Leibstandarte: Moscú a vida o muerte Libro IV - Capítulo 91
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- Capítulo 91 - 91 Capítulo 90 Los héroes no descansan
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91: Capítulo 90: Los héroes no descansan 91: Capítulo 90: Los héroes no descansan Región de retaguardia — Alojamiento temporal para veteranos del frente1 de febrero de 1943, 10:46 horas La habitación era simple: cuatro camas de campaña, una estufa, una mesa metálica, dos ventanas con cristales sucios.
Pero para Falk y su tripulación, parecía un palacio.
Por primera vez en días, dormían sin el rugido de motores ni el olor a pólvora.
Ernst estaba sentado junto a la ventana, afeitándose con una navaja mellada.
Lukas roncaba, boca arriba, con una manta cubriéndole hasta el pecho.
Konrad repasaba una vieja carta doblada en cuatro.
Helmut hojeaba un ejemplar del Völkischer Beobachter, arrugado y manchado.
—Dicen que hemos salvado a medio ejército —comentó Helmut sin levantar la vista del periódico.
—¿Dicen eso?
—preguntó Ernst con sorna—.
Pensaba que solo habíamos evitado que nos aplastaran.
—Nos llaman héroes —añadió Konrad, sin apartar la mirada de su carta—.
Y eso que hace una semana nos faltaba comida y munición.
Falk, apoyado en la pared con los brazos cruzados, no decía nada.
Observaba.
Pensaba.
—¿Qué opinas tú, Falk?
—preguntó Helmut finalmente.
Falk suspiró.
—No sé si somos héroes… pero sé que no hicimos nada distinto a lo que haríamos otra vez.
—Yo sí hice algo distinto —rió Lukas desde la cama sin abrir los ojos—.
Sobreviví.
Todos rieron.
Era una risa cansada, rota, pero sincera.
Ernst se levantó y dejó la navaja sobre la mesa.
—¿Y si todo esto es solo para propaganda?
—preguntó—.
¿Y si mañana nos mandan a Berlín, nos dan una medalla… y luego nos usan como cartel de reclutamiento?
Falk se encogió de hombros.
—Entonces que lo hagan.
Yo no quiero honores.
Solo quiero que recuerden al Tiger.
Al Panther.
A los que no volvieron.Si tienen que inventar algo, que al menos lo hagan por los que sí lucharon hasta el final.
Silencio.
Luego, alguien golpeó la puerta.
Era un oficial joven, nervioso.
—¿Comandante Falk Ritter?
—Aquí.
—Han sido convocados.
Alto mando.
Nivel…
máximo.
Salen esta tarde.
Tengan sus uniformes listos.
El oficial saludó y se fue.
La puerta se cerró con suavidad.
Ninguno dijo nada durante unos segundos.
Hasta que Konrad murmuró, casi divertido: —Supongo que ahora sí somos algo más que tanquistas.
Y Falk, sin moverse de la pared, respondió: —Ahora somos el relato.
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