Linaje Celestial - Capítulo 36
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36: Un camino 36: Un camino Al no obtener respuesta del anciano, Kyle aflojó el agarre y dio un paso atrás con una expresión vacía.
«¿Por qué papá no dice nada?».
Miró a los sirvientes cercanos; le palpitaba la cabeza por el dolor.
—¿Dónde están mis hermanos?
Su voz estaba más tranquila esta vez, pero su rostro permanecía inexpresivo.
De entre los sirvientes, un anciano vestido de mayordomo se le acercó rápidamente.
El viejo mayordomo le echó un vistazo a Kyle y luego bajó la cabeza, evitando el contacto visual con aquellos ojos intimidantes.
Como mayordomo veterano de la casa, había cuidado de Kyle desde que era niño, y sabía que era perezoso y despreocupado.
Ahora, al ver a Kyle irradiar un aura tan poderosa, se preguntó cómo el joven amo había cambiado tanto en solo un mes.
Apenas dos días atrás, cuando los monstruos atacaron, la situación fue realmente terrible.
Algunos parientes lejanos sugirieron contactar a Kyle, que estudiaba en la Academia Real, para pedir ayuda.
Después de todo, la Academia tenía muchos individuos poderosos.
Sin embargo, el padre de Kyle, el Barón Ohan, rechazó la idea porque entendía que, aunque le informaran de la situación, él no tendría mucha influencia.
También sabía que si se lo decían a Kyle, el chico vendría corriendo de inmediato sin pararse a pensar en nada más.
El mayordomo suspiró, dándose cuenta de que ahora que Kyle estaba aquí, no podían ocultarle nada.
—Me alegro de ver que está bien, joven amo.
Por favor, sígame.
Kyle siguió en silencio al viejo mayordomo que solía regañarlo durante su infancia.
El dúo pronto atravesó el otrora hermoso jardín, ahora lleno de ramas de árboles rotas.
Kyle aspiró el persistente hedor a sangre y vio los cuerpos sin vida de algunos monstruos esparcidos por la hierba, pero permaneció en silencio.
Aunque quisiera hablar, parecía que las palabras se le habían atascado en la garganta.
Tras caminar por el pasillo vacío, llegaron frente a la habitación más grande de la casa.
El mayordomo se giró hacia Kyle, con expresión seria.
—Debido al repentino brote de monstruos, tanto el amo Neon como el amo Ray, junto con otros individuos poderosos de la ciudad, lucharon con valentía.
También lograron evacuar a la mitad de los ciudadanos.
La mirada de Kyle permaneció fija en las puertas de la habitación.
Quería entrar corriendo y ver la situación, pero esperó pacientemente a que el mayordomo terminara de hablar.
—Todo parecía ir bien y los refuerzos llegaron al cabo de unas horas.
Pero, de repente, el líder de los monstruos desató una habilidad de veneno letal sobre el grupo que luchaba en el frente.
—Era una pitón de Rango-(A), y tanto el amo Neon como el amo Ray resultaron heridos en el ataque por sorpresa.
Al principio no pareció muy grave, pero al cabo de tres horas, los heridos por el veneno cayeron en coma.
Ahora mismo, los sanadores de la ciudad capital están haciendo todo lo posible por salvarlos.
Cuando el mayordomo terminó, se dio la vuelta y abrió la puerta.
Kyle entró en la habitación con pasos lentos e inseguros.
Solo unos segundos después, se detuvo, con los ojos fijos en las cuatro camas de la habitación.
En un instante, su mirada se posó en los dos rostros familiares que tanto había anhelado ver.
Su respiración era dificultosa, su tez pálida y extrañas venas negras se extendían por sus cuerpos.
«¿Qué puedo hacer para ayudar?».
Kyle se quedó paralizado frente a la puerta, observando los frenéticos intentos de los sanadores por estabilizar a los pacientes, pero parecía que nada funcionaba.
«No puedo hacer nada».
Las palmas de las manos le sudaban y se sintió inútil por primera vez en su vida.
«Si fuera más fuerte, quizá podría haberlos ayudado y esto no habría ocurrido.
Es todo culpa mía…».
A pesar de ser más maduro que sus compañeros, Kyle solo tenía 16 años.
Sus hermanos luchaban por su vida justo delante de él, y lo único que podía hacer era verlos sufrir.
Le tembló la mano, pero entonces una mano le agarró el hombro.
Kyle levantó lentamente la cabeza para mirar al anciano.
—¿Papá…?
Los ojos del Barón Ohan se llenaron de lágrimas, y le agarró el hombro con fuerza.
—Estarán bien.
Kyle, que estaba a punto de llorar, luchó por contener las lágrimas.
Miró a su padre y apretó los puños.
«¿Qué estoy haciendo?
Están luchando con todo lo que tienen.
¿Cómo puedo perder la esperanza?».
El corazón de Kyle empezó a calmarse al encontrar valor en la presencia de su padre.
Miró a las cuatro personas que yacían en camas separadas y, por un breve instante, una hermosa luz verde brilló en sus ojos antes de desvanecerse por completo.
El viejo mayordomo, que estaba de pie detrás del dúo, echó un vistazo al rostro desconocido que Kyle había traído consigo.
Se acercó a Nine y, al enterarse de que Nine era compañero de clase y amigo de Kyle, se disculpó e indicó a algunos sirvientes que guiaran al joven a una habitación ordenada.
Sin embargo, Nine rechazó la oferta y optó por cumplir las misiones que habían aceptado antes de dejar la Academia.
Tras decirle al mayordomo que le diera un mensaje a Kyle, partió en busca de las hierbas de la misión.
…
Tras estar de pie durante una hora, el Barón Ohan y Kyle fueron al estudio a esperar que los sanadores trajeran noticias.
El tiempo parecía pasar muy lentamente mientras Kyle caminaba de un lado a otro por el estudio.
Era incapaz de quedarse quieto, comer o beber nada.
Finalmente, tras un largo día, el sanador jefe salió de la habitación.
Por desgracia, las noticias que dio no eran las que Kyle ni nadie quería oír.
Tras hacer todo lo posible y usar una de las mejores pociones de curación, los sanadores lograron estabilizar el estado de los pacientes, pero solo fue algo temporal.
El veneno de la pitón actuó demasiado rápido, y antes de que pudieran eliminarlo, se extendió por las venas de los pacientes y causó un daño considerable en sus corazones.
El sanador explicó que, aunque usaran pociones de alto nivel con regularidad para estabilizar a los pacientes, solo podrían sobrevivir un máximo de ocho meses.
La noticia cayó sobre el Barón Ohan como un rayo, haciendo que se desplomara en la silla del estudio.
Kyle golpeó la pared con el puño.
Se negaba a aceptarlo.
No había forma de que pudiera dejar morir a sus hermanos.
Con la frente sudorosa, miró al sanador con una expresión desesperada.
—¿Está seguro de que no hay otra forma?
Creo que debe de haber algo…, ¿cualquier cosa que podamos hacer para salvarlos…?
—¡Maldita sea!
Estoy dispuesto a hacer lo que sea si hay siquiera un atisbo de esperanza.
¡Pagaré cualquier precio!
El sanador miró a Kyle, dándose cuenta de que había perdido por completo la compostura.
Tras reflexionar un momento, el sanador vaciló, como si recordara algo que parecía imposible.
—Podría haber una forma…
La mirada de Kyle se encontró con la del sanador, y apretó los puños con fuerza.
—No importa lo que sea.
Haré lo que sea para salvarlos.
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