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Leibstandarte: Moscú a vida o muerte Libro IV - Capítulo 105

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  4. Capítulo 105 - 105 Capítulo 104 — Silencio en la columna
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105: Capítulo 104 — Silencio en la columna 105: Capítulo 104 — Silencio en la columna Este de Alemania — 1 de febrero de 1942 El motor del Tiger II vibraba como un corazón mecánico bajo los pies de Falk.

La columna avanzaba lenta, serpenteando por una carretera helada.

A ambos lados, bosques desnudos y pueblos que parecían contener la respiración al paso de los tanques.

No había música.

No había discursos.

Solo el rugido constante de los motores y el crujido de las orugas sobre el asfalto quebrado.

Dentro del Tiger, nadie hablaba.

La gloria de Berlín había quedado atrás.

El mundo real empezaba otra vez, con su silencio, su suciedad, su destino incierto.

—¿Te fijaste?

—dijo al fin Konrad, rompiendo la pausa—.

Una mujer nos lanzó una flor…

y llevaba tu cara en el brazalete.

Falk no respondió.

—Y no te gustó, ¿verdad?

—añadió Helmut desde la radio—.

Nunca te gusta cuando te admiran.

—No es que me admiren —dijo Falk al fin—.

Es que no saben por qué lo hacen.No conocen la sangre.

Solo la silueta.

Silencio.

El Panther de Metzger avanzaba a la derecha.

Preciso como un bisturí.

Brunner, en el otro Panther, saludaba a los niños que les observaban desde una valla.

Lukas soltó un bufido.

—Tendría que ser obligatorio que pasaran una semana en el frente antes de pintar pancartas —murmuró.

—Y los generales —dijo Ernst—.

Y los poetas.

La columna se detuvo brevemente por una avería en un camión de suministros.

Falk bajó del Tiger y estiró las piernas.

El aire estaba quieto, cargado de presagios.

A lo lejos, una iglesia destruida se perfilaba contra el cielo gris.

Kursk quedaba al este.

Pero lo que esperaba allí no tenía nombre aún.

Falk subió de nuevo al tanque.

Cerró la escotilla con un golpe seco.

—Próxima parada —dijo en voz baja—: la boca del diablo.

Y la columna volvió a moverse.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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