Legio XIII: Memento mori - Capítulo 91
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- Capítulo 91 - 91 Capítulo 91 — Sangre y acero
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91: Capítulo 91 — Sangre y acero 91: Capítulo 91 — Sangre y acero La línea había aguantado el impacto.
Pero ahora comenzaba lo peor.
Los germanos empujaban con fiereza, chocando una y otra vez contra los escudos romanos, rugiendo como animales salvajes.
Algunos usaban hachas, otros espadas largas, otros simplemente garrotes con clavos.
Su fuerza era brutal.
Pero la legión no se rompía.
—¡Manteneos juntos!
—rugía Scaeva—.
¡Cambiamos la primera línea al toque del cuerno, no antes!
El sudor y la sangre lo cubrían todo.
Las órdenes se gritaban entre el estruendo.
Los escudos temblaban bajo cada golpe.
Pero Roma resistía.
Sextus combatía en la segunda línea, a un paso de entrar en el frente.
Vio a Atticus derribar a un germano de un tajo limpio.
Vio a un legionario caer con la garganta abierta.
Vio la locura en los ojos enemigos.
Y aun así, avanzó.
Cuando Titus retrocedió un paso por instinto, Sextus se colocó a su lado y lo sostuvo de un brazo.
—Tranquilo, hermano —le dijo, con voz firme y serena pese al estruendo—.
La legión está contigo.
Titus tragó saliva, asintió…
y golpeó con más fuerza.
Como si esas palabras hubieran clavado sus pies a la tierra.
El cuerno sonó.
La rotación fue perfecta: los soldados de la primera línea retrocedieron, y la segunda avanzó en un movimiento que parecía coreografiado por los dioses.
Sextus entró al frente.
Y ahí, con su gladius por delante, se convirtió en muralla, en colmillo, en sangre.
La disciplina romana —el arte de resistir, de golpear con precisión, de luchar como uno solo— estaba allí, en cada paso, en cada orden, en cada estocada.
Y en el centro de todo, la Legio XIII seguía siendo un muro.
El muro.
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