Legio XIII: Memento mori - Capítulo 53
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- Capítulo 53 - 53 Capítulo 53 — Formación de hierro
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53: Capítulo 53 — Formación de hierro 53: Capítulo 53 — Formación de hierro La niebla se arrastraba como un animal viejo por el valle.
Aún no había sol, pero los cuernos ya habían sonado.
Tres veces.
Prepararse.
Reunirse.
Formar.
El campamento se había vaciado en silencio.
Los legionarios se alineaban por centurias, cada cohorte formándose bajo sus estandartes.
El sonido de las hebillas cerrándose, del roce del cuero contra el metal, y de los escudos al encajarse unos contra otros era la única música que flotaba en el aire.
Sextus caminaba por la línea, vitis en mano.
Su primera formación como optio.
No se lo notaba nervioso, pero cada paso pesaba más de lo que dejaba ver.
Revisaba las filas, corregía una postura, un escudo mal sujeto, una lanza que no estaba en el ángulo correcto.
—Piernas firmes.
Respiración lenta.
Mirad al frente, no al suelo.
Los hombres lo escuchaban.
No era el tono el que imponía respeto.
Era la forma en que se movía.
En que miraba.
En que él mismo ya era parte de esa línea de hierro.
Atticus se le acercó por el flanco, sin casco, sujetándolo aún con una mano mientras se ajustaba el cinturón.
—Así que ahora das órdenes, ¿eh?
—dijo con una media sonrisa.
Sextus lo miró de reojo.
—Algunos tienen que asegurarse de que tú no olvides sujetarte el cingulum.
Atticus soltó una breve carcajada.
—No te lo voy a negar.
Pero hablo en serio.
Has subido deprisa.
—No lo pedí.
—Lo sé.
Por eso lo mereces.
Hubo un instante de pausa.
La línea seguía formándose.
Al fondo, se oía a los centuriones gritar los últimos nombres.
El estandarte de la XIII ondeaba apenas, atrapado en una brisa fría que anunciaba la salida del sol.
—Mi padre decía que los ascensos no eran premios —continuó Atticus, ahora más serio—.
Eran cargas con forma de madera.
Y tú la llevas en la mano.
Sextus asintió.
—¿Te pesa?
—Solo si pienso en mí.
Atticus lo miró un segundo más.
Luego se colocó el casco, golpeó su propio escudo con el puño y se colocó en su posición.
Sextus se volvió hacia la centuria.
Cien hombres.
Muchos lo conocían.
Otros apenas sabían su nombre.
Pero todos sabían que hoy no había margen para la duda.
El cuerno sonó una cuarta vez.
Avanzar hasta la línea de batalla.
El mundo se puso en marcha.
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