Leibstandarte: Moscú a vida o muerte Libro IV - Capítulo 109
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- Capítulo 109 - 109 Capítulo 107 — Más allá del deber
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109: Capítulo 107 — Más allá del deber 109: Capítulo 107 — Más allá del deber Ucrania — 7 de febrero de 1942 El mapa extendido sobre la mesa mostraba las líneas alemanas como venas de acero avanzando hacia el este.
Falk las recorría con el dedo, absorto.
Afuera, los motores del Tiger rugían al ralentí.
Helmut repasaba inventario.
Ernst limpiaba su óptica.
Brunner afilaba su bayoneta.
La puerta de la tienda se abrió.
—Hauptscharführer Ritter.
Falk se volvió.
Era Obersturmbannführer Keller, su superior inmediato.
Hombre pulcro, preciso, con el rostro endurecido por años de obediencia.
—Tenemos nuevas asignaciones para el avance —dijo, dejando una carpeta sellada sobre la mesa—.
Tu pelotón cubrirá el flanco occidental del eje de Kursk, a unos 15 kilómetros del frente activo.
Falk no dijo nada.
Desplegó el papel, lo leyó… y levantó la mirada con gesto tenso.
—¿Zona tranquila?
—preguntó en voz baja.
—Zona de consolidación —respondió Keller.
—¿Y quién abre la brecha?
—El 2.º Batallón Panzergrenadier… junto con el 1.º Batallón Blindado.
Tú asegurarás los flancos.
Falk fijó la vista en el mapa.
—Aquí es donde esperan los soviéticos.
Aquí es donde se decidirá Kursk.
¿Pretenden alejarme?
Keller respiró hondo.
—No es una decisión mía, Ritter.
Hay preocupaciones políticas.
Periodistas en camino.
Berlín quiere preservar ciertos activos… —¿Yo soy un activo?
—interrumpió Falk—.
No soy un monumento.
Soy un comandante.
Y mis hombres no han sobrevivido tanto para mirar la guerra desde la distancia.
El silencio fue espeso.
—Con todo el respeto, señor —añadió Falk—, si me alejan ahora, deshonran a los que murieron bajo mi mando.
Somos soldados, no decorado de desfile.
Keller le sostuvo la mirada.
No como un oficial.
Como un hombre dividido.
—Si desobedeces directamente, tendré que informarlo —dijo.
—No lo haré —respondió Falk—.
Pero usted tiene margen para “reinterpretar” las órdenes.
A usted le toca decidir.
Keller lo miró una última vez.
Luego tomó una pluma, tachó una línea, y escribió otra.
—Sector central.
Línea de ruptura.
Frente directo a Kursk.
Falk recogió la carpeta.
Hizo el saludo reglamentario.
Y con una voz firme, dijo: —Gracias, señor.
Cuando salió de la tienda, el viento ucraniano le golpeó el rostro.
El barro le cubría las botas hasta la pantorrilla.
En el Tiger, Lukas levantó la cabeza desde la escotilla.
—¿Otra escolta de columna?
Falk subió con paso seguro.
—No.
Vamos a Kursk.
De frente.
Como debe ser.
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