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Legio XIII: Memento mori - Capítulo 98

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  4. Capítulo 98 - 98 Capítulo 98 – Donde se abre la brecha
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98: Capítulo 98 – Donde se abre la brecha 98: Capítulo 98 – Donde se abre la brecha [Sextus] El centro aguantaba.

Pero el flanco derecho del centro…

no tanto.

Sextus lo vio mientras apartaba el cuerpo de un germano muerto con el escudo: una grieta, un espacio mal cubierto por auxiliares que empezaban a tambalearse.

—¡Ese grupo va a romperse!

—gritó Atticus, señalando el punto débil.

Scaeva lo vio también.

No dijo nada.

Solo miró a Sextus.

Y Sextus asintió.

Sin esperar orden, reunió a cinco legionarios.

Titus, Atticus y tres más.

Iban cubiertos de sangre, sin aliento, con los ojos vacíos de todo salvo voluntad.

—Conmigo —dijo.

Y corrieron.

[Wulfgar] El escudo romano cayó como si fuera de madera podrida.

Wulfgar lo aplastó con el hacha, y el legionario tras él se desplomó sin un gemido.

A su lado, tres hombres de su aldea —jóvenes, salvajes, hambrientos de gloria— lo seguían como si él fuera ya un jefe.

—¡Por aquí!

—gritó, sin mirar atrás.

Había encontrado el hueco.

Un punto débil.

Una línea sin fuerza.

El lugar donde podía romper Roma con las manos.

Y estaba a punto de hacerlo.

[Sextus] —¡Formación cerrada!

¡Escudos arriba!

—gritó mientras llegaban.

Los auxiliares se apartaban, heridos o muertos.

Era un caos de cuerpos y barro.

Pero Sextus y los suyos entraron como cuñas de hierro.

El impacto fue inmediato.

Gritos.

Choques.

Hachas contra gladius.

Carne contra carne.

Y entre ellos… [Wulfgar] Allí estaba.

En mitad del choque.

Más cerca de lo que esperaba.

El romano.El mismo.El enemigo.

Lo vio bloquear un hachazo, girar con el escudo, hundir la espada en el vientre de uno de sus hombres.

Lo vio sangrando, jadeando, con el rostro sucio… pero firme.

[Sextus] Sintió algo.

Una mirada clavada en la suya.

Levantó la vista por instinto.

Y lo vio.

Al germano de las trenzas.

Sin tatuajes.

Con la cara desencajada por la rabia.

No era un cualquiera.

Lo supo al instante.

Iban a encontrarse.

Pero entonces, un golpe lateral lo desvió.

Otro enemigo, otro cuerpo, otro instante perdido.

Y cuando volvió a buscarlo… Wulfgar ya no estaba allí.

[Wulfgar] Un romano se cruzó en su camino.

No era su objetivo, pero bloqueaba el paso.

Lo derribó.

Otro.

Otro más.

Pero el impulso se había roto.

El caos lo engullía otra vez.

No.No ahora.

No aún.

Pero lo había visto.

Y el romano lo había visto a él.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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