Legio XIII: Memento mori - Capítulo 45
- Inicio
- Todas las novelas
- Legio XIII: Memento mori
- Capítulo 45 - 45 Capítulo 45 – Primera sangre
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
45: Capítulo 45 – Primera sangre 45: Capítulo 45 – Primera sangre Los escudos temblaban, no por miedo, sino por la tensión del momento.La XIII Gemina ocupaba el flanco derecho de la primera línea romana, alineada sobre una suave pendiente.
Frente a ellos, una marea de cuerpos, lanzas y escudos se desplegaba cuesta arriba con furia desordenada.
Los helvecios venían en oleadas, gritando, golpeando sus escudos, haciendo sonar cuernos y tambores como si el mismísimo Taranis los empujara a la muerte.
Sextus tragó saliva.
La boca le sabía a hierro.
—¡Escudos arriba!
—bramó Scaeva.
El impacto fue como el choque de dos mundos.Los primeros enemigos rebotaron contra la muralla romana, pero la presión no cesaba.
Eran muchos.
Gritaban en lenguas ásperas, atacaban con rabia, sin miedo al dolor.
Las filas romanas se mantenían, pero cada golpe era una apuesta contra el destino.
Sextus giró a tiempo para ver cómo un joven de la cohorte vecina caía con una lanza en el vientre.
Otro retrocedió.
El escudo se abrió a la derecha.
—¡El flanco se rompe!
—gritó alguien.
Scaeva corrió hacia el hueco, pero un garrote bárbaro le golpeó el casco con un ruido seco.
El centurión cayó de rodillas, aturdido, sangrando.
El pánico se extendió por una décima de segundo.
Y entonces Sextus se adelantó.
Sin esperar órdenes, sin mirar atrás, ocupó el hueco, alzó su escudo, bloqueó un golpe y clavó el gladius en el muslo del enemigo más cercano.
No pensó.
Solo actuó.
—¡Cerrad filas, conmigo!
—gritó con una voz que no sabía que tenía.
Varios legionarios dudaron…
y luego obedecieron.
Formaron junto a él.
El hueco se cerró.El enemigo, desconcertado por el contraataque inesperado, vaciló.
Sextus giró la cabeza.
Scaeva aún respiraba, pero no se movía.El legionario se agachó, lo agarró del cuello de la lorica y, con ayuda de Atticus, lo arrastró hacia la retaguardia mientras el resto del grupo mantenía la línea.
—Tú manda, Sextus —dijo Atticus, jadeando—.
Tú sabes lo que haces.
Y así, sin darse cuenta, Sextus estaba al mando de su sección.
Gritó órdenes simples, claras, brutales.
Reorganizó a los que quedaban.
Rechazó otra oleada.
Pisó sangre y cuerpos sin mirar.
Su escudo estaba hecho trizas, y su gladius se atascó en una costilla y lo tuvo que dejar.
Sacó uno de repuesto.
Siguió luchando.
Cuando el cuerno de repliegue sonó para reorganizar las líneas, el flanco derecho seguía en pie.
Y César, desde la colina, había visto todo.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com