Linajes Ancestrales Grandiosos - Capítulo 512
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Capítulo 512: Lástima.
Las venas se marcaron por todo el cuerpo de Ryu, pero consiguió mantener su rostro inexpresivo.
Era la ironía de las ironías. No era la primera vez que lo invitaban a unirse a sus enemigos mortales, sino la segunda. Primero fue Fidroha intentando reclutarlo durante el torneo de la Región Central, y ahora esto.
—… Unirte a nuestro Clan y convertirte en un Apóstol significaría más que solo recursos y un título, también te presentaríamos a los verdaderos genios del mundo de la cultivación y pasarías a formar parte de algo mucho más grande que tú mis—.
—Envíame al segundo piso.
La voz de Ryu contenía una frialdad mordaz.
—Ah…
Las palabras de Isemeine se atascaron. Justo le estaba explicando todo con entusiasmo a Sarriel, ¿por qué la interrumpía así de repente?
El pecho de Isemeine comenzó a subir y bajar de repente. —Voy a matarlo.
Cuando estaba a punto de abalanzarse, descubrió que Ryu ya la había adelantado y estaba de pie sobre la misma formación que ella y los otros dos habían usado para aparecer.
—Sarriel, Niel.
Niel, que todavía estaba en el suelo, sonrió con amargura. Por suerte, Némesis acabó retrocediendo para recogerlo.
Ryu bajó la vista hacia Goaman y Matheus, que seguía sujeto por el cuello. A pesar de toda su ira, Ryu aún dudaba en matar a Matheus. Cada fibra de su ser parecía decir que sí, pero un pequeño retazo le susurraba que se arrepentiría mucho.
El arrepentimiento no era una emoción que Ryu sintiera a menudo, si es que alguna vez la sentía. Solía estar tan seguro de sus acciones que nunca lo consideraba un factor. Sin embargo, en este momento, todavía no estaba seguro de qué hacer.
Tras un instante, elevó a Goaman por los aires, llevándose a Matheus con él.
—Quedan seis puestos. Sin embargo, cómo decidáis entre los nueve quiénes vendrán, dependerá de vosotros.
Ryu miró a Zanlis y a los demás. No había ni un atisbo de sorpresa en su expresión cuando estalló una batalla de repente.
Mientras tanto, Isemeine se quedó paralizada. ¿De verdad la había ignorado… otra vez? Sintió como si su cerebro estuviera a punto de implosionar. Con lo fácil que había sido su vida hasta ese momento, ¿cuándo se había topado con alguien que la hiciera enfurecer hasta tal punto?
No era como si nunca se hubiera topado con hombres que intentaran usar la táctica de la indiferencia para cortejarla. Pero, en primer lugar, ninguno había conseguido hacerla cabrear de verdad. Y, en segundo lugar, estaba muy claro que Ryu no quería saber nada de ella. De hecho, si por él fuera, la habría atravesado con sus espadas en este mismo instante.
El resultado del choque entre ambos hizo que pareciera que dos volcanes estaban a punto de entrar en erupción mientras abajo se desataba una feroz batalla.
Sarriel y Niel miraron a Ryu con una sonrisa amarga, mientras que los dos jóvenes hicieron lo mismo con Isemeine, que estaba a punto de perder el control por completo. En un momento de solidaridad, el grupo de cuatro intercambió miradas. ¿Por qué sus líderes eran así?
Justo cuando parecía que Isemeine de verdad no podía contenerse más, una voz la hizo fruncir el ceño.
—Mátame de una vez.
Matheus, que estaba prácticamente colgado como un pollo, escupió estas palabras. No le importaban las emociones que Ryu estuviera sintiendo en ese momento.
Fuera del Octavo Orden o no, seguía siendo un Trono y tenía el orgullo de uno. Como había querido y tenía toda la intención de matar a Ryu, ni siquiera le importaba recibir el perdón. Sin embargo, una cosa que no permitiría era ser humillado hasta ese punto.
El hecho de que Ryu usara con tanta indiferencia uno de sus diez puestos por el simple hecho de traerlo consigo no era, en definitiva, una señal de que le esperaran cosas buenas. No era tan ingenuo.
Hacía tiempo que quería suicidarse, pero había algo en el toque de Goaman que lo inmovilizaba y le arrebataba el control de su propio cuerpo. Ni siquiera podía mover un dedo y apenas había conseguido articular esas palabras.
Ryu le lanzó una mirada de soslayo, con sus fríos ojos parpadeando entre el rojo y el plata.
—Hay muchas personas en este mundo a las que quiero matar. Resulta que tú estás en esa lista.
—¡Entonces hazlo, cobarde!
—Ya he decidido no volver a vivir una vida de arrepentimientos. No me importa lo incómodo que estés. Hasta que no sienta culpa alguna al separar tu cabeza de tus hombros, me seguirás tanto tiempo como yo quiera.
—¡Maldito bastardo arrogante y psicópata!
—Parece que has olvidado que te di la oportunidad de marcharte.
—¿Crees que necesito la lástima de un hombre que solo intenta sentirse mejor consigo mismo? Dices que no quieres sentir culpa, pero ¿qué es lo que me mantiene vivo ahora mismo si no es la culpa? Si no sintieras algo por haber abandonado a Taedra, ¿estaría yo siquiera respirando?
Al oír semejante intercambio, Isemeine se sintió mucho mejor de repente. Ryu no parecía un hombre al que le gustara hablar, y sin embargo ahora estaba diciendo tantas palabras. Era como si estuviera viendo cómo acosaban a su mayor acosador. Le dejó un sabor de boca tan satisfactorio que no pudo evitar curvar el labio. Ni siquiera sabía por qué le producía tanta felicidad.
«Hum, un hombre que ni siquiera puede responsabilizarse de sus propias mujeres. Se merece todo lo que le pase.»
—¿Culpa? —negó Ryu con la cabeza.
Miró a los ojos de Matheus, su voz era uniforme, su cadencia firme y su tono profundo.
—La razón por la que vives no es por la culpa. La razón por la que puedes respirar este aire y pronunciar estas palabras es solo por una cosa: lástima.
Las pupilas de Matheus temblaron, mientras una profunda ira y humillación sacudían su alma.
Isemeine frunció el ceño. Esto era mucho menos divertido.
En ese momento, la batalla de abajo llegó a su fin. Apaleados y ensangrentados, quedaron Zanlis, tres de sus cuatro hombres y dos de los miembros del Clan Orobona.
El grimorio de Ryu parpadeó, provocando una fuerte oleada de energía elemental de hielo que formó una plataforma y les permitió elevarse hacia los cielos.
Sin esperar a Isemeine, Ryu sacó dos Llaves del Inframundo y activó la formación de nuevo por su cuenta.
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