Leibstandarte: Moscú a vida o muerte Libro IV - Capítulo 89
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- Capítulo 89 - 89 Capítulo 88 Amanecer sobre acero
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89: Capítulo 88: Amanecer sobre acero 89: Capítulo 88: Amanecer sobre acero Sector 9K — 30 de enero de 1943, 06:11 horas El primer rayo de sol se abrió paso entre la niebla y el humo, tiñendo de naranja los restos humeantes del campo de batalla.
Allí seguía el Tiger.
Inmóvil.
Quemado.
Sólido como un monumento.
Falk dormía con la espalda apoyada en su blindado, la pistola aún en la funda, la mirada perdida aunque cerrada.
Ernst estaba en pie, vigilando en silencio.
Helmut y Konrad compartían una lata de raciones que no sabían de dónde había salido.
Lukas fumaba con los ojos entrecerrados, como si el cigarro le mantuviese despierto por puro respeto al silencio.
Entonces se oyó el rugido de motores.
Blindados.
Transportes.
Camiones.
Una columna entera cruzó el horizonte, portando las cruces negras y el polvo de la noche.
Al frente, un Panzer IV nuevo abría paso.
En uno de los vehículos, un oficial saltó al suelo antes de que se detuviera del todo.
Era Albrecht.
Miró alrededor.
Se detuvo al ver el Panther destruido.
Y luego fijó la vista en el Tiger sin movimiento, con hollín en la torreta y sangre seca en las orugas.
Se acercó.
Ernst lo vio.
Sonrió con los labios partidos.
—No llegaste tarde.
Pero tampoco pronto —dijo.
Albrecht no contestó.
Caminó hacia Falk, que se incorporó lentamente, como si despertara de una tumba.
—¿Y bien?
—preguntó Falk.
Albrecht miró a su alrededor.
A los cercados que lo observaban desde el fondo.
Al humo.
A los cadáveres.
Al blindado inerte que había contenido un ejército.
—No tengo palabras —dijo.
—Entonces siéntate.
Tampoco nosotros.
08:34 horas Un mensaje llegó por radio, con órdenes directas.
—El Generaloberst Friedrich Paulus solicita la presencia del comandante Falk Ritter y su tripulación.
—¿Von Paulus?
¿En persona?
—Sí.
En su puesto de mando.
No es una orden.
Es…
una petición.
Falk se levantó.
Miró a sus hombres.
Asintieron sin hablar.
— 09:02 horas — Cuartel general del VI Ejército (provisional) Von Paulus estaba de pie.
No con rigidez militar, sino con solemnidad.
Frente a él, Falk y los suyos entraron aún cubiertos de barro, sin cambiarse, sin medallas, sin saludos.
El general los miró uno a uno.
Luego habló con voz baja: —No os llamé aquí para cumplir con el protocolo.
Os llamé porque…
nos salvasteis.
Falk se mantuvo en silencio.
—La historia hablará del cerco.
Del rescate.
De la coordinación.
Pero yo…
solo recordaré el rugido de un Tiger y cinco hombres que no se rindieron.
Sin eso, hoy estaríamos muertos o prisioneros.
Von Paulus se acercó a Falk.
Extendió la mano.
—Gracias.
Falk la estrechó.
Fue el saludo más silencioso, y más alto, que se dio en toda la guerra.
11:12 horas — Último informe de situación Helmut leía la radio con voz ronca, mientras los demás estaban sentados bajo un árbol quemado, con el Tiger detrás.
—”Confirmado: la brecha occidental ha sido consolidada.
Las fuerzas del Eje han establecido un corredor operativo.
El VI Ejército…
está libre.
Cerco roto.” Silencio.
Ernst dejó caer la cabeza hacia atrás.
Konrad cerró los ojos.
Lukas sonrió, solo un poco.
Falk encendió un cigarro.
Dio una calada.
Luego murmuró: —Entonces valió la pena.
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