Legio XIII: Memento mori - Capítulo 55
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- Capítulo 55 - 55 Capítulo 55 — Firme en la tormenta
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55: Capítulo 55 — Firme en la tormenta 55: Capítulo 55 — Firme en la tormenta El cuerno sonó por segunda vez.
Ya no era una advertencia.
Era el inicio.
Los estandartes romanos se alzaron.
Las cohortes avanzaron.
La XIII Gemina caminaba firme, escudos pegados, lanzas en alto.
Frente a ellos, los helvecios se agitaban como una marea de cuerpos y acero, lanzando gritos que se confundían con el temblor del suelo.
Sextus caminaba junto a Scaeva, cabeza alta, vitis en mano.
Sentía cada paso como si pesara una libra más que el anterior.
El corazón no se aceleraba: golpeaba como un martillo de guerra.
Cuando estuvieron a apenas treinta pasos, los enemigos lanzaron la primera descarga de jabalinas.
Algunas cayeron antes.
Otras golpearon los escudos con estrépito.
Una alcanzó al legionario a la izquierda de Sextus, que cayó sin gritar.
—¡Cerrad filas!
¡Escudo encima!
—gritó Sextus sin vacilar.
La línea obedeció.
El impacto fue brutal.
Los helvecios llegaron como una avalancha: hachas, lanzas, cuchillos, brazos desnudos y ojos encendidos.
El choque de las líneas fue un rugido de madera astillada, carne cortada y alientos rotos.
Sextus no tuvo tiempo de pensar.
Solo de actuar.
Vio un hueco abrirse en su flanco cuando un legionario cayó, y sin dudar saltó hacia allí, bloqueando con el escudo, golpeando con el gladius, gritando órdenes entre el estruendo.
—¡Rellenad ese hueco!
¡No dejéis que entren!
¡Juntos, maldita sea, juntos!
Un enemigo le cayó encima con un hacha curva.
Sextus lo desvió con el borde del escudo y le hundió la espada en el estómago sin perder el equilibrio.
Siguió de pie.
Siguió gritando.
Siguió mandando.
Scaeva lo vio desde su posición.
—¡Optio, refuerza la segunda línea!
¡Que giren escudos al flanco izquierdo!
—¡Entendido!
—respondió Sextus, sin dejar de moverse.
Corrió entre hombres, gritando nombres, ordenando rotaciones.
El ala izquierda, que comenzaba a ceder, recuperó firmeza gracias a sus órdenes.
El movimiento fue limpio, rápido.
Eficaz.
Un oficial de otra centuria lo miró con desconcierto.
No esperaba ver a un optio tan joven tan seguro.
Pero en medio de aquella tormenta, Sextus no titubeó.
Fue un punto fijo.
Un nudo firme en la muralla.
La línea aguantó.
Y cuando el primer embate fue rechazado y los helvecios se replegaron unos pasos, jadeando, heridos, y más furiosos que nunca, la XIII seguía allí.
Con el escudo alto.
Con los pies en la tierra.
Con Sextus en pie.
Mirando al frente.
Sin pestañear.
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