Leibstandarte: Moscú a vida o muerte Libro IV - Capítulo 112
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- Capítulo 112 - 112 Capítulo 110 — Cuando callan los cañones
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112: Capítulo 110 — Cuando callan los cañones 112: Capítulo 110 — Cuando callan los cañones Frente de Kursk — 11 de febrero de 1942 Durante días, el cielo había escupido fuego.
La artillería alemana, incansable, había bombardeado sin descanso las líneas soviéticas.
No hubo amanecer ni anochecer.
Solo ráfagas, explosiones, estruendos que partían el aire como martillos sobre acero.El suelo era barro tembloroso, una masa removida donde ya no crecían árboles ni se sostenían cuerpos.
Los tripulantes de los tanques dormían —cuando podían— con los cascos puestos, las manos en los controles y los dientes apretados.
El Tiger de Falk, inmóvil entre dos colinas bajas, parecía un depredador a la espera de su presa.
Aquel día, por primera vez en mucho tiempo, el estruendo cesó.
No hubo orden.
No hubo aviso.Simplemente, el último proyectil alemán se perdió más allá de las trincheras… y el silencio cayó como un telón.
Nadie habló en los tanques.
Nadie se movió.
Lukas miró a Falk por el espejo retrovisor del Tiger, como si pidiera confirmación de que el mundo no se había roto.
Helmut mantenía los ojos en los instrumentos, como si esperara el siguiente rugido.
Ernst, el nuevo operador de radio, tragó saliva.
En el Panther, Brunner se ajustaba los guantes con lentitud.
En los Panzer IV, los hombres revisaban por quinta vez sus cargadores, sus visores, sus cruces negras pintadas en los flancos.
Falk se asomó por la escotilla.El horizonte era humo y nada.
Silencio total.
Y entonces lo dijo.
Bajo, firme, como si fuera la sentencia de un general romano antes de cruzar el Rubicón: —Ahora vamos nosotros.
No gritó.
No hizo aspavientos.Pero la radio se encendió de inmediato.
Las tripulaciones respondieron con un solo “¡Jawohl!”, seco, decidido.
Los motores cobraron vida.
Los tanques comenzaron a avanzar.
Por primera vez desde el inicio de Kursk, el frente se movería.Y al frente de la embestida… Falk Ritter.
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