Leibstandarte: Moscú a vida o muerte Libro IV - Capítulo 102
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- Capítulo 102 - 102 Capítulo 101 — La bisagra del Este
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102: Capítulo 101 — La bisagra del Este 102: Capítulo 101 — La bisagra del Este Cuartel General del Frente Central Soviético — Kursk20 de enero de 1942 La sala de operaciones era un búnker excavado a toda prisa en las afueras de Kursk, reforzado con vigas de ferrocarril y sacos de tierra congelada.
Una lámpara temblorosa colgaba del techo bajo.
El humo de los cigarrillos formaba una niebla permanente entre los hombres reunidos allí.
—Están viniendo —dijo el general Konstantin Rokossovsky, con voz grave—.
Toda la maquinaria del Reich.
Tiger, Panther, Panzer IV… Quieren aplastarnos aquí, en este saliente.
Lo sabemos.
Y no vamos a movernos.
Un joven teniente pasó copias del último informe de inteligencia.
Fotografías aéreas, movimientos ferroviarios, patrones logísticos: todo indicaba que la gran ofensiva alemana se concentraría en Kursk.
—¿Y qué haremos, camarada general?
—preguntó un oficial de artillería.
Rokossovsky se acercó al gran mapa de la región.
Señaló con el dedo el saliente: la curva de Kursk, el centro de gravedad de la línea soviética.
—Haremos que se estrellen contra nosotros.Enterraremos minas.
Excavaremos kilómetros de trincheras.
Colocaremos nidos de ametralladoras, cañones antitanque, baterías Katyusha.
Cada pueblo será un matadero.
Cada colina, una trampa.
—¿Y si superan la línea defensiva?
—Entonces les haremos pagar cada metro con sangre.
Y cuando estén agotados…
contraataque.
El mayor de la guerra.
El general Nikolai Vatutin asintió desde el fondo de la sala.
—¿Crees que Falk Ritter vendrá?
—Vendrá —respondió Rokossovsky—.
Lo necesitan.
Es su héroe.
Su punta de lanza.
Y nos aseguraremos de que su tanque también sangre en Kursk.
Un silencio respetuoso recorrió la sala.
—Este será el punto de inflexión —dijo Vatutin—.
Si vencemos aquí, volveremos a Moscú.
Y desde Moscú…
llegaremos a Berlín.
—Y si perdemos —añadió otro oficial—, todo se vendrá abajo.
Stalin lo sabe.
Y nosotros también.
Rokossovsky cerró el mapa.
Lo enrolló lentamente.
—Entonces que lo sepa también el enemigo.
Que vea que aquí no hay retirada.Todo se decidirá en Kursk.
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