Legio XIII: Memento mori - Capítulo 88
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- Capítulo 88 - 88 Capítulo 88 — Desplegar el destino
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88: Capítulo 88 — “Desplegar el destino” 88: Capítulo 88 — “Desplegar el destino” El campo estaba cubierto por una neblina leve cuando la Legio XIII comenzó a desplegarse.
No había gritos, solo el repicar de los escudos alineándose, el crujido de las sandalias sobre el barro, el tintineo de las cotas de malla al alzarse.
Scaeva caminaba entre las filas, observando a cada hombre con la mirada firme.
Sextus, a su lado, repetía en voz alta las órdenes recibidas desde la línea de mando: —Primera centuria, formar testudo en reserva.
Segunda y tercera, línea de frente.
Manteneos juntos, sin vacilar.
Las enseñas ondeaban con lentitud, como si también sintieran el peso del día.
Al fondo, los jinetes galos —aliados de Roma— se preparaban para maniobrar en los flancos.
Pero en el centro, donde el combate sería más fiero, estaba la XIII.
—Estad listos —dijo Scaeva con voz rasposa—.
Esto no será como Bibracte.
Será peor.
Pero si aguantamos aquí… todo cambiará.
Sextus observó su centuria.
Rostros endurecidos.
Algunos jóvenes temblaban.
Otros apretaban los dientes.
Titus murmuraba algo entre dientes, acariciando la empuñadura de su gladius.
Atticus ya tenía el escudo en alto.
Scaeva se giró hacia Sextus.
Por un segundo, solo uno, se quedaron en silencio.
Ambos lo sabían: cada despliegue podía ser el último.
—Si caigo hoy —dijo el veterano—, que sea delante de los míos.
Y si no caigo… te toca a ti coger la enseña.
Sextus asintió.
No dijo nada.
Pero su mano rozó el asta del estandarte, como aceptando el peso invisible que contenía.
Luego, el cuerno de guerra sonó por fin.
Lento.
Grave.
Los cascos se ajustaron.
Las filas se cerraron.
Y la Legio XIII, firme como una muralla, comenzó a avanzar.
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