Legio XIII: Memento mori - Capítulo 67
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- Capítulo 67 - 67 Capítulo 67 — Fuego en la maleza
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67: Capítulo 67 — Fuego en la maleza 67: Capítulo 67 — Fuego en la maleza El plan era sencillo.
Demasiado sencillo, pensaría luego Sextus.
Pero no había tiempo para algo mejor.
Titus rodeó el campamento con sigilo felino, sin armadura, con un cuchillo corto.
Sextus, mientras tanto, se acercó reptando hasta el cobertizo donde yacía el oficial romano.
Le cortó las cuerdas con rapidez y le susurró al oído: —Silencio.
Estamos aquí.
El hombre asintió débilmente.
Apenas podía levantarse.
Cuando ya estaban a unos pasos de retroceder, uno de los falsos campesinos giró la cabeza.
—¡Eh!
¡¿Quién sois—?!
No llegó a terminar.
Titus saltó desde un arbusto y le clavó el cuchillo en la garganta.
Pero el grito se había escapado, corto y torpe, lo suficiente para alertar al resto.
El claro estalló en caos.
Los hombres disfrazados corrieron por sus armas escondidas bajo las ramas.
No eran muchos, pero luchaban como fieras.
Sextus protegía al oficial caído mientras bloqueaba golpes con su gladius.
Titus combatía como una bestia desatada, deslizándose entre los enemigos como si bailara entre las llamas.
Uno tras otro, los enemigos fueron cayendo.
La pelea fue sucia, rápida y brutal.
El suelo terminó manchado de sangre, ramas rotas, espadas hundidas en barro y cuerpos inmóviles.
Al final, solo uno de ellos seguía con vida.
El que parecía su jefe.
Había tirado el arma y se arrodillaba con las manos levantadas, jadeando.
—¡Me rindo!
¡Me rindo!
Titus le apuntó con su lanza.
—¿Qué hacemos con este?
Sextus no respondió al instante.
Ayudaba al tribuno a recostarse contra una roca, comprobando su pulso.
—Lo necesitamos vivo —dijo finalmente—.
Él sabe por qué tenían a un oficial romano prisionero.
Y quién lo mandó.
Titus escupió en el suelo, pero bajó el arma.
—Siempre quise traer un perro al campamento.
—Pues hoy lo traemos —respondió Sextus, aún con el corazón latiendo con furia—.
Pero con correa corta.
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