Leibstandarte: Moscú a vida o muerte Libro IV - Capítulo 94
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- Capítulo 94 - 94 Capítulo 93 Sieg Heil en la sala de acero
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94: Capítulo 93: Sieg Heil en la sala de acero 94: Capítulo 93: Sieg Heil en la sala de acero Auditorio del Cuartel General — Rastenburg, Guarida del Lobo2 de febrero de 1943, 12:00 horas Las columnas estaban decoradas con estandartes rojos, las águilas del Reich custodiaban el estrado, y los flashes de las cámaras ya esperaban el momento decisivo.
La sala estaba llena: generales, oficiales de todas las ramas, miembros del partido, prensa y enviados especiales.
Nadie hablaba.
Nadie respiraba.
Adolf Hitler entró por la derecha, escoltado por Goebbels y Himmler.
Todos se pusieron en pie al instante.
La orquesta marcó un redoble.
El Führer alzó la mano con un saludo solemne.
Y entonces, sin más preámbulo, el maestro de ceremonias pronunció: —Achtung!Condecoración oficial a los defensores del sector 9K.
Un oficial de la SS leyó en voz alta: —Tripulación del Panzer Tiger número 217, Leibstandarte SS Adolf Hitler.¡Adelante!
Falk y los suyos subieron los escalones.
Uno a uno.
Uniformes impecables.
Botas firmes.
Miradas limpias.
Rostros endurecidos.
El silencio era total.
Hitler mismo se acercó, con una caja en la mano.
Miró a Falk a los ojos, y sin pronunciar aún palabra, colocó sobre su cuello la Ritterkreuz des Eisernen Kreuzes.
—Falk Ritter, por valor sobresaliente y acción decisiva para la liberación del VI Ejército…Ascendido a SS-Obersturmführer.Portador de la Cruz de Caballero de la Cruz de Hierro.¡Heil Hitler!
Los asistentes respondieron al unísono: —¡Sieg Heil!
Sieg Heil!
Sieg Heil!
Falk dio un paso atrás.
No sonrió.
Solo sostuvo la mirada.
Firme.
Inquebrantable.
— Siguieron sus hombres: —Konrad Weber, artillero.Ascendido a Unterscharführer.Condecorado con la Cruz de Hierro de Primera Clase y la Cruz Alemana en Oro.
—Helmut Kramer, operador de radio.Ascendido a Rottenführer.Condecorado con la Cruz de Hierro de Primera Clase.
—Ernst Schäfer, cargador.Ascendido a Unterscharführer.Cruz de Hierro de Primera Clase.
—Lukas Hoffmann, conductor.Ascendido a Rottenführer.Medalla de Herido en Plata.Cruz de Hierro de Segunda Clase.
Uno a uno, Hitler les entregó las medallas en persona.
Ningún otro soldado fue condecorado ese día.
Solo ellos.
Goebbels observaba con el rostro iluminado.
Himmler permanecía en silencio, cruzado de brazos.
Guderian, en la primera fila, asentía con orgullo contenido.
Y entonces, el maestro de ceremonias gritó: —¡Para los defensores de la brecha de Stalingrado!¡Para el rugido del acero alemán!
Todos en la sala, de pie, brazo en alto: —¡Sieg Heil!
Sieg Heil!
Sieg Heil!
Los cinco bajaron del estrado.
Aplausos.
Flashes.
Grabaciones.
Pero en sus rostros no había vanidad.
Solo el peso de haber sobrevivido.
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