Legio XIII: Memento mori - Capítulo 73
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- Capítulo 73 - 73 Capítulo 73 — Consejo de guerra
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73: Capítulo 73 — Consejo de guerra 73: Capítulo 73 — Consejo de guerra El cielo estaba cubierto de nubes bajas cuando sonó la señal.
No era una llamada de combate, ni de formación.
Era otra, más solemne.
Los tribunos y centuriones de cada legión fueron convocados a la tienda de mando.
También acudieron varios jefes galos con rostros tensos y túnicas remendadas.
Julio César ya los esperaba dentro.
La tienda era amplia, sin lujos, pero impecablemente ordenada.
El mapa extendido sobre la mesa principal mostraba la región al este del Saona, con marcas hechas a cuchillo señalando el territorio bajo control de Ariovisto.
César no miraba el mapa.
Miraba a los hombres.
—No hemos venido hasta aquí para dudar —empezó, sin alzar la voz—.
Los eduos son aliados del pueblo romano.
Su situación es crítica.
Y eso es culpa de un solo hombre.
Los presentes guardaban silencio.
Labieno cruzó los brazos.
Fonteius fruncía el ceño.
Un jefe galo apretaba los puños, asintiendo.
—Ariovisto fue reconocido por el Senado en su momento.
No lo olvido.
Pero entonces no era un tirano.
No exigía rehenes.
No trataba a nuestros aliados como si fueran esclavos.
Y, sobre todo, no se creía dueño de la Galia.
César dio un paso alrededor de la mesa.
Había firmeza en su andar.
Determinación en cada palabra.
—Por eso ya he enviado una embajada.
Quiero que quede constancia de que Roma no ataca sin hablar primero.
Le exigimos que libere a los rehenes, que cese sus tributos, que respete la autonomía de las tribus galas.
En pocas palabras, que recuerde que no es rey en esta tierra.
—¿Y si se niega?
—preguntó Fonteius.
—Entonces quedará claro ante todos quién busca la guerra.
Labieno se inclinó sobre el mapa.
—Su ejército es numeroso.
Los informes lo confirman.
Y si cruza más hombres del Rin…
—No lo hará —interrumpió César—.
O no vivirá para hacerlo.
Nadie dijo nada durante unos instantes.
El sonido del viento contra la lona era lo único que llenaba el silencio.
Luego César añadió, más bajo: —Nos acercamos a una frontera.
No solo de tierra, sino de voluntad.
Si Roma da un paso atrás, lo pagarán generaciones.
Si avanzamos, lo harán ellos.
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