Legio XIII: Memento mori - Capítulo 52
- Inicio
- Todas las novelas
- Legio XIII: Memento mori
- Capítulo 52 - 52 Capítulo 52 — Optio
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
52: Capítulo 52 — Optio 52: Capítulo 52 — Optio La noche era un susurro entre tiendas y armaduras apiladas.
No había cánticos, ni risas.
Solo silencio, afilado y tenso, como la hoja de un pugio esperando su hora.
Sextus estaba sentado fuera de su tienda, limpiando por enésima vez el gladius.
No por necesidad, sino por costumbre.
Por no pensar.
Por no sentir.
—Tú y ese gladius vais a pulirnos la luna —dijo una voz a su espalda.
Era Scaeva.
Llevaba el casco en la mano, sin coraza, con una capa doblada sobre el hombro herido.
Su paso aún era firme, aunque más lento que antes.
Se sentó a su lado sin pedir permiso.
No lo necesitaba.
Durante un rato, ninguno dijo nada.
—¿Recuerdas al primero que mataste?
—preguntó Scaeva al fin.
Sextus asintió lentamente.
—En el bosque.
Antes del río.
Me temblaban las manos.
—¿Y ahora?
—Ahora no tiemblan.
Pero duelen después.
Scaeva sonrió, apenas.
—Eso significa que sigues siendo humano.
Guardó silencio unos segundos, luego sacó algo del interior de su capa: una vitis de madera clara.
El símbolo del mando.
No tan gruesa como la de un centurión, pero sí más robusta que la de un soldado raso.
—Mañana quiero que la lleves tú —dijo, ofreciéndosela—.
A partir de ahora, eres optio de esta centuria.
Mi segundo.
Sextus se quedó quieto.
No extendió la mano de inmediato.
—¿Y los otros?
—preguntó—.
Hay veteranos que llevan más tiempo.
Que han sangrado más.
—Y tú llevas el peso.
Te siguen sin dudar.
Te buscan con la mirada cuando grito una orden.
Eso no se enseña.
Se gana.
Y tú lo has ganado.
Sextus tomó la vitis.
La sostuvo entre sus dedos como si pesara más de lo que parecía.
—No sé si estoy preparado.
—Nadie lo está la primera vez —dijo Scaeva—.
Ni César, ni yo, ni tú.
Pero la batalla no esperará a que lo estés.
Se pusieron en pie al mismo tiempo.
—Mañana, cuando carguemos, tú vas a mantener la cohorte unida desde la línea.
Si yo caigo, tú mandas.
—Entonces no caigas —respondió Sextus, con media sonrisa.
Scaeva soltó una carcajada áspera, casi sin voz.
—Eso intentaré, muchacho.
Y luego se alejó, dejando a Sextus solo bajo el cielo estrellado, con una vitis en la mano y el peso de cien hombres sobre los hombros.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com