Linaje Celestial - Capítulo 361
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Capítulo 361: Ahora… es tu turno
En cuanto Kyle terminó de hablar, una pequeña grieta apareció en el centro del escudo. Luego, como una telaraña, la grieta se extendió por toda la superficie. De inmediato, todos los que flotaban a su alrededor o estaban de pie debajo de él entraron en pánico y usaron toda habilidad o hechizo de protección que tenían para escudarse de las llamas.
La frente de Kyle se cubrió de sudor cuando el efecto de la píldora de encantamiento que había tomado un minuto antes finalmente hizo efecto.
«Le voy a dar una paliza a ese enano si lo vuelvo a ver… Dijo que no sería doloroso, ¡pero está doliendo como el infierno!».
Una vena se le hinchó en el cuello y su fuerza se disparó a una velocidad increíble. Desapareció de su sitio, solo para reaparecer entre los símbolos resplandecientes que estaban sobre él. Los símbolos temblaron y se precipitaron hacia su cuerpo a la velocidad del rayo.
Kyle apretó los puños cuando un dolor aún más agudo le recorrió todo el cuerpo. Sin embargo, absorbió obstinadamente cada gota de maná que le llegaba. El caos y los ruidos que zumbaban en sus oídos desaparecieron, y todo a su alrededor se quedó en silencio durante una fracción de segundo.
En ese momento, Mia perdió el equilibrio, pero antes de que pudiera caer, Carcel la agarró por la cintura con el ceño fruncido. Ella cerró los ojos con un jadeo sobre su hombro, sin atreverse siquiera a mirar el escudo.
Los corazones de la multitud latían deprisa mientras clavaban la mirada en el escudo, y algunos incluso empezaron a correr hacia atrás, en dirección a la frontera. Pero justo cuando el escudo estaba a punto de hacerse incontables pedazos, los símbolos que rodeaban a Kyle desaparecieron y él susurró en voz baja.
—Dominio de Hielo…
Una gota de sangre manó de su boca mientras una tremenda cantidad de maná abandonaba su cuerpo y viajaba hacia el escudo. El aire se enfrió de forma extrema, y una cúpula translúcida se materializó de la nada, envolviendo el escudo y las impetuosas llamas en un abrazo gélido. La cúpula se sacudió un poco por la cantidad de calor que irradiaban las llamas, pero incontables carámbanos se formaron en el aire, y espesas nubes se congregaron en el cielo para verter hielo sobre el fuego.
El señor de los monstruos, que lo observaba todo desde el otro lado, retrocedió aún más con los ojos dilatados al presenciar cómo el hielo se derretía y se convertía en agua, extinguiendo las otrora dominantes llamas.
Nubes de humo negro se alzaron hasta cubrir el cielo con un manto oscuro, y el aire frío se volvió húmedo. La multitud salió de su estupor cuando la cúpula helada se desplomó con un fuerte estruendo, y el hielo restante se dispersó en fascinantes copos que flotaron con elegancia en el aire.
Kyle alzó la mano y un copo de hielo se posó en su dedo. Sus labios se curvaron en una mueca de desprecio mientras su mirada se cruzaba con la del señor de los monstruos a través de la cortina de humo. Ira, frustración y una multitud de emociones inquietantes llenaban la mirada del señor de los monstruos. No era de extrañar, pues este último había sido testigo de cómo todo su ejército se desmoronaba ante sus propios ojos.
—Ahora… es tu turno.
Kyle no estaba seguro de si el señor de los monstruos lo había oído, porque su cuerpo se quedó sin fuerzas por el agotamiento. El efecto de la píldora de encantamiento se desvanecería al cabo de una hora, y él se preparó mentalmente para soportar el mismo cansancio durante un día entero. Aun así, dejando a un lado los efectos secundarios de la píldora, era increíble que el Continente Oeste poseyera un objeto tan poderoso y nunca lo hubiera compartido con los demás continentes.
Kyle cerró los ojos y se dejó caer. Bueno, aún le quedaba un poco de maná para flotar antes de estrellarse contra el suelo. Pero canturreó al sentir la presencia de Bia debajo de él. La fénix chasqueó la lengua y surcó el cielo cuando el cuerpo de Kyle cayó sobre su lomo.
«Cielos… Sabes que siempre te pasas de la raya».
Kyle se rio entre dientes ante sus palabras.
«Solo quiero acabar con esto lo antes posible. Busquemos a Ray y a Neon después de que nos encarguemos del señor de los monstruos. Los vi con Nine durante un instante…, pero no sé adónde fue el trío después».
La fénix frunció un poco el ceño al sentir la temperatura corporal de Kyle. Estaba demasiado frío, incluso más que su temperatura habitual. Pero tal vez era porque había empleado muchísima fuerza en muy poco tiempo. Así que simplemente lo ignoró.
«Vale…, vale, descansa un rato o te desmayarás antes de que los encuentres».
Kyle sintió otra presencia familiar que flotaba sobre él y abrió los ojos para ver el rostro de Yue, que lo miraba con una sonrisa preocupada.
La miró fijamente, sin parpadear. Ella tenía los brazos cruzados sobre el pecho y su largo cabello caía hacia el rostro de él.
Yue ladeó la cabeza y empezó a hablar con una voz suave que solo ellos dos podían oír.
—Me asustaste cuando caíste tan de repente. ¿Estás bien?
Kyle sonrió y cerró los ojos.
—Estoy bien. ¿Y vosotros? También usasteis la formación.
Sintió la mirada de ella demorándose en su rostro, pero no dijo nada. Entonces, un dedo cálido se posó en su frente.
—Si estás bien…, ¿por qué frunces el ceño? Me he dado cuenta de que llevas un rato haciéndolo.
Kyle agarró el dedo que tenía en la frente y Yue parpadeó, sorprendida. Normalmente, se habría percatado de la temperatura de Kyle, pero se distrajo cuando él tiró de ella y dio unas palmaditas en el sitio a su lado con la otra mano.
—Deja de flotar sobre mí y siéntate… Me estoy mareando.
—… Ah, vale.
Se sentó a su lado y le contempló el rostro de nuevo, completamente ajena a que cierta fénix refunfuñaba dentro de la mente de Kyle sobre que no se debería permitir a otros sentarse en su lomo. Bia siguió refunfuñando un rato, pero se detuvo al percibir el humor apacible de Kyle.
«Bueno, solo por esta vez, pase».
A Kyle le vibraron las orejas al oír la potente voz de Alec, que llamaba a los demás para que rodearan al señor de los monstruos, el cual intentaba escapar tras darse cuenta de que estaba solo. Por los gritos de Alec, Kyle estaba seguro de que el señor de los monstruos sufriría el doble que ellos.
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