Linaje Celestial - Capítulo 39
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39: Anuncio 2 39: Anuncio 2 Como tanto Kyle como Nine llegaron un poco tarde, acabaron al fondo de la multitud.
Mientras esperaba al Vicedirector, Kyle distinguió a Alec y a su equipo, que estaban más cerca de la plataforma.
No pudo evitar negar con la cabeza con una sonrisa agridulce.
Era muy fácil distinguirlos entre la multitud, con su aspecto extraordinario.
Parecía que habían sido bendecidos por los cielos, no solo con su apariencia, sino también con un talento increíble que podría despertar la envidia de cualquiera.
Kyle parpadeó y recordó que, cuando entró por primera vez en la Academia, pensó que estaban totalmente fuera de su alcance.
Sabía lo que podía y no podía lograr, pero ahora, al mirarlos, su perspectiva había cambiado por completo.
Acercarse a ellos ya no parecía tan difícil.
Quizá, sin siquiera darse cuenta, empezaba a pensar que un día podría incluso superarlos.
Aquello contrastaba enormemente con sus pensamientos anteriores, después de descubrir lo de su linaje, cuando solo aspiraba a alcanzar su nivel algún día.
Mientras reflexionaba sobre todo esto, ni siquiera notó cómo sus pensamientos, antes despreocupados, se estaban transformando.
¿Era todo por el incidente de su hermano?
¿O había algo más en juego?
Por desgracia, nadie en el planeta parecía lo bastante capaz como para darse cuenta o explicárselo.
La estruendosa voz del Vicedirector interrumpió los pensamientos de Kyle.
—Hola a todos.
Sé que se han estado esforzando y aprendiendo cosas nuevas aquí en la Academia.
—En primer lugar, quiero disculparme por haberlos reunido a todos aquí sin previo aviso.
Sé que probablemente estén ocupados entrenando o preparándose para los próximos exámenes.
Pero hoy tengo que hacer un anuncio importante…
Kyle echó un vistazo a la plataforma donde se encontraba el Vicedirector.
A su izquierda estaba el Profesor Liam y, detrás de él, otros cuatro Profesores.
Miró a su alrededor con la esperanza de ver a la Profesora Aliza, pero no la encontró por ninguna parte.
Finalmente, tras una breve charla, el Vicerrector Jorge abordó el tema que todos esperaban con impaciencia.
Anunció que la Torre de Oportunidad, que se abre cada veinte años, lo haría el próximo mes.
Al igual que la última vez, se habían asignado cien plazas a cada Reino del Continente Este.
El Reino Escalante, como todos los demás Reinos, también seleccionará a cien individuos con talento de la generación más joven.
De esas cien plazas, catorce se han concedido a la Academia Real, ya que es la academia de mayor rango del Reino.
Jorge no pudo evitar jactarse del prestigio de la Academia Real y de la suerte que tenían los estudiantes de poder ingresar en ella.
Solo se detuvo cuando el Profesor Liam le dio un golpecito en el hombro, pero la expresión de fastidio del Vicedirector demostraba que quería seguir hablando de la Academia.
Jorge continuó explicando que se asignarían cuarenta y seis plazas adicionales a las demás academias del Reino en función de su clasificación.
Para garantizar la imparcialidad, las cuarenta plazas restantes estarían abiertas al público en general.
Cualquiera que viviera en el Reino podría competir por esas plazas en una competición que se celebraría en una de las ciudades del lado oeste del Reino.
A continuación, anunció que todos los estudiantes de primer y segundo año de la Academia Real tendrían la oportunidad de competir por las catorce plazas disponibles reservadas para la Academia.
Sin embargo, los estudiantes de tercer año no podrían participar debido a la restricción de edad de la Torre, que era de dieciocho años en adelante.
Al oír esto, los estudiantes de primer año se inquietaron, ya que tendrían que competir contra los de segundo año por una plaza.
Apenas había pasado un mes desde que los de primer año habían ingresado en la Academia, y les parecía injusto tener que enfrentarse a los ya de por sí fuertes estudiantes de segundo año.
Pero entonces, las siguientes palabras de Jorge trajeron alivio a todos.
Explicó que, para garantizar la imparcialidad, se celebrarían dos competiciones distintas dentro de la Academia al cabo de una semana.
Una sería entre los estudiantes de primer año y la otra, entre los de segundo.
Se concederían siete plazas a cada curso, y ahora dependía de todos los estudiantes demostrar su valía y conseguir una.
Tras compartir más información sobre la Torre, Jorge examinó a la multitud, reconociendo los rostros familiares de los estudiantes.
Su mirada se posó en Alec, que estaba al frente con Carcel, Lara y Mia, y luego en otros alumnos que habían demostrado un talento notable.
Finalmente, su mirada se detuvo en un rostro que no había visto en mucho tiempo.
Sorprendentemente, el estudiante en cuestión estaba muy atento y no parecía perezoso en absoluto.
Kyle, de pie al fondo de la multitud, tenía la mirada fija en el Vicedirector, absorbiendo toda la información relacionada con la Torre.
En ese momento, sus miradas se cruzaron, y el Vicedirector pareció algo desconcertado por la fija mirada de Kyle.
Al final, fue Jorge el primero en desviar la vista.
«Este granuja, ¿a qué viene esa mirada?
¿Se habrá dado cuenta de que quiero expulsarlo de la Academia?
¿Y acabo de sentir una punzada de ansiedad cuando nuestras miradas se han cruzado?
Qué va, deben de ser imaginaciones mías».
Jorge negó con la cabeza para despejar la mente.
Luego, indicó a todos que dieran por terminado el día y regresaran a sus dormitorios, pues se estaba haciendo tarde.
Los estudiantes se dispersaron; unos se dirigieron a sus dormitorios y otros, a entrenar.
Kyle y Nine también se encaminaron hacia sus dormitorios, ya que los últimos días habían sido increíblemente ajetreados para ellos, sobre todo para Kyle, que había pasado por muchas cosas últimamente.
Al llegar a los dormitorios, Kyle se despidió de Nine y entró en su cuarto.
En cuanto puso un pie dentro, se dirigió directamente a la cama y se desplomó sobre ella, visiblemente agotado.
Los párpados le pesaban, pues no había pegado ojo en los últimos días.
Por eso, decidió descansar lo que quedaba de día, sabiendo que a partir de mañana empezaría a prepararse para el mayor desafío de su vida.
Sin embargo, justo cuando estaba a punto de cerrar los ojos, notó algo que vibraba suavemente en su cintura.
—Oh, me había olvidado por completo de ti.
Kyle desató el huevo de fénix que llevaba sujeto a la cintura.
Con todo lo que había estado pasando últimamente, se le había olvidado por completo.
Tras sacar el huevo, lo contempló un instante antes de arroparlo con la manta.
Después, Kyle se acurrucó bajo las sábanas, abrazó con fuerza la almohada y cerró los ojos para dormir.
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