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Las sombras de Stenlaut - Capítulo 25

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Capítulo 25: II

Eran las 17:50 cuando el tren estaba llegando y a esa hora fue cuando me enganche con mi ballesta y salte. La caída fue dura, y mis heridas me volvieron a doler. En mi mente no quede más que maldecir a aquel guardia y a Paulo por los daños que me hicieron.

Con esfuerzo me levante, mientras me tocaba la costilla. Camine hacia la parte trasera del vagón y me baje.

Llegue a un vagón de clase baja y si bien el exterior se veía como un trozo de metal cuadrado, por adentro se veía la diferencia. Un hermoso vagón de madera iluminado por las velas.

En medio de toda esa poca luz pude ver el interior donde había pobres cautivos con las manos arriba, mientras dos personas caminaban con una pistola de chispa.

Esos dos cabrones no tenían ninguna compasión por los débiles pasajeros. Golpes y amenazas con la pistola. Si de casualidad uno no recibió un golpe, debería rápido ir a una casa de apuestas.

Mire en el vagón que había detrás de mí, pero no había nada, solo cosas que pertenecían a los rehenes del vagón.

Rápidamente pensé en un plan y después me corté un poco la mano, y abrí la puerta de golpe.

Uno de los secuestradores le apunto a una persona para que fuera a ver. No sé si no se levantaba, por miedo, o por ira, pero una de esas dos cosas le impidió acatar la orden. No fue hasta que el secuestrador le pegara a la mujer que tenía alado de él, cuando se levantó y le dio un golpe al hombre armado.

Solo se escuchó un disparo y varios gritos.

Uno de los secuestradores le dio la orden a la mujer que le dio el golpe, y ella obedeció. Con piernas temblorosas se acercó a la puerta, y volvió a gritar.

Una fuerte ventisca entro por la puerta abierta y apago unas cuantas velas, dejando más lugar a la oscuridad.

La mujer intento hablar, pero solo se le oían palabras sin sentido, mientras señalaba la puerta y lo que había detrás de ella. Fue entonces cuando uno de los secuestradores se dirigió con pasos lentos hacia el lugar que la mujer señalaba, mientras que su compañero lo cuidaba con el arma arriba.

Fue entonces cuando del otro lado del vagón abrí la otra puerta lentamente, y en medio de la oscuridad me movía agachado sin que nadie me viera.

De pronto el guardia vio una mano ensangrentada, y unas gotas de sangre que guiaban hacia un pequeño ojo que se movía de un lado a otro. Eso fue lo último que vio, antes de que rompiera la cuerda y una pequeña flecha saliera de la pequeña montaña de nieve que había debajo del ojo, y se incrustara en su pie, para que al segundo una gran descarga eléctrica lo dejara paralizado.

Rápidamente degollé al que lo cuidaba y sin nada que esperar saque la ballesta. El virote perforo el cráneo de aquel idiota que cayó en la trampa.

Todos me voltearon a ver, pero nadie se atrevía a hablar.

De pronto otra ventisca apareció, las flamas de las velas por un momento se apagaron, y cuando volvieron ya no estaba, ya estaba en el siguiente vagón de carga, para liberar los otros vagones.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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