¡Ligando con chicas guapas en el mundo postapocalíptico! - Capítulo 58
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- Capítulo 58 - 58 Visita al banco
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58: Visita al banco 58: Visita al banco La reunión que Han iba a tener era con su banquero.
El hombre que manejaba su cuenta, así como la de su nueva empresa, lo recibió en la entrada del banco y enarcó una ceja con curiosidad al ver a la persona que lo escoltaba.
Han ya había dejado a Lily en su apartamento y a Tao Long para que la cuidara mientras él estaba fuera, por lo que solo la traficante estaba con él.
Su banquero le estrechó la mano y, cuando intentó estrechar también la de la traficante, Han lo detuvo.
—No es necesario, solo es una perrita faldera.
Vamos.
El banquero se quedó pasmado y la traficante rabiaba de ira.
¡¿Por qué la llamaba perrita faldera incluso en público?!
¡¿Acaso no sabía que ella tenía su orgullo?!
A Han no le importaba el orgullo de la traficante y menos aún lo que ella pensara de él.
Siguió a su banquero al interior del edificio y le dijo a la traficante que esperara fuera del despacho mientras él entraba a hablar.
Como una buena perrita.
Han y el banquero tomaron asiento y este último empezó a explicarle a Han lo que pasaba.
—Hay un problema con su cuenta que pensé que querría ver personalmente.
¿Sabe ya qué quiere hacer con las propiedades inmobiliarias que posee?
Han ladeó la cabeza.
¿De qué estaba hablando este hombre?
¿No había dicho ya que pondría el negocio inmobiliario como una filial de HR investments?
—Simplemente transfiera el dinero del negocio inmobiliario a HR investments.
¿No es eso lo que acordamos?
El banquero negó con la cabeza.
No era posible hacerlo en este momento.
No con lo que había descubierto.
—Señor Han Luo, no creo que le haya prestado la debida atención a su fondo inmobiliario todo este tiempo.
Permítame darle un informe detallado.
El banquero sacó un documento y se lo entregó a Han.
Han empezó a leerlo y, cuando sus ojos llegaron al final, se abrieron como platos por la sorpresa.
—¡¿Trescientos millones?!
Todo el mundo en la empresa se giró hacia el despacho del banquero en cuanto Han se puso en pie de un salto.
¡Ni siquiera le importó!
¡¿Qué demonios estaba viendo?!
¡¿Cómo era posible que su patrimonio, que antes no valía ni diez millones, ahora valiera trescientos millones de dólares?!
El banquero le dijo a Han que se calmara y luego empezó a explicar.
Sabía que esto sería un shock para Han y por eso había convocado una reunión en persona.
Las cosas no se resolverían fácilmente por teléfono.
—Las propiedades que compró en la zona oeste de la Ciudad C ya eran un área próspera cuando las adquirió, pero hubo algo que hizo recientemente que disparó la publicidad por las nubes.
Cuando el dueño de un patrimonio inmobiliario se convierte en copropietario de una empresa de electrodomésticos, es obvio que la gente acudirá en masa a la zona para aprovechar los beneficios.
Sus propiedades han triplicado el número de inquilinos y la gente está dispuesta a pagar ahora hasta cuatro veces más por las habitaciones.
Esto también significa que usted recibe una comisión aún mayor de los propietarios de allí.
Han estaba conmocionado por todas estas noticias.
¡¿Todo había ocurrido solo porque compró AeroDynamicity?!
Y si lo que decía el banquero era cierto, entonces ahora entendía cuál era el problema.
Estaba ganando demasiado dinero en un solo sector.
—Una empresa matriz no puede tener menos dinero que su filial, ese es el problema, ¿no?
Si no hago algo al respecto, podría perder los derechos sobre mi patrimonio.
El banquero asintió con la cabeza y una expresión solemne.
Se alegraba de que Han fuera un hombre inteligente.
Tener que explicarle cosas como esta a idiotas era su mayor temor.
¡Los ricos odiaban que les dijeran que no podían tener tanto dinero!
Han carraspeó y se reclinó en su asiento.
Su actual empresa matriz, HR investments, solo valía ciento cincuenta millones de dólares, justo la mitad de lo que valía ahora su patrimonio inmobiliario.
Si no reducía la cantidad de dinero del patrimonio, lo perdería.
Podría simplemente sacar dinero de él e inyectarlo en HR investments, pero eso haría que el gobierno empezara a investigar sus negocios más de cerca.
Necesitaba que el dinero de las operaciones proviniera solo de las operaciones y el del patrimonio inmobiliario solo de los bienes raíces.
Estaba demasiado ocupado para lidiar con tonterías burocráticas.
