Leibstandarte: Moscú a vida o muerte Libro IV - Capítulo 96
- Inicio
- Todas las novelas
- Leibstandarte: Moscú a vida o muerte Libro IV
- Capítulo 96 - 96 Capítulo 95 Ecos de guerra
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
96: Capítulo 95: Ecos de guerra 96: Capítulo 95: Ecos de guerra Washington D.C.
— 10 de diciembre de 1941 — Despacho Oval Franklin D.
Roosevelt estaba sentado, exhausto pero decidido.
Sobre su mesa, un teléfono con múltiples líneas no paraba de sonar.
El secretario de Estado le acercó un auricular.
—Es Churchill, señor presidente.
Roosevelt lo tomó de inmediato.
—Winston.
—Franklin.
Qué día más largo…
pero también histórico.
—Tú lo dijiste en tu carta: el Viejo Mundo y el Nuevo luchando codo a codo.
Ya no hay marcha atrás.
—La historia nos mira, amigo mío —respondió Churchill con voz grave—.
Alemania pronto sentirá el peso del acero industrial americano.
—Y yo no pienso detenerme hasta que Hitler y sus aliados caigan uno por uno.
Una nueva línea parpadeó.
El presidente levantó el auricular.
—¿Quién es?
—General Wavell desde Egipto, señor.
Su voz sonaba apagada, agotada: —El Cairo está prácticamente rodeado.
Las tropas del Eje avanzan desde el oeste, el sur y el norte.
Rommel, italianos, incluso españoles…
están por todas partes.
—¿Resistencia?
—Hasta el último cartucho, pero no duraremos mucho.
Señor…
más les vale a ustedes abrir un frente en Marruecos.
O en días no quedará nada.
Roosevelt apretó la mandíbula.
—Lo haré llegar al Estado Mayor.
Resistan.
Colgó.
En su rostro ya no quedaba espacio para la duda.
—Llamen al Estado Mayor Conjunto.
En media hora.
Londres — Mismo día Churchill colgó con Roosevelt y levantó otra línea.
—¿Stalin?
—Aquí estoy —respondió el georgiano—.
¿Habéis hablado ya con los americanos?
—Sí.
Están decididos.
Esta guerra ahora es global en todos los frentes.
—Esperemos que lo demuestren con acción.
Cada semana cuenta.
—Lo harán, Iósif.
Te lo prometo.
Stalin murmuró algo antes de colgar.
Churchill, aún con el teléfono en mano, llamó a De Gaulle.
—Charles, El Cairo está a punto de caer.
—Entonces el norte de África se ha perdido.
—No si los americanos desembarcan a tiempo.
—¿Lo harán?
—Van a hacerlo.
No les queda otra.
Moscú — Noche Stalin, con los informes del VI Ejército escapando del cerco, caminaba de un lado a otro de su despacho.
—Maldita sea.
Debería haberlos destruido.
Estaban al alcance de la mano… Uno de sus generales intentó intervenir, pero Stalin levantó la mano.
—No importa.
Ahora los americanos están dentro.
Y eso significa…
un segundo frente.
Quizá no todo esté perdido.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com