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Llamado Místico: Piedra de Gloria - Capítulo 185

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  3. Capítulo 185 - 185 ¿No se puede actuar en su contra
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185: ¿No se puede actuar en su contra?

185: ¿No se puede actuar en su contra?

—¡Inútiles!

¡Sois todos unos completos inútiles!

—¡Ese maldito Castillo Esmeralda!

¡Ese cabrón de señor del Castillo Esmeralda!

¿¡Cómo se atreven a ir a por las Unidades Legendarias del Reino de los Elfos Nocturnos…

y encima robar el Cristal de Sangre de Dragón!?

¡Están pidiendo a gritos la muerte!

¡¡¡De verdad que están pidiendo morir!!!

¡BANG!

Dentro del palacio real del Castillo Sombraluna, el Rey Vaelion de los Elfos Nocturnos hervía de rabia, con el rostro contraído en una mueca aterradora.

Toda su expresión estaba deformada por la furia.

Su cuerpo entero temblaba mientras golpeaba con la palma de la mano la mesa redonda que tenía delante…

¡CRAC!

En un instante, la mesa entera se hizo añicos.

Solo eso ya demostraba lo aterradora que era su fuerza.

Y también dejaba una cosa meridianamente clara: la tormenta de ira que ardía en el interior de Vaelion estaba absolutamente fuera de control; era salvaje, violenta y lo consumía todo.

Prácticamente temblaba de furia, su ira era tan intensa que deformaba su propia presencia.

¡Estamos hablando de diez Dragones Verdes Legendarios y quince Dragones Esmeralda Legendarios!

Desaparecidos.

Así de simple.

Había pasado miles de años acumulando sus fuerzas en el Bosque Silvan, reuniendo meticulosamente casi ochenta Unidades Legendarias.

¿Y ahora?

En una sola noche, una cuarta parte de ellas había sido aniquilada.

Era como si alguien le hubiera arrancado trozos de carne directamente del cuerpo.

Como si le hubieran roto los huesos uno por uno…

En ese momento, sentía como si su corazón estuviera sangrando.

La pérdida era tan masiva, tan devastadora, que Vaelion estaba a punto de perder la cabeza.

¡CRAC!

De repente, se puso en pie y pisoteó el suelo con todas sus fuerzas.

¡BUM!

El suelo se abrió bajo sus pies con un estruendo ensordecedor.

Y por encima del sonido de la piedra desmoronándose, su voz resonó, fría, furiosa y cargada de veneno:
—¿Castillo Esmeralda?

¿Ese maldito señor del Castillo Esmeralda?

¿Héroe Supremo Carmesí?

Bien.

MUY BIEN.

¿Os atrevisteis a tocar mis Unidades Legendarias?

¡Pues yo, Vaelion, juro que me las pagaréis todas y cada una!

—¡Galen!

¡Moviliza al ejército!

—Voy a liderar la carga yo mismo.

Reduciré a cenizas ese maldito Castillo Esmeralda.

¡Los aniquilaré a todos, hasta el último de ellos!

Pero justo cuando su voz resonaba por el salón, un anciano mago elfo que estaba a su lado se adelantó rápidamente, negando con la cabeza e intentando calmarlo.

—Mi señor, por favor…

¡intente mantener la calma!

—¿Qué, Galen?

¿Ahora intentas detenerme?

—espetó Vaelion, con la voz temblorosa de furia—.

¡Acabamos de perder diez Dragones Verdes, quince Dragones Esmeralda y quinientas unidades de Cristal de Sangre de Dragón!

—Y eso sin contar los cincuenta Unicornios y Unicornios de Guerra que nos quedan.

Si queremos resucitarlos, tendremos que pagar una fortuna en costes de resurrección…

Todo el cuerpo de Vaelion temblaba, y apretaba los dientes con tanta fuerza que parecía que fuera a partírselos.

—Mi señor, no es que quiera detenerle —dijo el anciano mago elfo, negando con la cabeza y una sonrisa amarga—.

Es que no podemos actuar contra el Castillo Esmeralda.

No ahora mismo.

—¿Que no podemos actuar contra ellos?

¿¡Y por qué demonios no!?

—Galen, más te vale darme una buena razón hoy…

¡o no me culpes si pierdo los estribos!

La voz de Vaelion era como una cuchilla, afilada y temblorosa de furia.