Entonces, ¡¿cómo iba a resolver este problema?!
No tenía ninguna otra fusión inmobiliaria ni áreas donde pudiera ponerlo.
Ahora su patrimonio legal ascendía a cuatrocientos cincuenta millones de dólares y por fin entendía de qué hablaban todos esos ricos cuando decían: «¡Más dinero, más problemas!».
¡¡Este dinero solo le estaba trayendo problemas!!
El banquero se dio cuenta de que Han estaba teniendo dificultades con el problema y decidió darle la sugerencia que ya tenía planeada.
Sacó una tarjeta y la puso sobre la mesa, y Han la miró con curiosidad.
Han ya sabía qué tarjeta era.
Era una tarjeta dorada, un poco diferente de la tarjeta negra que ya tenía.
La tarjeta negra era para empresarios extremadamente ricos, pero la dorada era solo para gente rica que no tenía ningún negocio.
¿Qué estaría pensando el banquero ahora?
—Esta es una tarjeta dorada completamente irrastreable por el gobierno.
Está protegida por el banco y nunca tendrá problemas para usarla.
Si está dispuesto a deshacerse de una cantidad sustancial del dinero del patrimonio inmobiliario y depositarla en esta tarjeta, sus problemas se resolverían.
Han parpadeó, mirando la tarjeta, antes de darse una palmada en la cabeza.
¡¡Claro!!
¡¡Había sido un completo idiota todo este tiempo!!
¡Solo pensaba en cómo conservar todo el dinero en su cuenta y ni una sola vez se le ocurrió meterlo en una cuenta inactiva!
¡¿Cómo pudo volverse tan codicioso como para solo pensar en ganar demasiado dinero?!
¡Tenía que calmarse o de lo contrario seguro que cometería un error que le costaría caro en el futuro!
—Entonces, ¿está dispuesto a hacerlo?
El banquero vio lo aliviado que estaba Han y sonrió.
Era feliz siempre y cuando sus clientes fueran felices.
Reducir la cantidad del patrimonio inmobiliario no le afectaría demasiado, ya que posiblemente podría recuperarlo todo en unos pocos meses.
Solo tenía que asegurarse de ganar más con las operaciones para que su empresa no fuera objeto de una revisión por parte del gobierno.
Han asintió ante la pregunta del banquero y le devolvió el informe de su patrimonio inmobiliario.
Ya sabía cuánto quería meter en la tarjeta, así como a nombre de quién estaría.
—La tarjeta no debe estar a mi nombre.
Quiero que deposite doscientos millones en esta tarjeta y que la emita a nombre de Rina Luo.
Los ojos del banquero se abrieron de par en par.
¡¿Iba a regalar el dinero sin más?!
¡¿Qué clase de hombre regala así sin más semejante cantidad de dinero?!
—¿E-Está seguro de que no quiere quedarse con el dinero usted mismo?
El gobierno seguro que no sospechará nada si lo guarda en esta tarjeta.
Han negó con la cabeza.
No tenía uso para ese dinero y prefería usarlo para hacer algo bueno por su hermana.
Sabía que doscientos millones era mucho dinero, probablemente suficiente para mantener a toda una generación de una gran familia sin que pasaran hambre ni una sola vez.
Pero Han haría cualquier cosa por su hermana.
Para él, esto era algo insignificante.
Se puso de pie y empezó a salir.
—Emítala a su nombre y envíela a mi ático.
Se la daré yo mismo.
El banquero asintió y Han salió del despacho.
Se giró hacia la traficante y enarcó una ceja al verla sentada en un sofá en el otro extremo de la oficina.
¿Quién le había dicho que se sentara?
La traficante vio que Han la miraba y se levantó rápidamente.
Tragó saliva y esperó que no se enfadara con ella.
Había estado de pie mucho tiempo y ya le dolían los pies.
Solo quería descansar un poco después de todo lo que había pasado hoy.
Han le hizo un gesto para que se acercara y ella caminó hacia él con rigidez.
Una vez que estuvo cerca, él se inclinó hacia delante y le susurró al oído.
—La próxima vez que hagas algo sin mi permiso, te quitaré un dedo.
¿Entendido?
La traficante retrocedió tambaleándose mientras asentía rápidamente.
Han carraspeó y le dijo que fuera a arrancar el coche.
Se irían pronto.
La traficante prácticamente salió corriendo del edificio y Han la siguió con calma.
Pero justo cuando estaba a punto de irse, alguien le agarró la mano y lo detuvo.
Han se dio la vuelta sorprendido y sus ojos se abrieron de par en par al ver de quién se trataba.
—Señorita Kim…
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