Leibstandarte: Moscú a vida o muerte Libro IV - Capítulo 107
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- Capítulo 107 - 107 Capítulo 105 — Canciones en el frío
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107: Capítulo 105 — Canciones en el frío 107: Capítulo 105 — Canciones en el frío Ucrania central — 5 de febrero de 1942A menos de cien kilómetros de Kursk La nieve no era limpia.
Caía sobre carreteras oxidadas, postes derrumbados, huellas de columnas que pasaron antes y no volvieron.
El cielo era blanco sucio, bajo y mudo.
El pelotón de Falk avanzaba en columna cerrada.
El Tiger II a la cabeza, seguido de los dos Panthers y los Panzer IV.
El barro congelado crujía bajo las orugas.
Nadie hablaba por radio.
El frente se acercaba, y todos lo sabían.
Fue entonces cuando, desde el segundo Panther, se alzó una voz clara, firme y joven: “Auf der Heide blüht ein kleines Blümeleinund das heißt: Erika…” Brunner cantaba con entusiasmo sincero.
Su voz atravesaba el frío como un fuego suave.
Al principio, no parecía molestar.
Solo flotaba.
Pero en el Tiger, el ambiente cambió.
Konrad dejó de mirar por la mirilla.
Ernst bajó los ojos.
Lukas resopló y aceleró el motor con un gesto automático.Helmut apretó los labios.
Falk no dijo nada.
Solo escuchó.
Y recordó.
Krause.
El primero que murió.
El chico que también cantaba cuando estaban de camino a Kiev.
Que bromeaba.
Que hablaba de volver a casa.Y que murió cubriendo su retirada.
Rodeado, solo, con el Panzer ardiendo.
Cuando Brunner alcanzó la última estrofa, Helmut rompió el silencio: —Lo hacía igual que él.
Alegre.
Limpio.
Como si no supiera lo que venía.
—Quizá por eso lo hacía —respondió Konrad en voz baja—.
Para no pensarlo.
Falk asintió con lentitud.
—Krause murió como un héroe.Espero que Brunner tenga más suerte que él.
Nadie respondió.
Unas horas después, la columna se detuvo en una curva del camino.
En el borde de la carretera, un cartel derrumbado decía: “Житомир — 80 км”.
Más allá, campos abiertos.
Silencio.
Ni humo.
Ni animales.
Ni cuervos.
Y entonces, Falk lo notó.
Los árboles estaban más cortados de lo normal.
Las zanjas parecían cavadas a mano.
En el horizonte, unos montículos de tierra no eran naturales.
—Están cavando —dijo Falk por radio—.
Ya nos esperan.
Helmut confirmó lo que todos intuían.
—Kursk no va a ser un avance.
Va a ser un muro.
—Entonces —dijo Falk— nos romperemos los nudillos.
O lo romperemos nosotros.
El Tiger arrancó de nuevo.
Y Brunner, desde su Panther, guardó silencio.
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