Las sombras de Stenlaut - Capítulo 23
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23: Prologo 23: Prologo El sol de un atardecer de primavera dejo de iluminar de pronto cuando la lluvia empezó a regar los pastos verdes de Magas Domb.
Era la katalusha, los 90 días de lluvia, que ayudaba a la vegetación, a llenar los mantos acuíferos, y represas.
En medio de toda esa densa lluvia, estaba el palacio que perteneció por generaciones a la prole de Beirn.
En aquel palacio hecho de piedra y cal, entraba un viejo a una habitación polvosa de madera, con una ventana que miraba hacia el mar, con una inmensidad de libros que adornaban las repisas y el escritorio donde además había un montón de hojas, acre, y política.
Ese viejo tenía una barba de pico, mientras que debajo de su nariz había un fino bigote.
Un gran bigote de mosquetero, digno de un exsoldado, mientras que en su mano había un bastón que recordaba a un pulpo.
La empuñadura era la cabeza de este animal, y los tentáculos eran el cuerpo que se juntaban todos hasta llegar a la punta, una fina y peligrosa punta.
A aquel exsoldado le habían caído los años encima.
Lo que antes era un pelo completamente negro como la noche en la que se movía, ahora era blanco como la espuma del mar.
Lo que antes eran unos pies agiles que se movían sin ser detectados, ahora eran un estorbo que para moverse tenia que ser ayudado por el viejo bastón de su antiguo maestro, maestro al cual él quería como un padre.
Lo que antes eran unas manos agiles que se cubrían de sangre al caer la noche, ahora solo eran unas manos llenas de cicatrices y recuerdos.
El viejo camino lentamente hacia su escritorio, y miró la cortina que se movía por el viento.
El frio entraba, pero el viejo no camino ni un paso, porque justo cerca de aquella cortina había unas pequeñas gotas de agua.
Su mirada recorrió un estante de libros, y detuvo su mirada en una esquina del techo.
– ¿no era más fácil subir por la escalera?
-decía aquel viejo con una sonrisa, mientras que con su bastón señalaba la gran escalera.
No hubo respuesta alguna, pero aquel viejo no se inmuto, se recargo en su bastón y se quedo mirando en esa esquina sin pestañear.
Para una persona normal no seria nada raro, pero para una persona que fue encerrada durante 30 días en los bunkers imperiales sin nada de luz y que además debía de escapar de ahí antes de morir de hambre era fácil.
Paso un buen rato para que una mujer vestida de negro bajase de un salto.
– ¿te estarás preguntando como te descubrí?
– hablaba el viejo- bueno, hiciste el mismo error que yo hice cuando era joven, dejaste gotas de agua cerca de la ventana, y si bien no dejaste suciedad como yo, si quitaste el polvo.
La mujer no dijo nada, solo mostro una espada en la mano derecha, y un puñal en la izquierda.
Ambas armas tenían un color verdoso en la punta, pero al viejo no le sorprendió, ni le asusto, su reacción fue amena, él, sin embargo, ya estaba dispuesto a mostrar el filo que tenía debajo de aquel bastón.
Podría estar viejo, su pelo no podría ser el mismo, sus piernas le podrían fallar, sus manos pueden ser un recuerdo, pero su mente no se mantuvo intacta, si no que se hizo más grande como el cuervo que era.
La inminente batalla fue detenida por un toquido en la puerta.
Aquellas dos personas voltearon a la puerta, y vieron a una sirvienta, que murmuraba tímidamente: -discúlpeme, señor por interrumpir, pero vino alguien a verle, dijo que le conocía, se ve que es extranjero señor.
El viejo miro a aquella asesina, y le dijo: -vamos, creo que esto también te involucra.
Con tranquilidad y con las armas guardadas pasaron por todo el palacio lleno de fotografías de viejos duques, duquesas, padres, e hijos, vivos, y muertos.
El viejo miro de reojo y sin dejar de caminar la pintura de un hombre atractivo que recuerda con felicidad.
Debajo de la pintura y marcada sobre un pedazo de oro el nombre de Timár.
Bajaron las escaleras y en la sala de espera sentado junto a la chimenea había una persona con ropa negra.
Lo que más destacaba de él era el Shemagh negro que tenía en el cuello, como si fuera una bufanda, pero no solo destacaba eso de él, sino que también como era: moreno, alto, con una gran barba, y más o menos de la misma edad que el viejo, pero en una mejor condición.
Aquella persona se levantó con una sonrisa, y estirando la mano dijo: -Giovanni, ¿Cómo estás?, tiempo sin verte.
-lo mismo digo Adil.
– ¿tan fácil soy de reconocer Giovanni?, me alagas.
-si bueno, dejemos de lado las formalidades, ¿Qué haces aquí?