Las palabras de Galen casi lo habían llevado al límite.

Estaba a punto de estallar.

Pero de alguna manera, se obligó a contenerse, apenas refrenando la tormenta de rabia que hervía en su interior.

Fijó sus ojos en el anciano mago, con el rostro contraído por la furia y la mirada fría y asesina.

No estaba solo enfadado; exigía una explicación.

Una de verdad.

Porque si cualquier otra persona le hubiera dicho eso, ya la habría hecho pedazos.

Pero Galen era diferente.

Galen no era un simple consejero; era el confidente de mayor confianza de Vaelion.

Su primer seguidor.

El que había estado a su lado desde el principio, cuando no era nadie, hasta que llegó al trono.

Habían pasado por todo juntos, durante más de diez mil años.

Su vínculo había superado hacía mucho la prueba del tiempo.

Su relación era como la de Ethan con Cicero y Serafina: basada en una confianza absoluta.

Sin secretos.

Sin mentiras.

Y Vaelion nunca había dudado de la lealtad de Galen.

Ni por un segundo.

Y es precisamente por eso que, incluso ahora, con la sangre hirviéndole y la mente nublada por la ira, no ignoró la advertencia de Galen.

Quería saber: ¿Por qué?

¿Por qué demonios no podían tocar el Castillo Esmeralda?

—Ains…

Galen dejó escapar un largo aliento y luego dijo en voz baja: —Mi señor…, ¿sabe lo que hizo Barak?

—¿Barak?

—parpadeó Vaelion, confundido—.

¿Qué pasa con él?

—Actuó a sus espaldas y asaltó docenas de minas de oro y puntos de recursos del Castillo Esmeralda.

Tomó veinte, quizás treinta Moradas de Criaturas.

Incluidas tres moradas de Unidades Reales de Nivel 11.

—…

¿Qué acabas de decir?

En el momento en que Galen terminó de hablar, el rostro de Vaelion palideció y luego se tornó púrpura de rabia.

Se tambaleó, casi desmayándose de pura furia.

—¡Ese idiota!

¡Ese imbécil descerebrado e imprudente!

—¿¡De verdad fue y robó las minas de oro, los puntos de recursos y las Moradas de Criaturas del Castillo Esmeralda…

sin decírmelo!?

Como señor que era, Vaelion sabía exactamente lo que eso significaba.

Uno no asalta el territorio de alguien —especialmente sus minas y moradas— sin esperar la guerra.

Si alguien le hubiera hecho eso a él, habría declarado la guerra en el acto.

Lo que significaba que…

la represalia del Castillo Esmeralda —atacar sus Unidades Legendarias, robar el Cristal de Sangre de Dragón— no solo estaba justificada.

Era de esperar.

Una respuesta directa.

Ojo por ojo.

—Mi señor —continuó Galen con voz grave—, si solo fuera el Castillo Esmeralda, quizá podríamos manejarlo.

Pero el verdadero problema es que se suponía que debían reforzar a Thalor en el frente oriental.

Formaban parte de la alianza contra el Ejército de la Mazmorra.

Y ahora…

se han retirado.

La expresión de Vaelion se ensombreció, pasando por una tormenta de emociones antes de posarse en un sombrío silencio.

—¿Nos están usando como excusa?

—preguntó en voz baja.

—Exacto.

Galen asintió, con los ojos llenos de frustración.

—Ya rechazamos la petición del Archimago Eldrin de unirnos a la alianza.

Nos negamos a enviar tropas.

Solo eso ya nos puso en una posición delicada.

Y ahora, gracias a Barak, hemos cabreado a uno de sus aliados clave.

Básicamente les hemos dado una razón para volverse contra nosotros.

Y seamos sinceros, es probable que ellos dos solos no puedan contener al Ejército de la Mazmorra.

A Vaelion le tembló un ojo.

Se quedó allí, en silencio, con la mandíbula tan apretada que parecía que fuera a romperse.

Entonces…

¡CRAC!

Se giró y estampó la palma de la mano contra una de las columnas de mármol del palacio.

El pilar entero estalló en escombros.

Vaelion se quedó allí, respirando con dificultad, el rostro contraído por la rabia, rechinando los dientes mientras escupía:
—¡Idiota!

¡Jodido idiota!

Maldita sea, es un imbécil sin cerebro…

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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