Lazos de Sombra y Llama. - Capítulo 4
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- Capítulo 4 - 4 Capítulo 4 Brutalidad Compostura y una Partida Inesperada
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4: Capítulo 4: Brutalidad, Compostura y una Partida Inesperada 4: Capítulo 4: Brutalidad, Compostura y una Partida Inesperada Una energía crepitante y paralizante cruzó el aire, cerrando rápidamente la distancia entre el más bajo de los recién llegados y la criatura.
El rayo de electricidad que antes parecía solo un par de luces azules amarillentas moviéndose entre las manos de Fester, salió disparado.
Con un gran estruendo, impactó a la criatura de llena.
El rayo el dejo paralizado, y con grandes quemaduras las cuales, indicaban que, incluso si la criatura lograba recuperarse del dolor paralizante que tensaba y convulsionaba sus músculos y nervios -ahora en su mayoría expuestos en las zonas donde fue impactado- el movimiento de su cuerpo sería casi imposible.
La criatura, ahora adolorida y aturdida, se queda contemplando sin saber que hacer; los acontecimientos estaban cambiando demasiado rápido.
Apenas pudo ver ese rayo, pero no pudo hacer mucho para esquivarlo, incluso con su velocidad superior.
El poder ver el ataque, pero no tener la fuerza para hacer nada contra él y tener que esperar impotente a que lo impactara, hizo que esos instantes de tiempo, destruyeran su anterior confianza en esos instantes de tiempo.
Se sintió débil.
Era una criatura débil.
Había logrado escapar de un hechicero cansado de Kamar-taj, una institución que se encargaba de defender la tierra contra ataques de seres extradimensionales peligrosos.
Cabe decir que la gran unificación de mundos fue un gran acontecimiento para ellos.
Fragmentos dimensionales de Múltiples sociedades sobrenaturales de distintos mundos habían aterrizado y se asentado en su dimensión de forma aparentemente permanente, lo que no hizo más que aumentar excesivamente su trabajo.
Se encontraron constantemente tratando de reclutar gente, y, por otra parte, realizando múltiples patrullas alrededor del mundo, para intentar evitar que las criaturas sobrenaturales se mezclen con la gente normal.
La carga de trabajo era alta y la gente en sus filas era poca en comparación, lo que hacía que el número de criaturas que lograban inmiscuirse en el mundo normal aumentaba.
No fue hasta después de una negociación entre un grupo de seres dimensionales que se hacían llamar dioses y el Hechicero Supremo -ante la presencia y con el apoyo de la trinidad Vishanti (Oshtur, Hoggoth y Agamotto)- que se llegó al acuerdo de crear una niebla mágica que separaría el mundo sobrenatural de las personas comunes.
La niebla, como usualmente es llamada, era una de otra construcción mágica con el mismo nombre que había sido instaurada alrededor del mundo de los seres que se hacían llamar dioses.
Esta niebla poseía la capacidad de distorsionar la percepción de los “mortales” o gente común, haciéndoles ver cosas irreales en lugar de la verdad mitológica.
Esta fuerza permitió que los monstruos, dioses y otros elementos sobrenaturales de su viejo mundo pasaran desapercibidos, haciendo que las personas comunes solo vieran versiones alteradas de la realidad.
Funcionaba creando ilusiones que reemplazaban lo que realmente sucedía, permitiendo que los “mortales” vieran, por ejemplo, un monstruo como un objeto inofensivo o una persona común muy peluda.
El único “defecto” es que la Niebla no afectaría a todos por igual.
Algunas personas, cuyos talentos o contactos con el mundo sobrenatural fueran mayores, tendrían la habilidad de ver a través de la Niebla y percibir la realidad tal como es.
Este viejo y cansado hechicero de Kamar-Taj no había tenido muchas tareas recientemente.
La existencia de la nueva Niebla había sido usada como excusa para que los más perezosos, como el, se confiaran injustificadamente.
Subestimando así a las criaturas más pequeñas, como esta.
No es que fueran realmente inofensivas, sino que, en comparación con demonios o criaturas de dimensiones infernales serían considerados débiles, “pollos pequeños” de los cuales ellos, los dignos hechiceros de Kamar-taj, no necesitaban hacerse cargo.
O al menos, así pensaba una minoría perezosa y orgullosa de la organización.
Esta actitud se vio reforzada porque, hasta ahora, la mayoría de los rezagados eran lo suficientemente débiles para ser tratados por miembros aleatorios de las distintas comunidades.