La sonrisa se borró de la cara de Adil, y la expresión seria se hizo presente.
-soy el mensajero nada más cuervo.
– ¿y que mensaje envías?, ¿muerte o vida?
-o no, no, no, algo mejor oportunidad.
– ¡¿me envías oportunidad, enviándome una sombra?!
-esto solo es un modal de etiqueta.
-los modales de etiqueta de la emperatriz.
-así es, y yo como sus colmillos y solo acato sus órdenes, así que no lo veas personal Giovanni.
En la sala entro una mujer que a pesar de su edad seguía siendo muy bella, al igual que su cabello, que no dejo nunca su color.
Esa dama se detuvo en el marco de una habitación adyacente, y se dedicó a mirar.
-y ahí está- la sonrisa de Adil volvió a su cara- la señorita sucesora.
Giovanni no decía nada, solo pensaba en como se iba a deshacer de aquellas dos sombras.
De la novata no tendría mucho problema, pero el que si va a dar pelea era el que estaba al frente de el: una sombra veterana y gran Maestre de espías de Stenlaut.
-Dime Giovanni, ¿Cómo es la vida de casado?, yo creo que ese deseo es encantador, hermoso, y algo imposible para nosotros.
¿Sabias que la emperatriz ahora solo tiene en las sombras a mujeres y eunuco?
-escuche algo, que eso es para que no tuvieran hijos, y no tuvieran problemas por si hay sucesión.
– ¡correcto!, aun sigues siendo todo un cuervo, pero aquí hay un problema, las mujeres si pueden tener hijos, ellas no fueron quitadas de sus dones para engendrar, pero eso solo nos lo hace más fácil para nosotros-la mujer que estaba cerca de Adil agacho la cabeza en señal de tristeza, mientras que Adil seguía platicando- veras, cuando una sombra tiene un hijo, no hacemos que lo aborte, no, dejamos que lo tenga, y una vez nacido ella elige, su vida o la de su hijo.
La mayoría eligen la creatura, así que a ellas las aventamos a un bosque lleno de animales, donde eventualmente morirán.
– ¿y que hacen con el niño?
Adil junto los dos puños, y mientras los separaba decía: – ¡los matamos!, a quien sea, sea niño o niña, no discriminamos.
Porque sabes, a la Emperatriz y a los demás nobles no les gusta la idea de que más niños huérfanos y no reconocidos hereden tierras y tengan títulos, aunque unos tienen más suerte que otros en este aspecto-decía Adil mientras miraba a aquella mujer que estaba en el marco- obviamente no les decimos que van a morir los dos, si no todos elegirían lo mismo que esta mujer.
Las miradas se dirigieron hacia la sombra que tenía agachada la cabeza.
-pero a ella si le aplaudo-siguió Adil-ella sin saber esto, eligió sin dudar dar la vida de su hijo.
Una verdadera patriota y orgullosa servidora de la Emperatriz Anatolia V de Stenlaut.
Giovanni se enderezo, y pregunto secamente: – ¿entonces vienes a matarnos Adil?
-no, no Giovanni, no vengo a hacer eso.
Como bien dije antes, vengo a darte una oportunidad, la oportunidad de vivir y servir de nuevo, o de morir.
Pero solo eso es elección tuya.
-me das la oportunidad de morir, o morir.
Está bien, y si elijo servir, que pasaría.
-pues solo entrega a tu esposa, y a tus hijos.
-y si me reusó moriré ahora.
Giovanni tomo el bastón con ambas manos y estuvo a nada de mostrar la hoja, pero Adil lo detuvo diciendo: -tranquilo cuervo, no te precipites, esto como dije antes es solo un mensaje.
Tienes 2 meses.
O te puedo cambiar a tus hijos, por solo tu esposa, y tu hermano.
Sea como sea, te vere en 2 meses.
Adil se marchó del palacio con la mujer a sus espaldas mientras la lluvia caía sobre ellos.
La mujer rubia se acercó a la ventana, y miro como ese par se subió a un carruaje con el símbolo del imperio.
Giovanni se acercó junto su esposa rubia, y la abrazo, mientras pensaba en lo que sucedió.
Pasaron algunas horas, y la noche inundo Magas Domb, mientras a la luz de las velas, Giovanni empezó a pensar.
Había tantas preguntas no tenían respuesta.
Entonces vio en su escritorio una hoja con alguna aventura que escribió, y vio el nombre de alguno de sus hermanos: Brandan.
De su mente empezaron a brotar muchas ideas para buscar un aliado o un plan, nombres que no sabían si seguían este mundo.
Nombres que si siguen caminando le darían una respuesta a sus preguntas.
Rápidamente se acercó a su escritorio y empezó a leer la historia que había pasado hace 34 años, con la intensión de recordar, y de si pudiera confiar en alguien.
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