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Linaje Celestial - Capítulo 367

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Capítulo 367: ¿Dónde está su cuerpo?

El aire estaba cargado del olor a humo y polvo, un inquietante recordatorio de la batalla que había asolado la tierra. En medio de edificios destrozados, casas derruidas e innumerables gritos, Alec estaba de rodillas con una expresión llena de desesperación.

Tenía la frente húmeda de sudor mientras agarraba la mano de la hermosa mujer que acunaba en sus brazos y empezaba a musitar.

—Por favor, despierta…

Su expresión se volvía más pálida con cada segundo que pasaba, después de que la mano que sostenía quedara lacia. Las ropas que lo cubrían estaban rasgadas por varios sitios y la sangre manaba de las numerosas heridas que tenía por todo el cuerpo.

Soltó una risa incrédula y gritó que no podía ser, no podía ser… Pero los ojos de Lara permanecían cerrados, incluso después de que él vertiera muchas pociones de curación en su boca. Solo pudo observar cómo unas gruesas líneas oscuras trepaban lentamente por su cuello, amenazando con robarle los últimos alientos que le quedaban.

¿Cómo pudo pasar esto? Después de que todos se dispersaran por las circunstancias, a Alec y Lara, junto con muchos otros veteranos, se les asignó la protección de la parte occidental del Continente Este. Él pensó que todo estaría bien mientras no admitieran la derrota, pero nada estaba bien.

El cielo sobre él estaba envuelto en una oscuridad que emanaba del látigo de la mujer que flotaba en el aire. Diora soltó un suspiro lastimero, pero sus ojos brillaban con regocijo. Miró al hombre de cabello azul arrodillado debajo de ella, agitando sus espesas pestañas.

Estaba sola, con solo un pequeño ejército de mil personas a su lado. Hay y los otros individuos poderosos, junto con el ejército restante del tercer general de las sombras, estaban lanzando ataques contra el planeta desde diferentes lugares.

Diora había venido aquí para saldar una vieja rencilla con el hombre de cabello azul porque, incluso después de tantos días, no había podido localizar a aquel viejo enano.

¿Pero quién habría adivinado que su oponente caería tan fácilmente?

Bueno, mentiría si dijera que el hombre no tenía potencial para volverse más fuerte que ella. En el momento en que luchó contra él, supo que podría lograr mucho.

Esbozó una sonrisa de suficiencia cuando Alec levantó la cabeza para fulminarla con la mirada.

—¿Qué? Estás en el bando más débil. Un bando que estaba destinado a fracasar desde el momento en que el maestro quiso conquistar todo este universo.

Diora quería divertirse un poco más con su presa, pero entonces Alec cerró los ojos y una voz débil escapó de sus labios temblorosos.

—Para… Quieres hacerme daño a mí, ¿verdad? Así que, por favor, no la mates a ella… por favor.

Los labios de la mujer se curvaron en una mueca de desprecio, y sus hombros temblaban mientras la risa amenazaba con escapársele. No podía creer que aquel hombre orgulloso, que la había enfrentado cara a cara a pesar de ser más débil, estuviera ahora suplicando para salvar a la mujer que tenía en brazos. Se llevó un dedo a los labios y le sonrió a Alec.

—¿Y si no quiero? ¿Qué tal si suplicas un poco más?

Los ojos de Alec temblaron un poco, pero entonces fijó su mirada en Lara. Sin embargo, en ese momento, el cielo se sacudió violentamente y una tremenda cantidad de maná se acumuló en un lugar lejano.

Diora levantó la cabeza y miró a lo lejos. Sus ojos se abrieron de par en par y, en un instante, cayó de rodillas. Su arrogancia y elegancia anteriores se desvanecieron ante la presencia de la persona que acababa de llegar al planeta.

No solo ella, sino todas las personas que luchaban a su lado también cayeron de rodillas mientras los pétalos de sus frentes brillaban con intensidad.

Alec apretó con más fuerza la empuñadura de su espada mientras miraba a Diora con una expresión vacía. En su mente solo había un pensamiento: tenía que matarla y todo estaría bien. Pero se le cortó la respiración cuando una figura se abalanzó hacia él y Diora, moviéndose tan rápido que ni siquiera pudo ver un borrón. La espada que sostenía salió volando hacia atrás mientras la persona se materializaba frente a ellos.

Alec escupió una bocanada de sangre cuando sus ojos se encontraron con un par de hipnóticos ojos de zafiro que lo miraban directamente. Pensó que el hombre le estaba mirando a través del alma, y su mente se quedó completamente en blanco durante unos segundos, solo para ser despertado de golpe cuando la ventana del sistema sonó con innumerables señales de advertencia. Jadeó y cerró los ojos bruscamente porque el brillo etéreo en los ojos del hombre era un tanto espeluznante.

El polvo se arremolinó mientras Diora dejaba escapar un débil grito de bienvenida, llamando al hombre con el máximo respeto. Alec abrió lentamente los ojos y contempló al hombre cuando este se dio la vuelta para encarar a la mujer arrodillada frente a él.

«¿Así que este es el aspecto que tiene un general de las sombras…?»

El hombre se parecía a un humano, con la prístina túnica marrón colgando holgadamente de su cuerpo; o quizá era un humano, a excepción de la flor de cinco pétalos que florecía en el centro de su frente. Sus ojos mostraron un destello de molestia cuando vio a Diora, quien, por alguna razón, no se atrevía a establecer contacto visual con él.

Luego, clavó la mirada en Alec, quien apretó más a Lara y retrocedió un poco con los dientes apretados. Pero lo que sucedió a continuación hizo que a Alec se le erizara el cuero cabelludo. El hombre se ofreció a salvar la vida de Lara, pero la sonrisa en la comisura de sus labios no presagiaba nada bueno mientras aterrizaba frente a Alec.

—Sabes…, hay un dicho: si quieres algo, debes dar algo a cambio, ¿verdad?

Los ojos de Alec se abrieron de par en par cuando un familiar cristal rojo apareció frente a él. Miró fijamente el cristal flotante con las pupilas dilatadas. Era el mismo cristal que había dañado a Kyle, el que había devorado su alma.

El hombre bajó la vista hacia el cristal, y este tembló un poco.

—Acabo de encontrar a la persona que se atrevió a robar mis pertenencias y permaneció oculta durante tantos años. Merece un castigo por el crimen que cometió. Pero me asombré al ver la rebosante y pura energía divina en el cristal devorador de almas. Así que, antes de matarlo, le pedí que me dijera dónde y de quién era el alma que el cristal había consumido.

El hombre hizo una pausa y agarró el cristal antes de mirar directamente a Alec con sus ojos de zafiro, que brillaban débilmente para cautivar al joven.

—Sé que la persona cuya alma fue devorada está muerta, así que dime, ¿dónde está su cuerpo?

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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