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¿¡Las hermanas de mi esposa quieren que haga un harén!? - Capítulo 6

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  3. Capítulo 6 - 6 Un nuevo mundo
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6: Un nuevo mundo 6: Un nuevo mundo Capítulo 6: Un nuevo mundo
—No he investigado sus antecedentes, pero su currículum estaba limpio.

Espero que no le pase nada malo a nuestra tienda.

Minato se despidió de su tienda y de la Tierra.

Le echó un último vistazo a su nuevo empleado y luego se dio la vuelta.

En su casa, Bei había preparado un portal seguro para el esposo.

Para ellas era fácil ir de un mundo a otro solo con sus cuerpos, pero para Minato debía de ser diferente.

En realidad, Bei no estaba segura.

Después de todo, Minato tenía una Psíquica del Señor Supremo…

«Es tan raro que la comparta conmigo…

Bueno, quiero a mi Hermana Mayor, pero si este tonto la comparte con todo el mundo, entonces tendrá más enemigos que nosotras», pensó Bei.

Poco se imaginaba ella que Minato había compartido su psíquica con ella por Yuna.

De todas sus hermanas, Bei era la más cercana a ella.

Eso, y el hecho de que Yuna quisiera que Bei se convirtiera en profesora, fue la razón detrás de la decisión de Minato.

Tenía la sensación de que la hermana los seguiría.

—Puedes empezar, Bei —dijo Yuna mientras se aferraba al brazo de su esposo.

Bei escupió en su círculo mágico.

—Sí, sí…

Un mundo inferior y débil…

Allá vamos…

—¡Señor Supremo Esposo!

¿Por qué suena tan indiferente?

—preguntó Aya.

Minato compartió su honesta opinión: —Creo que quiere ocultar su emoción.

—Mentira —gruñó Bei—.

De todos los mundos inferiores, este es el más singular.

Todos los demás siguen igual.

No hay nada por lo que emocionarse.

Minato negó con la cabeza.

—Eso no es cierto.

¿Con qué frecuencia te vas de aventura con tus hermanas?

Bei se le quedó mirando, sin responder.

—¿Ves?

Esta será una aventura divertida.

Puede que no sea tan emocionante para ti como lo es para mí, pero aquí estrecharemos nuestros lazos.

—Minato miró a Bei y a Aya.

Finalmente, dirigió la mirada a Yuna: —Hay mucho que tenemos que compartir y aprender.

¡Tengo muchas ganas de vivir esta aventura a pesar de tener mucho de lo que ponerme al día!

¡Vamos!

—¡Sí, esposo!

¡Será la mejor aventura!

—apoyó Yuna alegremente a su amado.

El Espíritu del Soberano también sonrió ampliamente.

Al final, Bei cedió y una sonrisa se dibujó en sus labios: —Si lo pones de esa manera, entonces nos espera mucha diversión.

Yo, por mi parte, soy la que más ansía ver tu sufrimiento.

—¿Qué sufrimiento?

—la fulminó Yuna con la mirada.

—Un sufrimiento por el que todos tienen que pasar —Bei se encaró a su hermana—.

No puedes mimarlo demasiado, Hermana Mayor.

Si lo haces, te detendré.

Sin dejar que Yuna le respondiera, Bei activó el portal y la familia entró en otro mundo.

¡BANG!

¡BANG!

¡BANG!

—¡¿Dónde estamos?!

—espetó Minato al instante.

Había aparecido en un nuevo mundo.

¡El primer sonido que oyó fue una fuerte explosión, y después los rugidos y gritos de gente muriendo sin cesar!

Era una escena que verías en las películas durante la batalla final, donde todos los ejércitos se enfrentan…

—Oh, esto es una guerra —se rio Bei entre dientes—.

¿Quién crees que ganará, Hermana Mayor?

Yo apuesto por estos tipos —dijo, señalando al ejército ataviado con armaduras rojas.

—Esperad un segundo…

—intervino Minato.

Yuna no le respondió a él, sino a su hermana: —Has mejorado, Bei.

Ni siquiera dependen de la magia y, aun así, eres capaz de ver su fuerza.

—¡Hermana Mayor!

¡Este es un mundo inferior!

¿Tienes que menospreciarme así?

Joder, maldita sea…

—dijo Bei, enfurruñada.

Entonces se fijó en la cara de Minato.

Estaba incómodo con toda esa gente muriendo.

Tampoco era una muerte rápida, ya que los cuerpos explotaban de derecha a izquierda.

Ni siquiera se atrevía a imaginar qué clase de dolor era que te desgarraran el cuerpo con una fuerza tan explosiva.

—Veo esto nada más llegar…

Maldita sea…

—dijo Minato, apretando el puño.

Sintió que su esposa le daba un golpecito en el hombro.

Cuando la miró, Yuna le hizo una señal para que mirara hacia atrás.

Al hacerlo, Minato vio a cinco personas que se acercaban a ellos sigilosamente.

Llevaban armaduras rojas, ¡y sus espadas apestaban a sangre!

—¿No es esa la mejor prueba para ti?

—dijo Bei con sorna.

—Bueno…

A nadie le gustan los inmigrantes ilegales, pero en la Tierra nadie ha matado a nadie por eso…

—dijo Minato en voz baja…

¡Sus sentimientos encontrados cambiaron significativamente después de que los soldados de rojo intentaran ponerles las manos encima a su esposa y a su hermana!

—¡Matadlo y esclavizad a estas mujeres!

¡Nunca he visto semejante mercancía!

¡Ja, ja!

¡Entraremos en la mazmorra solo con venderlas!

—dijo uno de ellos en voz alta.

Otro caballero de rojo añadió: —¿Podemos comerlas antes, verdad?

¡Ja, ja!

¿Quién desperdiciaría una oportunidad así?

Aya miró de reojo a Yuna y a Bei.

Las dos eran todo sonrisas.

Ni una sola palabra de aquellos hombres tan viles podía herir a esas princesas.

Además, eran bastante genéricos, ¡y se podían ver muchos de esos tontos en los mundos inferiores!

Además, hicieron lo que Yuna y Bei esperaban que hicieran…

Los grandes ojos de Aya se posaron en Minato.

—¡El Señor Supremo Esposo está enfadado!

¡Enfadaron al esposo y le dieron una razón para matar!

—¿Miráis a mi esposa como si fuera un objeto?

—susurró Minato—.

Pues entonces yo os miraré igual.

Solemos romper algunos objetos por despecho.

No es nada nuevo.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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