Leer Novelas
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior

Las cenizas de Liria - Capítulo 24

  1. Inicio
  2. Las cenizas de Liria
  3. Capítulo 24 - Capítulo 24: Capítulo 24 - La mentira de Kael
Anterior
Configuración
Tamaño de Fuente
A A 16px
Tipo de Fuente
Color de Fondo

Capítulo 24: Capítulo 24 – La mentira de Kael

El aire cambió apenas cruzaron.

No era más frío.

No era más pesado.

Era… diferente.

Como si respiraran un lugar que aún no terminaba de existir.

Grek avanzó primero, manteniendo el mismo ritmo firme del pasillo anterior. No dudaba. No preguntaba.

Eso, por sí solo, ya era un cambio.

Dorian caminaba detrás, atento, midiendo cada sonido.

Elarith no apartaba la mirada de su mano.

El ojo estaba abierto.

No completamente.

Pero tampoco quieto.

Se movía.

Lento.

Como si siguiera algo que los demás no podían ver.

Kael fue el último en entrar.

Y el primero en detenerse.

—No —dijo.

Nadie había preguntado nada.

Grek giró apenas la cabeza.

—¿Qué?

Kael no respondió de inmediato.

Miraba hacia adelante, pero no enfocaba el mismo punto que los demás.

—No así.

Dorian arqueo la ceja

—¿No así qué?

Kael dio un paso lateral.

Luego otro.

Como si evitara algo en el suelo.

Pero no había nada.

—Por aquí —dijo.

Grek lo observó un segundo.

—El camino es recto.

—No —repitió Kael—. Recto es peor.

Silencio.

Elarith inclinó la cabeza.

El ojo parpadeó.

No vio peligro.

No vio nada.

—No hay nada ahí —dijo.

Kael la miró.

Y por primera vez desde que lo conocían… dudó de ella.

—Sí lo hay —respondió.

Pero no sonó seguro.

Sonó como alguien recordando mal.

Grek tomó una decisión.

Giró hacia donde Kael indicaba.

El suelo crujió bajo su peso.

Un segundo después, donde habría pisado si seguía recto… la piedra cedió.

No colapsó.

Se abrió.

Una grieta limpia, vertical, que se extendió como una herida silenciosa.

Dorian se detuvo en seco.

—…ok.

Kael no reaccionó.

No parecía satisfecho.

Parecía incómodo.

Como si hubiera acertado por razones equivocadas.

Siguieron avanzando.

El espacio no tenía forma clara.

No era un pasillo.

No era una sala.

Era una secuencia de segmentos que no terminaban de conectar entre sí.

Columnas que no sostenían nada.

Muros que no cerraban espacios.

Alturas que cambiaban sin transición.

El castillo ya no intentaba parecer coherente.

Elarith se tambaleó.

El ojo se abrió más.

Mostró una puerta.

Al fondo.

—Ahí —dijo, señalando.

Dorian miró.

No había nada.

Kael sí la vio.

O eso pareció.

—No —dijo de inmediato—. Esa no.

Elarith lo miró.

—¿Qué?

—Esa… —frunció el ceño—. esa no es la que debemos tomar.

—No hay otra —respondió Dorian.

Kael negó lentamente.

—Sí la hay.

Se adelantó.

Pasó junto a la pared donde Elarith señalaba la “puerta”.

La ignoró.

Dos pasos después, golpeó una columna.

Una vez.

Nada.

Dos veces.

Un sonido hueco.

La estructura se desplazó.

No se abrió como una puerta.

Se desalineó.

Un espacio angosto apareció detrás.

Dorian lo miró.

—Eso no estaba.

—Sí estaba —dijo Kael—. Solo que…

Se detuvo.

La frase no terminó.

—¿Solo qué? —insistió Grek.

Kael negó con la cabeza.

—No importa.

Pero sí importaba.

Porque no lo había descubierto.

Lo había recordado.

El grupo avanzó por el espacio estrecho.

Uno detrás de otro.

Grek primero.

Luego Elarith.

Dorian.

Y Kael al final.

Siempre al final.

El aire vibraba apenas.

Como si el castillo… dudara.

Dorian rompió el silencio.

—¿Cómo sabes todo esto?

Kael no respondió.

—No estás mirando —continuó Dorian—. No estás analizando.

Kael siguió caminando.

—Estás… prediciendo.

Elarith apretó la mano.

El ojo giró hacia atrás, hacia Kael.

—No coincide —dijo—. Lo que veo no coincide con lo que haces.

Kael se detuvo.

Por primera vez.

Se giró lentamente.

—Lo sé.

Silencio.

—Entonces, ¿qué está pasando? —preguntó Grek.

Kael tardó en responder.

No por misterio.

Por dificultad.

—No estoy viendo lo que va a pasar —dijo al fin—. Estoy… recordando lo que ya pasó.

Dorian negó.

—Eso no tiene sentido.

—No debería —respondió Kael.

Elarith dio un paso atrás.

—Eso implicaría que…

—Que esto no es la primera vez —terminó Kael.

Nadie habló.

Porque la frase no sonó pomposa.

Sonó cansada.

Como si ya la hubiera dicho antes.

Un ruido seco los hizo girar.

Detrás de ellos.

La entrada por la que habían pasado ya no estaba.

No se había cerrado.

No existía.

El castillo no los estaba atrapando.

Los estaba aislando.

Grek apretó los dientes.

—Entonces dinos qué sigue.

Kael lo miró.

Y por un segundo, su expresión cambió.

No miedo.

No duda.

Algo peor.

Como si ya supiera la respuesta.

—No siempre es igual —dijo—. Cambian cosas.

—¿Qué cosas? —preguntó Dorian.

Kael no respondió de inmediato.

Miró a Elarith.

Luego a Grek.

Luego a Dorian.

—Ustedes.

El silencio se volvió más denso.

—Entonces dime algo útil —gruñó Dorian—. ¿Dónde está la siguiente trampa?

Kael cerró los ojos un segundo.

Como si intentara escuchar algo.

O recordar mejor.

Cuando los abrió, señaló al frente.

—No es una trampa.

—¿Entonces?

Kael dudó.

Y esa duda fue lo más honesto que había mostrado hasta ahora.

—Es… el punto de quiebre.

Grek no esperó más.

Avanzó.

El espacio se abrió.

No como una sala.

Como una caída.

Un descenso amplio, irregular, como si el castillo se hubiera hundido sobre sí mismo.

Elarith sintió el ojo contraerse.

No mostró caminos.

Mostró vacío.

Kael dio un paso adelante.

Se detuvo justo en el borde.

Miró hacia abajo.

No había fondo visible.

Solo oscuridad que parecía… respirar.

—No —murmuró.

Dorian lo escuchó.

—¿Qué?

Kael retrocedió un paso.

Por primera vez… parecía asustado.

—Esto no era así.

Silencio.

—¿Qué cambió? —preguntó Grek.

Kael no respondió de inmediato.

Sus ojos seguían fijos en la caída.

—Alguien llegó más lejos.

Elarith sintió un escalofrío recorrerle la espalda.

—¿Quién?

Kael no la miró.

No miró a nadie.

—No sé.

Respiró hondo.

Y dijo, más bajo, como si hablara para sí mismo:

—Esto ya salió mal una vez.

El castillo vibró.

No fuerte.

No inmediato.

Pero lo suficiente para dejar claro algo:

Esta vez… no iba a ser igual.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
  • Acerca de
  • Inicio
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo