Legio XIII: Memento mori - Capítulo 58
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- Capítulo 58 - 58 Capítulo 58 — Entre golpes y aliento
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58: Capítulo 58 — Entre golpes y aliento 58: Capítulo 58 — Entre golpes y aliento El ruido no había cesado.
Allí delante, a pocos pasos, la tercera y cuarta línea empujaban con todo.
Se oían gritos, choques de metal, órdenes en latín y alaridos en lengua bárbara.
La línea aguantaba.
El enemigo no cedía.
Pero los romanos tampoco.
Sextus estaba de rodillas, apoyado en su escudo.
No descansaba.
Solo respiraba.
Sus hombros subían y bajaban al ritmo de alguien que aún no se cree vivo.
Atticus se sentó a su lado.
Sangraba por una ceja abierta, pero sonreía.
—No te acostumbres a esto —dijo—.
No todos los días te dejan sentarte en medio de una batalla.
Sextus no respondió de inmediato.
Miraba al frente, a los compañeros que ahora resistían donde él estuvo hacía minutos.
—¿Cuántos crees que quedan por venir?
—preguntó finalmente.
Atticus se encogió de hombros.
—Los que queden en pie.
Pero ya no tienen fuerza.
Solo rabia.
—A veces la rabia es lo último que se pierde —murmuró Sextus.
Scaeva apareció a su lado, cubierto de polvo, con la túnica desgarrada en varios sitios.
Llevaba el rostro rojo por el esfuerzo, pero sus ojos seguían siendo los de siempre: vigilantes, tensos, lúcidos.
—No bajéis la guardia —dijo, sin mirarlos—.
Si la línea cede, entraremos nosotros otra vez.
—¿Y si no cede?
—preguntó Atticus.
Scaeva esbozó una sonrisa que no llegó a la mirada.
—Entonces entraremos igual.
Para acabar con esto.
Se sentó a su lado, con esfuerzo.
Hubo unos segundos de silencio.
—Lo hiciste bien —dijo, mirando a Sextus—.
Tu reacción.
Tus órdenes.
No fue suerte.
Fue cabeza fría.
Eso se ve.
Eso se valora.
Sextus bajó la mirada.
—No sabía si me iban a seguir.
—Lo hicieron —respondió Scaeva—.
Y lo harán otra vez.
Porque un hombre en su sitio vale más que cien corriendo sin rumbo.
Los tres se quedaron allí, sentados tras la línea de escudos que seguía resistiendo, como si pudieran detener el tiempo un instante antes de volver a fundirse con la guerra.
La batalla no había terminado.
Pero ese momento era suyo.
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