Pero en este caso, no solo era ligeramente más fuerte, sino que, se encontró con un niño nada menos.
Y aunque su situación debería haber sido favorable desde un principio, no solo no sucedió de la forma en que estaba previsto, sino que fue interrumpido dos veces.
La primera causándole solo una ligera molestia, pues sus defensas eran lo suficientemente altas como para no haber recibido nada más que un ligero aturdimiento por un instante por parte de ese rayo rojo.
Sino que la criatura fue interrumpida una segunda vez.
Esta vez con un rayo casi instantáneo a su percepción que no solo logro paralizar su movimiento, sino que también logro causar un gran daño a su cuerpo, dejándolo adolorido, paralizado y sangrante en el piso de aquel almacén abandonado.
Cuando el monstruo sangrante, no hacía más que pensar en huir, pero sin poder moverse realmente, se escuchó un gruñido grave por encima de él.
Lurch, el mayordomo con un parecido inquietante al monstruo de Frankenstein, al contrario de lo que indicaba el tamaño de su cuerpo, logró moverse con una velocidad impresionante.
Y con un movimiento de su gran mano, agito lo que parecía ser un viejo y pesado candelabro.
Al impactar con la parte posterior de la cabeza de la criatura, todos en el almacén pudieron oír lo que parecía ser un fuerte crujido de algo rompiéndose.
Al volver a ver al monstruo, se encontró con la cabeza despedazada y su sangre, empapando el frío piso de cemento.
Luego de un segundo en silencio, el más bajo de los recién llegados le dijo al más alto con una voz extraña, que intercalaba entre tonos agudos y graves: ¡Hey!, ¡Ese era mío!
Aunque debo admitir que fue un buen golpe… ¡NO!
¡No está bien robarme las presas!
Aquel hombre tan exentico y de voz extraña -ante la opinión de Alex- no parecía poder decidirse entre la molestia por una presa robada un instante antes de poder darle el golpe final, y la “belleza” del golpe y su sangriento resultado por parte de las acciones de su compañero más alto.
Ese fue el instante en que el joven auror Connor, o como mayormente se referían a él, auror Taylor, salió de su estupor.
Con una valentía, pero principalmente pánico, les grito a los dos recién llegados, aunque tal vez debió pensar mejor antes de hablar, no solo porque los dos recién llegados que tenían frente a él mataron en un instante la criatura que lo hizo entrar en pánico en un principio.
Sino porque, en su nerviosismo, estaba gritando cosas ininteligibles, y con el volumen cada vez más bajo de su voz, solo pudo entenderse cosas sobre procedimientos, alertar, leyes y otras cosas relacionadas.
Ante sus extraños balbuceos, los recién llegados actuaron impasibles y lo ignoraron, pasando de largo su posición, llegando unos momentos después y con calma hacia la puerta, donde se encontraron con el joven niño.
Después de un rápido momento de deliberación y antes de que dicha extraña dupla de individuos se fuera, Alex se paró frente a ellos, bloqueando su camino hacia la puerta y presentándose: Hola… soy Alex, Alexander Thorne.
Y una vez dicho eso, el niño extendiendo la mano derecha, en un claro gesto de saludo, con la esperanza de poder saber un poco más sobre estas extrañas personas y sus extraordinarias habilidades.
Sin pensarlo mucho, el más bajo de ellos le estrechó la mano, provocando que una ligera chispa circulara entre las manos de ambos, generando así, que los vellos de su brazo se erizaran, como si hubiera estado muy cerca de la estática de un viejo televisor.
Y mientras se estrechaban las manos, la persona que Alex tenía frente a él, habló.
“¡Hola, pequeño mortal!
¡Soy el Tío Fester!
La oveja calva y radiactiva de la familia Addams.
Fester Addams, para servirte.
¡Que gusto conocerte!
¡Tu mano es tan tibia, y viva…
fascinante!
Jajajaja…
¿te gustan los rayos, las explosiones o los sapos que hablan latín?” Para Alex esta experiencia fue cuanto menos, peculiar.
La persona frente a él decía muchas cosas y aceleraba con el pasar del tiempo, pero no muchas de ellas parecían tener sentido, o al menos, para él no, pues parecía una conversación totalmente normal a los ojos de quien tenía enfrente, del cual se enteró recientemente su nombre era Fester Addams, uno de los pocos datos útiles que salieron de su boca.
