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Legio XIII: Memento mori - Capítulo 86

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  4. Capítulo 86 - 86 Capítulo 86 — Donde más arde el hierro
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86: Capítulo 86 — Donde más arde el hierro 86: Capítulo 86 — Donde más arde el hierro La orden llegó con la primera luz.

Un mensajero, jadeante y cubierto de polvo, entró en el campamento con paso firme.

Buscaba a Scaeva.

Lo encontró afilando su gladius junto a una pequeña fogata, rodeado por Sextus, Titus y Atticus.

—Centurión Scaeva —dijo el joven, entregando una tablilla lacrada—.

Del cuartel general.

Scaeva leyó en silencio.

No necesitó palabras para que los demás se dieran cuenta de que algo importante estaba escrito allí.

Tras un instante, alzó la vista.

—Nos toca el centro —anunció—.

César nos ha colocado donde el golpe será más duro.

Donde el enemigo caerá con toda su furia.

Titus abrió los ojos con incredulidad.

—¿El centro?

¿Nosotros?

¿Es que se ha vuelto loco?

Atticus, por el contrario, sonrió con un brillo extraño en la mirada.

—No.

Sabe exactamente lo que hace.

Un silencio espeso se posó sobre ellos.

Algunos legionarios cercanos escucharon y comenzaron a murmurar entre sí.

Algunos bajaron la vista, otros se incorporaron más erguidos.

Scaeva continuó: —Dice que confía en nosotros.

Que somos los nuevos leones de Roma.

Que si alguien puede quebrar a los germanos, somos nosotros.

Titus resopló y pateó el suelo.

—Siempre creí que moriría borracho y viejo en una taberna de Massalia.

—Aún puedes intentarlo —le respondió Atticus con media sonrisa—.

Solo tienes que sobrevivir a mañana.

Sextus no dijo nada.

Estaba sentado en una piedra, mirando sus manos.

Las cerraba y abría como si midiera el peso invisible de la batalla que venía.

No parecía asustado, ni orgulloso.

Solo…

centrado.

Como si ya estuviera allí.

Como si ya escuchara el choque de espadas y el grito de los moribundos.

Scaeva lo observó un momento.

—Sextus…

¿tienes algo que decir?

El joven alzó la mirada, serena y firme.

—Solo que si ese es el sitio más difícil, entonces es el sitio correcto para nosotros.

Y nadie dijo nada más.

Porque todos, en el fondo, sabían que así debía ser.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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