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Legio XIII: Memento mori - Capítulo 8

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  4. Capítulo 8 - 8 Capítulo 8 — Donde empieza el miedo
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8: Capítulo 8 — Donde empieza el miedo 8: Capítulo 8 — Donde empieza el miedo Campamento de reclutas, Galia Cisalpina — Noche del Día 7 La lluvia ya no caía.

Pero el aire dentro de la tienda seguía húmedo, como si el castigo de aquel atardecer hubiera empapado el suelo, la lona… y las almas.

Nadie hablaba.

No como antes.

No como en las primeras noches.

Cada uno estaba tumbado en su rincón, los ojos abiertos en la oscuridad, respirando lento.

Fue Marcus quien, contra todo pronóstico, rompió el silencio: —No gritó tanto como pensé.

Nadie respondió al instante.

Luego Titus murmuró: —Al final ya no podía.

La voz se va después del cuerpo.

Gaius se sentó, apoyando los codos sobre las rodillas.

—¿Y si nos toca a uno de nosotros?

—No robamos —respondió Marcus.

—Hoy —dijo Gaius.

Sextus los miró desde su rincón.

Su voz sonó grave, casi como si no le perteneciera.

—No fue por lo que hizo.

Fue por lo que podía causar.

Si uno roba y no pasa nada, el siguiente lo intenta.

Y después otro.

Y entonces la legión se pudre desde dentro.

—¿Y eso justifica matarlo?

—dijo Marcus.

—¿Acaso no fue eso lo que aceptamos al entrar?

—preguntó Titus—.

El juramento aún no lo hemos hecho, pero la disciplina ya es ley.

Si no funciona el miedo, no funciona nada.

El silencio volvió, más pesado que antes.

Gaius susurró: —Yo vi a uno de los que golpeó.

Lloraba mientras lo hacía.

Pero le daba igual.

El palo no paraba.

—Porque sabía que si no lo hacía, lo sustituían por otro… y quizás él era el siguiente —dijo Sextus.

Marcus apretó los dientes.

—No quiero convertirme en eso.

En alguien que obedece sin pensar.

—¿Y prefieres morir con las ideas intactas?

—dijo Titus—.

Esto no es una escuela.

Es Roma.

Es guerra.

Y en la guerra, a veces el alma es lo primero que se pierde.

Sextus pensó en su madre, en la figura de terracota de Mercurio que aún guardaba en su bolsa.La sacó.

La observó a la tenue luz de la lámpara de aceite.

—¿Y si al final salimos de aquí… distintos?

—preguntó.

—No saldremos iguales —respondió Gaius—.

Pero si salimos vivos, eso ya es algo.

No hubo más palabras esa noche.

Pero mientras se apagaba la lámpara, y uno a uno cerraban los ojos, cada uno de ellos pensó, en silencio, en lo que aún no eran……y en lo que muy pronto tendrían que llegar a ser.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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