El presionado de manos se estaba alargando más de lo común y la corriente eléctrica estaba comenzando a subir por su cuerpo, erizándole progresiva y lentamente los cabellos de la nuca.
“No te preocupes, no muerto.
Bueno…
no sin permiso al menos ¡Jajaja!
¿Quieres ver una cucaracha con sombrero?
La tengo en el bolsillo” Dijo el Hombre frente a él.
Recomponiéndose un poco finalmente, Alex logró reunir energías para responder a la incesante máquina de sonido que tenía enfrente.
“No, gracias, ya comí”, dijo Alex con una sonrisa incomoda.
En unos instantes de silencio, Alex se puso a pensar que quizás, no se había logrado recomponer después de todo y había terminado haciendo un chiste incomodo.
Temió que esto marcara el final de la conversación, y cuando estaba a punto de decir algo para evitar que se fuera como él ya había imaginado, escucho reír a Fester, pero no una risa normal, sino una risa sardónica que, si continuaba, podría llegar a sonar desquiciada.
Cuando ya no sabía qué decir, Fester dejo de reír poco a poco y se preparó para volver a hablar, cuando lo interrumpió un gruñido grave.
Fue el más alto y vestido como sirviente quien lo había interrumpido.
Eso al parecer, hizo a Fester cambiar lo que tenía planeado decir, para comenzar a presentar a este último.
“Cierto, niño, no te presenté a este grandote.
¡Ahora, pequeño humano en crecimiento…!
¡Prepárate para conocer a alguien muy especial…!” Dijo Fester.
En la parte de atrás, se podía ver una figura alta y silenciosamente acercándose con pasos lentos y pesados.
Fester Abrió los brazos como si presentara a una estrella de circo y dijo.
“Este es Lurch …
nuestro mayordomo, guardaespaldas, pianista de clavicordio, sepulturero ocasional…
y campeón absoluto de silencios incómodos”.
Lurch se inclina lentamente, emitiendo su característico gruñido profundo.” Uuuuuuuhhhh…” Fester en susurros dijo con voz de complicidad “Eso significa ‘Mucho gusto’ en Lurch-és.
No te preocupes, no muerde… a menos que se lo pidas muy, muy amablemente”.
Le dio unas palmadas a Lurch en el brazo, las cuales sonaron como si estuviera golpeando una columna de cemento.
“¡Y toca la música más fúnebre y hermosa que jamás oirás!
¿Verdad, Lurch?” Cuestionó Fester.
Ante lo cual, el alto mayordomo respondió de forma alargada con una voz grave “Sí… señor”.
Fester se ríó con un chillido breve y eléctrico, mientras ponía un brazo alrededor del niño, con entusiasmo desbordante y en ningún sentido del espacio personal.
Luego de calmarse un poco, Fester respondió con voz aún algo emocionada.
“Bueno, bueno… ¡ha sido deliciosamente divertido conocerte, pequeño saco de huesos y ternura!” Le estrechó la mano a Alex con una sacudida suave… aunque un leve chisporroteo de estática quedó en el aire.
“Recuerda lo que te dije: si alguna vez ves una sombra con tentáculos debajo de tu cama, ¡salúdala de mi parte!” Dijo el extraño hombre frente a Alex.
Lurch dio un paso lento al frente, inclinándose levemente.
Su voz retumba como un ataque deslizándose sobre piedra.
“Adiós…” Fester lo miró, conmovido y secó una lagrima inexistente de forma dramática mientras decía.
“Ay… siempre tan elocuente”.
Se giró una vez más hacia el niño, con un dedo levantado dramáticamente.
“Y si alguna vez necesitas dinamita, una momia que sepa tocar el violín, o un buen escondite para evitar a adultos aburridos… ya sabes a quién buscar.
¡Tío Fester siempre está a una explosión de distancia!” Se dio media vuelta, giró como si llevara capa (aunque no tenía ninguna ninguna), y se fue riendo entre dientes mientras Lurch lo sigue, sus pasos retumbando como un órgano de iglesia abandonada.
“¡Cuida tus órganos internos, son los mejores amigos que tendrás!” Dijo Fester a lo lejos.
Y así, Alex se despidió de las dos personas más extrañas que había visto en su vida y se dio cuenta que, a lo largo de toda la conversación, lo único que logró aprender, fueron sus nombres.
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