Legio XIII: Memento mori - Capítulo 89
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- Capítulo 89 - 89 Capítulo 89 — El rugido de los vencidos
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89: Capítulo 89 — El rugido de los vencidos 89: Capítulo 89 — El rugido de los vencidos El sol apenas había trepado por el horizonte cuando Wulfgar apretó los puños sobre el pomo de su espada.
El rocío aún brillaba entre las hojas, pero él solo veía rojo.
—¿Ves esa columna?
—gruñó a uno de sus tenientes—.
Son los mismos.
¡La legión que nos hizo retroceder!
El germano asintió con nerviosismo.
Wulfgar montaba guardia desde antes del amanecer.
No había dormido.
No había hablado.
Solo mirado al vacío.
—Hoy borramos esa vergüenza —escupió—.
Hoy moriremos si hace falta… pero no volveremos a dar un paso atrás.
Los tambores de guerra comenzaron a sonar.
Graves.
Furiosos.
El canto gutural de los guerreros llenó el bosque.
Algunos golpeaban los escudos con sus espadas.
Otros aullaban como lobos.
Pero Wulfgar no gritaba.
Caminaba entre sus filas como un espíritu encendido, con los ojos fijos en la línea romana que comenzaba a avanzar, ordenada, disciplinada, mortal.
—¿Dónde está tu romano?
—le preguntó uno de sus hombres, con sorna.
Wulfgar respondió con voz ronca: —Lo veré en el campo.
Y cuando lo vea, lo mataré con mis propias manos.
Sin esperar más, levantó el hacha por encima de su cabeza y dio la orden: —¡Adelante!
¡A por ellos!
¡Hoy ardemos… o los quemamos a ellos!
Los germanos se lanzaron cuesta abajo con furia desatada.
Una marea de lanzas, pieles, tatuajes y odio.
Wulfgar no esperaba sobrevivir.
Solo buscaba redención.
Y al fondo, como un faro, allí estaba la Legio XIII.
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