Leibstandarte: Moscú a vida o muerte Libro IV - Capítulo 106
- Inicio
- Todas las novelas
- Leibstandarte: Moscú a vida o muerte Libro IV
- Capítulo 106 - 106 Capítulo 104 — Lo que no se dice en voz alta
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
106: Capítulo 104 — Lo que no se dice en voz alta 106: Capítulo 104 — Lo que no se dice en voz alta Campamento avanzado — 3 de febrero de 1942Noche antes de reanudar la marcha El interior del Panther olía a hierro y tela húmeda.
Brunner escribía con la espalda apoyada contra una caja de munición, la pequeña linterna colgando del techo como una estrella solitaria.
La carta temblaba ligeramente bajo su mano enguantada.
Querida mamá: Todo va bien.
El tanque funciona como un reloj, y los camaradas me tratan con respeto.
Estoy orgulloso de servir a Alemania, pero más aún de servir bajo el mando de Falk Ritter.
Verlo al frente, calmo, decidido, me hace sentir que nada puede salir mal.
Pronto nos moveremos de nuevo.
No sé si puedo contarte a dónde vamos, pero sí puedo decirte que confío en mi pelotón.
Lo que se dice sobre nosotros en los periódicos no es exagerado: somos fuertes.
Estamos preparados.
Yo también lo estoy.
No te preocupes por mí.
Estoy bien.Te mando todo mi amor.
Emil Terminó la carta, la dobló con cuidado y la guardó en su bolsa.
Luego sacó otra hoja, más arrugada, sin formalidades.
Klaus: Mañana nos ponemos en marcha.
Creo que vamos hacia Kursk, pero no nos dicen nada oficialmente.
Tú sabes cómo funciona esto.
No voy a mentirte: tengo miedo.
A veces me despierto sudando sin saber si estoy en el Panther o en la escuela de oficiales.Estoy rodeado de veteranos.
De gente que ha visto cosas que yo no.
Falk… él es distinto.
Parece hecho de acero, pero cuando nadie lo mira, se le nota el peso.
Se le nota el dolor.
Me esfuerzo por estar a la altura.
Pero no sé si lo estoy.
Si sobrevivo a esto, te invito a una cerveza.
Si no… tú ya sabes lo que hacer con esta carta.
Un abrazo.
Emil Unos golpes suaves en la torreta lo sobresaltaron.
Subió la escotilla y vio a Falk de pie, con la gorra en la mano y la mirada tranquila.
—¿No duermes?
—No, señor.
—Yo tampoco.
El silencio antes del movimiento siempre pesa más que el combate.
Brunner dudó.
—¿Puedo preguntarle algo?
Falk asintió.
—¿Usted tuvo miedo… alguna vez?
Falk lo miró largo rato antes de responder.
—Tengo miedo cada vez que subo al tanque.
Lo que cambia es que aprendí a moverme con él a cuestas.He perdido a muchos.
Buenos hombres.
Mejores que yo.Y haré todo lo que esté en mi mano para no perder a más.
A ti tampoco.
Brunner bajó la cabeza.
Sus ojos brillaban, pero no lloró.
Falk le palmeó el hombro.
—Vete a dormir, Scharführer.
Mañana necesitaremos más que valor.
Necesitaremos cabeza.
Brunner asintió.
Cerró la escotilla.
Y en la oscuridad del tanque, por primera vez en días, sintió un poco de calma.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com