Leer Novelas
  • Completadas
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completadas
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

Leibstandarte: Moscú a vida o muerte Libro IV - Capítulo 108

  1. Inicio
  2. Todas las novelas
  3. Leibstandarte: Moscú a vida o muerte Libro IV
  4. Capítulo 108 - 108 Capítulo 106 — Aliados bajo el barro
Anterior
Siguiente
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo

108: Capítulo 106 — Aliados bajo el barro 108: Capítulo 106 — Aliados bajo el barro Ucrania central — 6 de febrero de 1942 El camino hacia Kursk era una sucesión de lodo, columnas de humo lejano y pueblos vacíos.

El cielo seguía inmóvil, pesado, como si contuviera la respiración del mundo.

El pelotón de Falk avanzaba lento, en fila, hasta que un oficial motorizado les indicó que hicieran alto.

—Punto de enlace con unidad aliada —anunció Helmut por radio.

Al principio no vieron nada.

Solo árboles pelados y fango.

Pero tras una curva, aparecieron: carros acorazados con cruces negras y una bandera rojigualda ondeando al viento.

Un batallón acorazado español.

Uniformes polvorientos, tanques Panzer IV mezclados con vehículos italianos repintados, y rostros curtidos por el polvo del frente sur.

Uno de los españoles se acercó al Tiger con una sonrisa: —¿Vosotros vais también a Kursk?

—Sí —respondió Helmut, asomado—.

A saludar a Stalin.

—Pues que se prepare.

Vamos con vosotros.

Falk bajó del Tiger con su gorra calada.

El oficial español se cuadró con respeto.

—Capitán Sánchez Valverde, División Azul Blindada.

—Hauptscharführer Falk Ritter, Leibstandarte.

Se dieron la mano.

Firme, breve.

Dos hombres que sabían que no se verían muchas veces más.

Mientras los oficiales hablaban, los tripulantes intercambiaban raciones.

Konrad olfateó con sospecha una lata alemana.

—¿Esto qué es?

¿Zapato molido?

Uno de los españoles se la cambió por una caja de cartón con olor a chorizo y pan.

—Probad esto, camaradas.

Que al menos muramos con el estómago feliz.

Lukas se acercó, oliendo el aire.

Entonces lo escuchó: el acento.

Esa forma de hablar entre canto y cuchillo.

Y volvió a verla, como un destello: su sonrisa, su piel morena, el acento andaluz dulce y sucio a la vez.

—Oh… qué mujer —murmuró.

—¿Quién?

—preguntó Ernst.

—Una… española.

En Gibraltar.

Estuvimos… bueno.

No es asunto tuyo.

Risas.

Incluso Falk esbozó una mueca.

El contacto humano era raro en el frente.

A veces se sentía más extraño que el combate.

Uno de los españoles sacó una radio portátil y comenzó a tocar una marcha suave, casi alegre.

Alguien empezó a cantar, y por un momento, el frío se volvió calor.

Antes de separarse, Sánchez Valverde miró a Falk: —Si caigo, dé recuerdo de los nuestros.Si llegamos… lo hacemos juntos.

Falk asintió.

—Que Kursk sepa lo que es un acero ibérico.

Y los motores volvieron a rugir.

Hacia el este.

Siempre hacia el este.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo