Las venas negras ya no parecían tinta.

Parecían raíces.

Grek sostuvo el documento contra el pecho un instante.

Luego lo volvió a mirar.

Proyecto: Continuidad.

El original construyó el castillo.

Él era la versión optimizada.

El reemplazo.

El intento de preservar la mente sin preservar la persona.

—Ya no existe —dijo en voz alta—.

El original murió.

Nadie lo contradijo.

Porque sabían que no hablaba del hombre del retrato.

Hablaba de la idea de ser único.

Grek levantó la mirada.

No estaba derrotado.

Estaba herido.

—Si me hicieron para ser menos conflictivo… —dijo lentamente— entonces tal vez lo único verdaderamente mío sea cuando decido no serlo.

Kael sonrió apenas.

—Eso suena bastante autónomo.

El brillo en las paredes disminuyó.

El castillo parecía… satisfecho.

Elarith dio un paso atrás.

—No lo está archivando —susurró.

—¿Qué?

—preguntó Dorian.

—No solo conserva lo que fuimos.

Conserva lo que elegimos ser aquí.

Silencio.

Grek volvió a colocar la placa G-2 en su sitio.

Pero no devolvió el documento.

Lo guardó consigo.

—No soy una nota al pie —dijo.

Dorian asintió.

—No.

Kael miró la salida.

—Entonces salgamos antes de que decida qué más conservar.

Caminaron hacia la puerta.

Cuando Grek cruzó el umbral, una línea nueva apareció bajo la inscripción de G-2.

Estado: Activo.

Desviación conductual detectada.

Grek no la vio.

Pero el castillo sí.

Y esta vez, no estaba esperando.

Estaba calculando.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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