Leibstandarte: Moscú a vida o muerte Libro IV - Capítulo 110
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- Capítulo 110 - 110 Capítulo 108 — La antesala del infierno
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110: Capítulo 108 — La antesala del infierno 110: Capítulo 108 — La antesala del infierno A las afueras de Kursk — 9 de febrero de 1942 La mañana había nacido muda.
No había disparos, ni zumbidos de artillería, ni estelas de cazas en el cielo.
Solo el crujir del acero sobre la tierra helada, las cadenas de los tanques resoplando al trepar colinas y hundirse en zanjas.
El barro congelado crujía como hueso seco bajo las orugas.
El Tiger de Falk abría la marcha, seguido por el Panther y los dos Panzer IV modernizados.
Todos llevaban sus emblemas repintados, el blindaje reforzado, las tripulaciones tensas.
—Hay cráteres por todas partes —anunció Ernst por el intercomunicador.
—No de artillería —dijo Helmut, asomado por la escotilla lateral—.
Son explosiones de minas.
De las que ya no están.
El suelo parecía un campo de lunares: hoyos profundos, alambres oxidados, estacas clavadas en abanico como lanzas rotas.
Más allá, estructuras de acero cruzadas, puestas para romper orugas.
Detrás, trincheras zigzagueantes vacías… o no tanto.
—Han preparado esto durante meses —murmuró Falk.
—Y nos han esperado durante meses —añadió Brunner desde el Panther, con un nudo en la garganta.
Lukas, al volante, avanzaba lento.
El Tiger se movía como una bestia que huele la trampa.
Falk levantó la escotilla y se incorporó, observando el horizonte.
A lo lejos, el cielo se manchaba de humo, pero aún no se escuchaban disparos.
Solo el silencio tenso del preludio.
Alzó la voz por la radio de escuadra, que conectaba a los cinco tanques del pelotón: —Escuchadme.
Todos.
Silencio.
—Hoy empieza la batalla que el Reich lleva dos años esperando.
Y sí, va a ser dura.
Ya lo sabéis.Pero también sé una cosa más: hoy no perderemos a nadie.
¡Hoy no!
¡Lo juro por cada uno que cayó antes!
Se oyó un “¡Jawohl!” tembloroso desde uno de los Panzer IV.
Luego otro, más firme, desde el Panther.
Y al final, cinco voces —cinco tripulaciones— gritándolo al unísono, sacudiendo el frío: —¡Jawohl, Herr Hauptscharführer!
Falk cerró la escotilla con fuerza.
—Lukas, despacio.
A unos doscientos metros, alto total.
Quiero ver qué coño están esperando para disparar.
El avance hacia Kursk había comenzado.Y la primera bala aún no había volado.
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